EL ESPECTÁCULO SE VIVE DE CERCA@desenchufadas.ok ↗
← Volver a las noticias
GENERAL / TN

Perdió todo por su adicción, terminó en la calle y logró reconstruir su vida: “Encontré un propósito”

A los 47 años, María Balbastro recuerda el largo camino que atravesó desde las primeras drogas en su adolescencia hasta tocar fondo en Córdoba. Hoy acompaña a personas que transitan consumos problemáticos y busca recuperar el vínculo con sus tres hijos.

Imagen de la noticia: Perdió todo por su adicción, terminó en la calle y logró reconstruir su vida: “Encontré un propósito”

Si la vida de una persona fuera una película, la de María Balbastro, una cordobesa de 47 años, bien podría ser un drama con final feliz.

Nació y creció en el seno de una familia de clase media, con mamá, papá y tres hermanos mayores. Sus primeros años transcurrieron sin grandes sobresaltos, rodeada por su familia y por sus amigas del colegio católico al que asistía en la ciudad de Córdoba. Cuando mira hacia atrás, conserva una imagen nítida de aquella etapa y la define como una época luminosa.

“Fueron años felices y sin ningún golpe o trauma evidente”, asegura en una charla distendida con TN. Nada hacía prever, por entonces, el camino que comenzaría a transitar unos años después.

Leé también: A los 17 años se volvió adicto a la cocaína, regresó a su pueblo y se curó gracias a una idea de sus padres

Al terminar el secundario, su espíritu transgresor y, quizás, el deseo de pertenecer hicieron que dijera que sí por primera vez. Ese momento marcó el comienzo de un largo y errático vínculo con las drogas. “Si hubiese sabido todo lo que me iba a pasar, jamás lo hubiese hecho”, sostiene.

Unos años más tarde, mientras estudiaba en la facultad, comenzó a frecuentar fiestas electrónicas. Allí aparecieron nuevas sustancias. “No quiero estigmatizar, pero la noche… una cosa lleva a la otra. No era solo éxtasis: era éxtasis, popper, cristal, los ácidos”, recuerda.

Como ocurre con muchas personas que atraviesan un consumo problemático, durante un tiempo creyó que podía manejar la situación. Pero el consumo fue escalando. Una sustancia llevó a otra y, en ese contexto, conoció al hombre que después se convertiría en su marido. Con él también apareció la cocaína.

María tenía una casa, un marido, tres hijos y una rutina que, desde afuera, podía parecer la de cualquier otra familia. Ella misma se define como “una adicta funcional”.

Su marido trabajaba durante todo el día y ella estaba a cargo de la casa y de la crianza de los chicos. Pero el consumo, que al principio aparecía principalmente durante los fines de semana, comenzó a ocupar cada vez más espacio en sus vidas.

La convivencia se volvió caótica. Llegaron los problemas de pareja, la violencia mutua y un agotamiento que se hizo cada vez más profundo. Durante ese período, María tuvo varias internaciones psiquiátricas. Le diagnosticaron depresión y bipolaridad y recibió medicación, mientras ella ocultaba el verdadero problema: su adicción.

“Tuve muchos pedidos de ayuda, de decir ‘no doy más, se nos está yendo de las manos’. Él trabajaba muchísimo. Teníamos como una especie de pacto, no hablado, pero que estaba presente: él se iba a trabajar y yo me quedaba con los chicos en la casa, y eso me agobiaba”, relata.

La situación económica también se deterioró. Quebraron sus locales de ropa e intentaron mudarse a Brasil con la idea de empezar de nuevo y recuperarse. El proyecto tampoco funcionó. En 2018, la separación fue inevitable.

Tras una denuncia de su exmarido, María fue excluida de su hogar y su entorno familiar finalmente comprendió cuál era el verdadero problema. Lo que vendría a partir de allí, sería un descenso profundo al infierno menos imaginado.

Leé también: Era adicta a la heroína y se recuperó: ahora compartió las imágenes de cuando era “una chica muerta”

Perdió su casa y el contacto cotidiano con sus hijos. Poco después murió su padre. En medio de esa crisis conoció a una persona a la que hoy describe como alguien “de una oscuridad total”. La relación profundizó todavía más su consumo y la violencia.

María comenzó a vivir en un departamento del centro de Córdoba, del que terminaba en la calle después de cada episodio. También perdió la noción del tiempo y de lo que ocurría a su alrededor. “A veces pensaba que hacía dos meses que no veía a mis hijos y ya había pasado medio año”, cuenta.

