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Del FOMO al JOMO: la tendencia que transforma el miedo a perderse algo en el placer de desconectarse

La necesidad de participar en cada plan y seguir lo que hacen los demás empieza a ceder lugar a una relación más consciente con el tiempo propio. La propuesta invita a elegir qué experiencias valen la pena y recuperar espacios para descansar, estar en casa o simplemente bajar el ritmo.

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¿Hace falta aceptar todos los planes? ¿Hay que estar al tanto de todo lo que hacen los demás? Frente a la presión de no perderse nada, una tendencia propone mirar el problema desde el lado opuesto: disfrutar de aquello a lo que se decide decir que no.

Se llama JOMO, por la expresión en inglés Joy of Missing Out, que puede traducirse como “la alegría de perderse algo”. Es la contracara del conocido FOMO o Fear of Missing Out, el miedo o la ansiedad que puede aparecer ante la idea de quedar afuera de una salida, una experiencia o cualquier situación que otros están viviendo.

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La propuesta no consiste en dejar de ver a los amigos ni en aislarse. El JOMO pone el foco en elegir dónde, con quién y cómo pasar el tiempo, sin sentir que cada invitación debe aceptarse o que todo lo que ocurre en las redes merece atención.

Las redes sociales tienen un papel central en este fenómeno. La posibilidad de saber qué hacen otras personas en cualquier momento puede alimentar la sensación de que siempre está pasando algo en otro lugar. Una salida, un viaje o una reunión pueden parecer imperdibles cuando aparecen en la pantalla, incluso si antes no despertaban demasiado interés.

Frente a esa dinámica, el JOMO propone recuperar una idea simple: no estar en un lugar no significa necesariamente perderse algo importante. A veces, la mejor opción puede ser quedarse en casa, descansar, pasar tiempo con alguien cercano o simplemente no hacer nada.

Ese cambio también lo vivió María Elena Mondoux, una joven de 25 años que estudia Comunicación y trabaja con redes sociales. Durante años, aceptaba casi todos los planes porque no quería quedarse afuera de lo que hacían sus amigos. Con el tiempo, empezó a notar que intentar estar en todos lados tenía un costo.

“Antes quería estar en todas partes y no me quería perder ningún plan. Después entendí que, a medida que te conocés más, también empezás a elegir los lugares en los que realmente querés estar”, cuenta en diálogo con TN.

El cambio no ocurrió de un día para otro. María Elena empezó a notar el cansancio y entendió que no podía sostener siempre el mismo ritmo. “Empecé a pensar: ‘Estoy en todos lados, pero no estoy descansando’. Después el cuerpo te pasa factura y las energías empiezan a faltar”, recuerda.

Hoy, quedarse en casa ya no representa para ella una derrota ni un plan de segunda opción. Si siente que necesita descansar, puede rechazar una salida sin pensar que necesariamente está dejando pasar algo irrepetible. “No hace falta estar en todos lados”, resume.

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La particularidad de su caso es que trabaja justamente con las redes sociales, uno de los espacios que pueden reforzar la necesidad de estar siempre al tanto. Sin embargo, asegura que estar conectada por trabajo no significa sentirse pendiente de la vida de los demás.

“Soy bastante activa porque trabajo de eso, pero no me da ansiedad lo que viven otras personas. Siento que voy muy a mi ritmo y no me quedo pensando en eso”, explica. Esa relación con las redes también le permitió cambiar la forma en que toma decisiones fuera de la pantalla.

El JOMO tampoco significa rechazar todos los planes. La idea no es dejar de salir ni cortar vínculos, sino evitar hacer cosas solo por miedo a quedarse afuera. El desafío está en encontrar un equilibrio entre la vida social y el tiempo propio.

María Elena reconoce que todavía puede sentir cierta culpa cuando rechaza varias invitaciones seguidas. “Si ya vengo rechazando varios planes, a veces me siento un poco culpable. Pero también sé que estoy presente, que comparto tiempo con mis amigas y que les demuestro interés”, dice.

Para ella, priorizarse no significa desentenderse de las personas que quiere. “Por eso, me doy el espacio para priorizarme”, agrega. En los últimos años aprendió que la cercanía con los demás no depende de aceptar cada propuesta.

Cuando decide quedarse en su casa, el tiempo puede pasar de maneras simples. Lee, comparte momentos con su novio o con su mamá y también usa el celular. Lo importante es que esas horas ya no aparecen como un premio consuelo por haberse perdido una salida: son el plan que eligió.

Para María Elena, uno de los principales malentendidos sobre el JOMO es asociarlo con ser antisocial. “No tiene nada que ver con aislarse de los demás. Hay personas más extrovertidas y otras que encontramos comodidad en planes más tranquilos o en decir que no. Son formas distintas de vivir la vida”, sostiene.

En un contexto en el que las redes permiten saber en tiempo real qué están haciendo los demás, la posibilidad de desconectarse gana otro valor. El JOMO propone dejar de medir el tiempo por la cantidad de experiencias acumuladas y empezar a elegir cuáles realmente se quieren vivir.

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“Hay cosas que no te perdés por no estar en un lugar, porque mientras tanto estás viviendo otras. A veces simplemente estás descansando, y eso también es muy necesario para la vida”, reflexiona María Elena.

La tendencia propone una idea simple: no hace falta estar en todos lados para disfrutar. A veces, decir que no a un plan, apagar el celular y bajar el ritmo también puede ser una forma de elegir cómo vivir el tiempo propio.

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