“A los 14, un maestro de música me escuchó hablar y me dijo: ‘Pibe, qué linda voz tenés. Tendrías que estudiar canto’. En ese momento no me interesaba. No estaba para nada preparado para hacerlo y no le di importancia. Sin embargo, el señor apareció en mi casa varios días después y le exigió a mi familia que me llevara al conservatorio para que estudiara canto. Tuve que ir. Al año siguiente me contrataron como artista profesional”, recordó Raúl Lavié a La Viola. Un momento que marcó el comienzo de una carrera fenomenal de siete décadas.
Raúl Alberto Peralta, su verdadero nombre, a poco de cumplir 89 años, continúa siendo una de las figuras más emblemáticas de la música popular argentina. Una voz inconfundible y un carisma que lo llevó a construir una trayectoria de excelencia en la música, el teatro, la televisión y el cine.
Dueño de un repertorio variado dentro del tango, el artista volvió a los tangos de Astor Piazzolla; Lavié está recorriendo los escenarios con su particular propuesta. “Gracias a Dios estoy en plena vigencia gracias al apoyo de la gente. Muy feliz con el sentimiento de haber cumplido con los sueños o con algo que llevé adentro desde siempre y lo pude desarrollar a través de los años. Arranqué a los 14 años y al poco tiempo estaba deambulando los escenarios de Rosario, después por Buenos Aires y luego la llegada al mundo.
“Lo conocí en 1965. Fui muy amigo de su familia y estuve con las tres generaciones de músicos. Fue hermoso conocerlo. Tenía sus canciones, sus composiciones junto a Horacio García Ferrer, que fue como una especie de Lepera para Gardel, porque ambos cambiaron la temática del tango y se pareció más al paisaje que comenzaba a aparecer en Buenos Aires en los ’60”, destacó sobre su relación con Piazzolla.
Y agregó: “Su música fue reconocida en el mundo. El tango es considerado desde hace un par de años como el genio musical del siglo XX. Pero siempre Buenos Aires, con su música tradicional, siempre puso una pared en la cual hubo que traspasar las épocas. Fue un desafío para él llegar a nuevos sonidos, por ahí música del jazz, de orquesta, transformar ese tango. Él comenzó con Troilo y después armó su propia orquesta donde buscó imponer una nueva forma de tocar el tango, y la gente que estaba acostumbrada a bailar con las orquestas se encontró con ese muro que él quería dignificar el tango a través del oído, porque le interesaba mantener la riqueza musical del tango. No tanto la del baile”.
“Era su lucha y la gente dijo que no. Se enojó con el tango y con su instrumento. Había decidido, y lo hizo, no tocar más el bandoneón ni tocar tangos. Y entonces ahí comenzó a agregar los conocimientos de la música clásica”, concluyó.
“Soy un cantante de muchos géneros. Nunca me quise establecer en un solo aspecto musical, sino que me diversifiqué porque lo sentía como un disfrute el poder cantar las buenas canciones, como con los boleros o las baladas”, describió el cantante que brilló en importantes ciclos televisivos con su voz, como el recordado El Club del Clan.
Sobre el tema, Raúl Lavié expresó: “Me nutrí de los cambios generacionales que se estaban produciendo en el mundo cuando. Fui un cantor de tango distinto; hasta me criticaron porque me decían que lo que yo cantaba no lo era. Es una nueva forma también de identificarme con la época y siempre hubo, en la historia del tango, cambios que fueron profundos”.
“La música popular tiene la característica de ser creada por gente que va absorbiendo el paso del tiempo, también con nuevas formas de componer y también con nuevas formas, inclusive, de léxicos. Los jóvenes incorporaron siempre palabras que ya venían siendo parte de sus vidas y aparecieron en las letras del tango. La base está en la música de los esclavos, el anexo de la música criolla, de la hispanidad. Todo eso hizo, creó una música diferente a toda y un sonido diferente a todas las músicas habidas y por haber en el mundo.
La pasión por la música le llegó en la adolescencia. A los 12 años, Raúl Lavié comenzó a trabajar como cadete en una farmacia en Rosario. “Nací en esa ciudad, pero me criaron mis abuelos desde el mes y medio de vida. Mi mamá me llevó con ellos a Sunchales, que también es parte muy importante dentro de mi vida. Fue en ese lugar donde abrí los ojos a otra vida y descubrí todo: otra escenografía, otros sabores y otras cosas. Por eso también para mí es fundamental recordar ese paso por Sunchales, donde quedaron mis recuerdos de mi familia”.
En aquellos días donde pateaba la calle, el joven Raúl cantaba todo tipo de géneros. “Era un repertorio con la música que se escuchaba en esa época. Comencé en una orquesta característica que tocaba todos los géneros, desde pasodobles, boleros, milongas, tangos, vals, todo. Recuerdo que íbamos a actuar por distintas regiones cercanas a Rosario, y cantábamos en estancias, en pueblos, en pequeños pueblos”.
“Me siento mejor que en mi casa. Estoy más tranquilo porque estoy solo. No tengo ayuda de nadie. Soy yo. El hecho ya de entrar a un camarín antes de subir a un escenario es una experiencia maravillosa”, definió el artista.
“Antes de salir a escena, me encierro y hago la previa. Me voy preparando para que aparezca mi personaje. Mientras me voy cambiando, va adquiriendo personalidad. Cuando ya subo al escenario, lo tengo todo dispuesto al ‘muñeco’, como le decimos. Se abre el telón y soy otro. Eso es la maravilla que tiene el teatro, o sea, el poder ser otra persona. siendo el mismo”.
“El poder meterse dentro de un personaje que no tiene nada que ver con nosotros, o con uno, en este caso. Pintar para un pintor es la tela en blanco. Yo tengo la tela en blanco de un personaje y le voy agregando cosas que considero que debe tener ese personaje. Es una transformación mágica la que tenemos. Cuando uno termina una obra teatral, se tiene que despojar y ser uno mismo. A veces cuesta, sobre todo con los personajes que yo pude hacer, como el Quijote, como Sorba, como el violinista en el tejado”.
“Es la parte fundamental y se agrega a todos los sueños de uno”, definió el cantante. “Si uno puede tener sueños, uno puede tener ganas de hacer esto o lo otro, pero si no prende en lo que debe ser dirigido, que es el público, es inútil. Siento que es la parte sagrada de esta profesión”.
“Amo a la gente. Le agradezco y respeto. Es parte de algo mágico que tenemos y por eso me entrego al teatro. No entiendo al artista que lucha por destacarse en una profesión tan popular como es esta, y busca de pronto el triunfo entre el público, y cuando lo logra, se rodea de guardaespaldas. Eso es una aberración. La gente es lo que lleva a uno y lo que busca es compartir esa relación porque ellos la crearon”, concluyó.
- Viernes 21 de agosto, a las 21.30, en el Complejo Cultural Atlas (Mitre 645, Rosario)
- Domingo 20 de septiembre, 12: 00, con Tango Hora Cero en el Palacio Paz (Av. Santa Fe 720, CABA)

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