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“Punto de no retorno”: por qué la pérdida del oxígeno en los ríos alerta a los expertos

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Un estudio internacional advierte que el cambio climático reduce el oxígeno en los ríos del mundo, lo que incrementa el riesgo de zonas muertas y amenaza tanto a la biodiversidad acuática como a las comunidades humanas dependientes de estos ecosistemas. La investigación identifica consecuencias globales que ya afectan ríos emblemáticos como el Amazonas y el Ganges, según The Associated Press.

En las últimas décadas, el calentamiento global está provocando una disminución paulatina de oxígeno en los ríos. Esta tendencia afecta la supervivencia de peces y otras especies acuáticas y puede provocar, a largo plazo, crisis ambientales graves e impactos en la calidad del agua de la que millones de personas dependen de la pesca como fuente de alimentación y sustento.

El análisis, difundido por The Associated Press, estudió la evolución del oxígeno en más de 21.000 ríos del mundo desde 1985. Los científicos detectaron que los niveles de oxígeno han caído en promedio un 2,1 % desde 1985, una disminución que podría agravarse si la tendencia continúa o se acelera en las próximas décadas. Según el estudio, hacia finales de siglo, grandes cuencas fluviales de India, Sudamérica y el este de Estados Unidos enfrentan un riesgo especialmente alto de perder suficiente oxígeno para generar zonas inviables para la vida acuática.

El descenso del oxígeno se atribuye principalmente al calentamiento del agua provocado por el aumento de temperaturas globales asociado a actividades humanas. Cuanto más se calienta el agua, menos oxígeno es capaz de retener, lo que afecta negativamente a los ecosistemas fluviales.

De acuerdo con la investigación expuesta por The Associated Press, si el ritmo actual de pérdida se mantiene, el promedio mundial podría alcanzar un 4 % adicional de reducción hacia fin de siglo, llegando al 5 % en algunos casos. Casi el 63 % del problema proviene del calentamiento del agua, mientras que la contaminación por nutrientes (fertilizantes y residuos urbanos), junto con la construcción de represas y alteraciones en los flujos naturales, exacerban la situación.

Qi Guan, autor principal del estudio, afirmó a The Associated Press que la desoxigenación es “un proceso muy lento” y que, si se mantiene durante años, el impacto negativo sobre los ecosistemas fluviales será inevitable y cada vez más difícil de revertir.

La reducción de oxígeno origina zonas muertas, áreas en las que la cantidad de oxígeno es tan baja que se presenta hipoxia (faltante parcial) o anoxia (ausencia total), lo que puede causar la muerte de peces y otros organismos acuáticos. Crisis de este tipo se han registrado en la bahía de Chesapeake y el lago Erie.

En el Amazonas, la frecuencia anual de estos puntos críticos aumentó aproximadamente 16 días por década desde 1980, según el análisis. Un estudio citado por el profesor Marc Bierkens de la Universidad de Utrecht concluyó que el “estrés por oxígeno” en ríos ha crecido en 13 días cada década a nivel mundial, y la presencia de “zonas muertas” aumentó en casi tres días por década. El Ganges en India mostró una pérdida de oxígeno a un ritmo veinte veces superior al promedio global a principios de este siglo, un dato que subraya la vulnerabilidad de los grandes ríos tropicales.

El geocientífico Karl Flessa, de la Universidad de Arizona, advirtió que la pérdida de oxígeno en los ríos anticipa más zonas muertas, especialmente durante olas de calor. Además, indicó que algunos ríos muestran tal fragilidad que cambios mínimos pueden llevarlos rápidamente a estados críticos.

La disminución de oxígeno en los ríos impacta directamente en las comunidades humanas. Millones de personas dependen de la pesca y del acceso a agua limpia para su vida diaria, especialmente pescadores y poblaciones ribereñas. Ante niveles bajos de oxígeno, desaparecen peces y especies esenciales, lo que desestabiliza las cadenas alimentarias y los medios de vida tradicionales.

La investigadora Emily Bernhardt, de la Universidad de Duke, indicó a The Associated Press que “la reducción de la contaminación del agua es más importante que nunca y será más complejo conseguirlo conforme los ríos se calienten”. Explicó que, a medida que aumentan las temperaturas, el efecto de los contaminantes se potencia y dura más, elevando los episodios de hipoxia y anoxia.

El estudio reconoce que los avances para reducir contaminantes enfrentan límites por el calentamiento global, lo que refuerza la urgencia de implementar estrategias coordinadas frente al cambio climático y de gestionar las fuentes de contaminación.

Los niveles críticos de oxígeno en los ríos pueden desencadenar una serie de crisis ecológicas, con daños para la biodiversidad, la calidad del agua y la continuidad de los organismos y las personas.

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