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Mitad marplatense, mitad bajonero: dos primos crearon un alfajor y tres meses después ganaron una medalla de oro en el Mundial

Manuel Suppa y Nahuel De Sanctis hicieron más de 100 pruebas hasta conseguir la fórmula que les dio el premio a Mejor Alfajor Industrial en la 5ª edición del Campeonato Mundial del Alfajor.

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Cuando Manuel Suppa y su primo Nahuel De Sanctis Fava empezaron a pensar en su alfajor ideal, el mercado todavía no estaba atravesado por la explosión de marcas que llegaría después. Tenían una idea, experiencia vinculada al mundo de los alimentos y muchas ganas de emprender.

Tres años de desarrollo, más de 100 pruebas, una fábrica propia y una inversión que incluso estuvo a punto de quedar trunca después de una estafa fueron necesarios para llegar al primer alfajor de la marca. Lo lanzaron el 1° de mayo de 2026. Apenas tres meses después, Galán consiguió el Oro a Mejor Alfajor Industrial en el Campeonato Mundial del Alfajor 2026.

El secreto de Galán está, según sus creadores, en haber intentado unir dos mundos que hasta ahora parecían correr por caminos diferentes: el alfajor marplatense y el llamado alfajor “bajonero”, esos grandotes y contundentes, con una capa muy gruesa de dulce de leche, pensados para saciar cualquier hambre.

“Encontramos esta combinación que es una unión entre los dos mundos del alfajor: el estilo marplatense y el nuevo segmento que se estableció como ‘bajonero’, que son alfajores de tapa dura”, explicó Manuel a TN.

El resultado es un alfajor de 80 gramos, relleno con dulce de leche, que se presenta en versiones con baño de chocolate negro y chocolate blanco. La construcción tiene una particularidad: una de las tapas es previamente bañada en chocolate blanco y la otra no, una combinación pensada para conseguir contraste de texturas y una mordida más estable.

“Nosotros íbamos viendo que cada vez el mercado estaba más inundado y empezamos a buscar variantes entre los productos que veníamos probando”, contaron.

Para desarrollar la receta trabajaron durante tres años junto al maestro chocolatero Pablo Benítez hasta encontrar la combinación que finalmente se convirtió en Galán.

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La búsqueda fue casi obsesiva. “Yo diría que probamos más de 100 variaciones de la fórmula”, afirmó Suppa. Las pruebas no quedaron encerradas en un laboratorio: como suele pasar con los emprendimientos, familiares y amigos hicieron de “conejillo de indias”.

Incluso hubo jornadas que empezaban el sábado a la noche y terminaban el domingo al mediodía en las que les hacían probar distintas variantes. En esa etapa artesanal, llegaron a hacer los productos a mano y a derretir chocolate en el microondas antes de trasladar el desarrollo a una escala industrial.

El proyecto nació luego de la pandemia, cuando Suppa —con experiencia en comercio exterior— y De Sanctis Fava decidieron emprender juntos. Nahuel, además, pertenece a una familia con más de siete décadas de trayectoria en la industria alimenticia a través de Chisap.

La idea inicial era comenzar con una máquina más pequeña. Pero mientras avanzaban con el proyecto entendieron que se podían “quedar cortos” muy rápido y decidieron apostar más fuerte y “hacer algo grande, que marque el mercado”.

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La construcción de la planta, ubicada en Ciudadela, no fue sencilla. En medio del proceso fueron víctimas de una estafa por una empresa constructora que los dejó seis meses parados y retrasó el proyecto hasta que pudierab recuperar capital.

“Decidimos apostar nuevamente, que esto iba a salir bien, que era una buena idea y que tenía futuro”, sostuvo De Sanctis Fava.

La fábrica propia, con capacidad para 50.000 unidades diarias, fue una decisión central del proyecto. La planta fue diseñada para escalar la producción y controlar las distintas etapas del proceso.

“Pensamos que íbamos a arrancar muy abajo”, recordaron los emprendedores. La expectativa inicial era producir apenas una vez por semana, pero al poco tiempo empezaron a trabajar todos los días. La capacidad instalada todavía no estaba utilizada al máximo, pero el crecimiento los llevó a analizar una ampliación de la fábrica o la incorporación de otro turno.

El desafío no era solamente desarrollar una receta. También había que conseguir que Galán se destacara en una categoría cada vez más competitiva.

El alfajor es un producto que parece inmune a la caída del consumo masivo por la crisis. Según datos de la consultora NielsenIQ, los alfajores son el segundo rubro con mayor crecimiento dentro del universo de chocolates y el año pasado las ventas de alfajores crecieron, según datos del sector, entre un 30 y un 40 %.

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Se estima que en el país se consumen cerca de 12 millones de alfajores por día, una cifra que proyecta aproximadamente 4380 millones de unidades anuales y un promedio de 100 alfajores por persona.

“Encontrar esta combinación estuvo muy bueno. Nos metimos en un segmento muy competitivo pero logramos un producto que se destaque del resto”, sostuvo Suppa.

La misma lógica se trasladó al packaging. En lugar de buscar una estética tradicional, los primos se inspiraron en el cómic, el pop art y el collage, con colores fuertes y recursos gráficos que buscan llamar la atención en la góndola y que obtuvo el Bronce en el Mundial del Alfajor.

“Estábamos buscando diferenciarnos tanto en producto, como en estética, como en todo lo que refiere la marca”, explicaron.

La idea era competir por atención en un lugar donde cada vez hay más opciones: “En la góndola, que está plagada de alfajores, hay que buscar algún diferencial, algo que te haga resaltar del resto”.

Incluso el nombre responde a esa búsqueda. Galán pretende recuperar una palabra asociada a otra época, pero darle un significado más amplio y contemporáneo. “Quisimos traer la palabra ‘Galán’ y traerla con una actitud, que cualquiera puede ser galán y sin cerrarlo en un estereotipo de algún hombre”, explicaron.

El 1° de mayo la marca llegó oficialmente al mercado. Apenas tres meses más tarde, sus creadores se encontraron con un reconocimiento difícil de imaginar cuando todavía estaban haciendo pruebas de chocolate en la cocina familiar: Galán obtuvo el Oro a Mejor Alfajor Industrial en el Campeonato Mundial del Alfajor 2026. El certamen se realizó entre el 15 y el 17 de agosto en BA Ferial, en la Ciudad de Buenos Aires.

Para una marca con apenas tres meses en el mercado, el resultado significó una primera validación de peso.

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Pero para Suppa y De Sanctis Fava, el objetivo no es solamente ganar premios. “Nuestro objetivo no es competir con nadie. Nosotros no buscamos ser más ni menos que otra marca”, aseguraron. La meta de los primos es otra: “Queremos abarcar el mercado, estar a lo largo y ancho de todo el país, y que la marca sea reconocida y sostenerla en el tiempo”.

Por ahora, el mapa ya empezó a expandirse más allá del AMBA. La marca recibió pedidos de Salta, Córdoba y Tierra del Fuego y también comenzó a explorar oportunidades en el exterior, con Brasil, Uruguay y otros mercados entre los destinos posibles.

Y con una medalla de Oro en mano, el futuro luce prometedor. “Tenemos muchas ganas de crecer, muchas ganas de ir para adelante”, cerraron los primos y socios.

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