Sin un lugar estable donde vivir, comenzó a moverse de un lado a otro por la ciudad. “Empecé a girar por todo Córdoba, porque yo no tenía un lugar fijo y volvía a lo de mi mamá con cierta intermitencia, pero completamente descontrolada, a patearle la puerta, a querer sacarle plata”, recuerda.

Hasta que un día tocó fondo. Estaba en la calle, sola y sin nada. Cuando decidió volver a la casa de su madre en busca de ayuda, se encontró con una situación que hasta entonces no había imaginado: su mamá, agotada y desesperada por el comportamiento de su hija, había cambiado las cerraduras. También había reemplazado la puerta que María había roto a patadas durante una de sus tantas recaídas.

Fue esa misma madre desesperada la que le salvó la vida, casi como pariéndola por segunda vez, buscando ayuda mucho antes de que su hija tomara la decisión de salvarse llegó al Grupo Esperanza que funciona en la parroquia San Miguel Arcángel con una de las hermanas de María, para aprender y entender la adicción como enfermedad, y sobre todo, descubrir cómo ayudar a su hija.

Y fue en esa última vez que María regresó a su casa cuando su madre le insistió para que conociera a Rita, una de las coordinadoras del grupo familiar. Ese primer encuentro, el 18 de abril de 2023, en el santuario de la virgen de Schoenstatt de Villa Huarcalde, le salvó la vida. “Fue como el primer contacto que tuve con una persona que me recibió y me escuchó”, recuerda.

Unos 20 días después, un amigo que también estaba en consumo la llevó a una reunión en una iglesia de Nueva Córdoba. Cuando llegó, descubrió que era una de las sedes del mismo grupo del que su mamá le había hablado. Ese día decidió volver a la casa de su infancia.

Regresó a vivir con su madre y comenzó un proceso de recuperación que incluyó atravesar el síndrome de abstinencia. Desde entonces, asegura, no volvió a consumir. “Perdí todo, llegué con lo puesto, con una camioneta que tenía que me la trajo la grúa porque la había dado vuelta, tenía los vidrios rotos. Era la fotografía de volver de una guerra”, describe.

Hoy, su vida está dedicada a servir, a ayudar a otros, a replicar su testimonio para que nadie pase por lo que ella tuvo que pasar. Es coordinadora del Grupo Esperanza y participa de espacios de escucha y acompañamiento para quienes están transitando su recuperación. Además, cursa una diplomatura universitaria en salud mental y consumos problemáticos.

Después de años en los que su vida estuvo atravesada por el consumo, encontró una nueva dirección en acompañar a quienes recorren un camino parecido al que ella transitó. “Encontré un propósito de vida. Trabajo con Rita y Walter, que son un matrimonio amoroso que coordina estos espacios de escucha, y lo que hago es acompañar a los chicos cuando, ya recuperados, salen a la vida”, explica.

Y agrega: “Cuando salís de esto, el mundo te come vivo en dos minutos y tienen que hacer un caminito para poder sostener su recuperación en el tiempo”. Pero la recuperación, no borró las consecuencias de los años anteriores. María todavía enfrenta una de las heridas más profundas de su historia: reconstruir el vínculo con sus hijos, a quienes ve con cierta intermitencia.

Ahora su objetivo es que ellos puedan volver a tenerla presente y recuperar, de a poco, un vínculo que durante años estuvo atravesado por el dolor. “Estoy haciendo mi parte, trabajando todos los días en mi recuperación, para poder convertirme en un lugar seguro para ellos”, sostiene.

María sabe que esa reconstrucción llevará tiempo. Pero también aprendió, después de haberlo perdido casi todo, a sostenerse en una certeza. “El amor más tarde o más temprano, encontrará la forma”.

Imagen complementaria de Perdió todo por su adicción, terminó en la calle y logró reconstruir su vida: “Encontré un propósito”Imagen complementaria de Perdió todo por su adicción, terminó en la calle y logró reconstruir su vida: “Encontré un propósito”Imagen complementaria de Perdió todo por su adicción, terminó en la calle y logró reconstruir su vida: “Encontré un propósito”Imagen complementaria de Perdió todo por su adicción, terminó en la calle y logró reconstruir su vida: “Encontré un propósito”Imagen complementaria de Perdió todo por su adicción, terminó en la calle y logró reconstruir su vida: “Encontré un propósito”
FUENTE ORIGINAL

Noticia de TN. Consultá la publicación original para conocer sus actualizaciones.

Leer en TN ↗