La vitamina D ocupa un lugar central en la salud humana por su impacto en diversas funciones biológicas más allá de la tradicional relación con los huesos. Investigaciones recientes ampliaron el conocimiento sobre sus efectos, subrayando su relevancia en áreas como la respuesta inmunológica, la función cognitiva y la prevención de enfermedades crónicas.
El cuerpo humano obtiene vitamina D principalmente a través de la exposición solar directa sobre la piel y, en menor medida, mediante la dieta o suplementos. Sin embargo, factores como la latitud, la estación del año o la pigmentación cutánea pueden dificultar la síntesis suficiente, lo que explica que la mayoría de las personas tenga déficit de este nutriente. En el Reino Unido, por ejemplo, cerca del 50% de los adultos tienen niveles por debajo de lo recomendado, según el Servicio Nacional de Salud británico (NHS).
Los especialistas sugieren una ingesta diaria de 10 microgramos (400 UI) de vitamina D para adultos y niños mayores de cinco años durante los meses de menor exposición solar. Los grupos de riesgo, entre los que se cuentan adultos mayores, mujeres embarazadas, personas con piel oscura o exposición solar limitada, pueden requerir suplementación durante todo el año para mantener valores óptimos.
Los avances científicos han identificado una serie de beneficios asociados a la vitamina D, respaldados por estudios clínicos y revisiones especializadas:
Las necesidades de vitamina D varían según la edad, la exposición solar y las condiciones de salud individuales. El Servicio Nacional de Salud británico recomienda 10 microgramos diarios para adultos y niños mayores de cinco años durante los meses de menor luz solar. Los adultos mayores, mujeres embarazadas, personas con piel oscura o exposición solar limitada, y quienes presentan enfermedades que afectan la absorción intestinal o la síntesis cutánea, deben prestar especial atención a la suplementación durante todo el año.
La vitamina D se produce principalmente en la piel por efecto de la radiación solar ultravioleta. Factores como la latitud, el uso de protectores solares, la estación y la pigmentación cutánea pueden limitar su síntesis natural. Entre los alimentos ricos en vitamina D se encuentran los pescados grasos, la yema de huevo, los productos lácteos, ciertos hongos y los alimentos fortificados como cereales y jugos de naranja enriquecidos.
La deficiencia puede ser silente o manifestarse con debilidad muscular, fatiga, dolor óseo, problemas dentales y deterioro cognitivo. Los principales grupos de riesgo incluyen personas sometidas a cirugía de bypass gástrico, pacientes con enfermedad celíaca, osteoporosis, trastornos renales o hepáticos crónicos, y personas con enfermedades inflamatorias intestinales como Crohn.
El exceso de vitamina D, casi siempre derivado de la suplementación inadecuada, puede generar hipercalcemia, con síntomas como náuseas, vómitos, debilidad muscular, pérdida de apetito, sed excesiva y, en casos graves, insuficiencia renal o arritmias. Por este motivo, la suplementación debe realizarse bajo control médico.
La elección del suplemento debe basarse en la calidad y en la verificación independiente del producto. Se recomienda utilizar vitamina D3, ya que favorece un aumento más eficaz de los niveles en sangre. Los suplementos deben administrarse conforme a indicación médica, generalmente junto con alimentos ricos en grasas para optimizar la absorción.
Antes de iniciar la suplementación, resulta fundamental consultar con un profesional de la salud, especialmente en casos de enfermedades como hiperparatiroidismo, insuficiencia renal o antecedentes de hipercalcemia, para evitar posibles complicaciones. El control regular mediante análisis de sangre permite ajustar las dosis y garantizar la eficacia y seguridad del tratamiento.





Noticia de INFOBAE. Consultá la publicación original para conocer sus actualizaciones.
Leer en INFOBAE ↗
