El Salvador enfrenta un escenario inédito: la proyección de una Tasa Global de Fecundidad (TGF) de tan solo 1.68 para el año 2050, cifra que anticipa uno de los descensos más pronunciados de nacimientos en América Latina y que transformará la estructura social, económica y educativa del país.
Así lo registran los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) incluidos en su informe más reciente sobre el impacto demográfico regional. El análisis de la CEPAL muestra que El Salvador ha transitado en poco más de dos décadas desde un patrón de natalidad vigoroso hacia una etapa de envejecimiento moderadamente avanzado.
En el año 2000, la TGF era de 3.10, valor que aseguraba una dinámica de reemplazo generacional sólida. Para 2013, el indicador cayó a 2.36 y, en 2023, la fecundidad descendió a 1.82.
Las proyecciones para 2050 confirman el rumbo descendente, situando la tasa por debajo del umbral necesario para renovar la población de forma natural.
La reducción de la natalidad no es solo un fenómeno numérico, sino el reflejo de transformaciones profundas en los estilos de vida y expectativas de la sociedad salvadoreña.
El informe de la CEPAL atribuye este cambio a procesos de urbanización acelerada, un incremento en el acceso de las mujeres a la educación y el trabajo, y crecientes dificultades económicas que inciden en la decisión de postergar o evitar la maternidad.
La magnitud del descenso se hace evidente al observar el número anual de nacimientos. En el año 2000, El Salvador registraba 161,255 nacimientos. Para 2013, la cifra cayó a 117,772 y, en 2023, se ubicó en 99,428.
Las estimaciones para 2050 son aún más contundentes: se esperan solo 71,788 nacimientos en todo el país. Esta diferencia implica una reducción de 27,640 nacimientos anuales en comparación con 2023, lo que representa un descenso porcentual del 27.8%, de acuerdo con el informe de la CEPAL.
La disminución constante de la natalidad está cambiando las prioridades de las políticas públicas en El Salvador. Uno de los sectores más afectados es el educativo.
Durante años, el principal desafío fue ampliar la cobertura para incluir a una creciente cantidad de niños y jóvenes. Ahora, el país debe enfrentar el problema opuesto: muchas escuelas tendrán menos estudiantes y será necesario reorganizar recursos e infraestructura.
De acuerdo con la CEPAL, la baja en la matrícula escolar permitirá liberar fondos que antes se destinaban a la construcción de nuevas aulas y a la contratación de docentes. El reto es usar esos recursos para mejorar la calidad educativa, reducir el tamaño de los grupos, personalizar la enseñanza y atender mejor a las comunidades más vulnerables, especialmente en zonas rurales.
El envejecimiento de la población y la migración de jóvenes al exterior complican el sostenimiento de la economía y de los sistemas de seguridad social, que tendrán menos personas en edad de trabajar.
El caso salvadoreño muestra cómo la caída acelerada de la natalidad puede transformar no solo la vida interna del país, sino también su posición en la región y su modelo de desarrollo. Para la CEPAL, el futuro demandará una profunda adaptación de las instituciones y una gestión innovadora de los recursos humanos y sociales.
El Salvador tiene el desafío de convertir la reducción de nacimientos en una oportunidad para formar una población más calificada. La forma en que el sistema educativo y el Estado respondan a esta nueva realidad demográfica será clave para el desarrollo del país en los próximos años.



Noticia de INFOBAE. Consultá la publicación original para conocer sus actualizaciones.
Leer en INFOBAE ↗
