Esta no es la historia del merecido descanso tras una vida de trabajo. Es la radiografía de un sistema fallido en el que, según datos de la Universidad Católica Argentina (UCA), al 46 % de los hogares con adultos mayores la jubilación no le alcanza para cubrir sus necesidades básicas. Hombres y mujeres que aportaron durante tres décadas bajo la promesa de una vejez digna descubren hoy que el haber mínimo no les alcanza para llegar a fin de mes.
Mientras la canasta básica de un jubilado supera holgadamente el millón de pesos, el haber mínimo —aún con bonos extraordinarios— apenas cubre un tercio de lo indispensable: alimentos, remedios, vivienda y servicios. Las filas en los bancos no son solo una costumbre cultural; son el reflejo de la brecha digital y de la exigencia de efectivo en muchos negocios barriales.
El aumento de los medicamentos por encima de la inflación y los recortes en la cobertura del 100 % de PAMI transformaron las recetas en una ruleta rusa. El informe del ODSA-UCA es tajante: el 35,2 % de los hogares con personas mayores debió postergar visitas médicas o abandonar tratamientos por falta de dinero. Fraccionar comprimidos o tomar las pastillas día por medio es un racionamiento forzado que pone en riesgo la vida a mediano plazo.
La sustitución de proteínas de alto valor biológico (carnes, lácteos y verduras) por hidratos de carbono pesados (fideos, harinas) busca maximizar el volumen de saciedad por cada peso gastado, lo que deriva en cuadros de malnutrición en la vejez. La modificación en la forma de comprar alimentos (reemplazar la compra mensual por el fraccionamiento diario) es la respuesta a la inflación acumulada. Hay muchas estrategias para llenar la panza: a la carne picada se le agrega pan rallado, del pollo solo las alitas y a todos los platos le suman lentejas o fideos guiseros.
La jubilación ha dejado de marcar el retiro del mercado laboral. Las estadísticas muestran un aumento sostenido en la tasa de actividad de personas mayores de 65 años, concentrado en el sector informal (changas, servicios domésticos, reparaciones). El porcentaje de adultos en edad jubilatoria que siguen trabajando alcanzó el 17,1% y la prolongación de la actividad laboral se concentra entre las personas que están dentro de la franja de los 60 y los 74 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Según el informe Vivir y envejecer en contextos de desigualdad de la UCA, el 46 % de los hogares con adultos mayores registra insuficiencia de ingresos, el récord más alto desde 2017. Pero la estadística no muestra el costo emocional: la incomodidad y la vergüenza de tener que pedir auxilio económico a los hijos para pagar los remedios o completar el alquiler.






Noticia de TN. Consultá la publicación original para conocer sus actualizaciones.
Leer en TN ↗