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Alarma en el mercado laboral: Más del 60% de los trabajadores en Guatemala opera en la informalidad, según encuesta

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En el marco de la reciente conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores, el Ministerio de Trabajo y Previsión Social de Guatemala ha puesto sobre la mesa una realidad cruda que empaña cualquier celebración: la gran mayoría de la fuerza laboral del país sobrevive en la sombra de la informalidad.

Según las últimas estimaciones oficiales de la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos (ENEIC T2-2025), de los 8,2 millones de personas que integran la fuerza de trabajo, un alarmante 66.2% se desempeña en el sector informal. Esta cifra no es solo un dato estadístico; es el reflejo de una vulnerabilidad sistémica que afecta la calidad de vida de millones de familias.

Guatemala cuenta con una Constitución Política que reconoce derechos fundamentales como la libre elección de empleo, la remuneración equitativa y la estabilidad laboral. Además, el Estado ha ratificado convenios internacionales con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para garantizar la libertad sindical y erradicar el trabajo infantil.

Sin embargo, existe un abismo profundo entre lo que dicta la ley y lo que sucede en la práctica. El dato más revelador de esta desconexión es que apenas un 20.2% de la población ocupada tiene acceso al seguro social. Esto significa que 8 de cada 10 trabajadores están desprotegidos ante enfermedades, accidentes laborales o la vejez, careciendo de una red de seguridad básica para el futuro.

La preocupación radica en que la informalidad genera un círculo vicioso de pobreza y baja productividad. El trabajador informal no solo percibe, por lo general, ingresos más bajos y variables, sino que queda excluido de beneficios de ley como el aguinaldo, el bono 14 y las vacaciones pagadas.

Además, desde una perspectiva macroeconómica, una tasa tan alta de informalidad limita la capacidad del Estado para invertir en servicios públicos. Al haber menos personas y empresas tributando en el sistema formal, se reduce el presupuesto para salud, educación e infraestructura, lo que a su vez frena el desarrollo humano y la competitividad del país a nivel regional.

A la informalidad se suma otro factor crítico: el 13.6% de la población se encuentra en situación de subempleo. Esto implica que miles de guatemaltecos trabajan menos horas de las que necesitan o realizan labores que no aprovechan sus capacidades y talento.

Como bien señala la cartera laboral, “las personas trabajadoras, con su dignidad, esfuerzo y talento, sostienen el tejido económico”. No obstante, cuando el mercado laboral no ofrece plazas formales suficientes, ese talento se desperdicia o se ve forzado a buscar oportunidades fuera de nuestras fronteras, alimentando el fenómeno de la migración.

Muchos consideran que la informalidad es una “válvula de escape” que evita un desempleo total, pero sus efectos a largo plazo son devastadores para el desarrollo nacional:

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