No es lo mismo que te digan doctor por tu sapiencia o porque ejerces de médico que estudiar para terminar tu carrera y empezar un doctorado.La palabra impone por su peso. "Voy a empezar un doctorado” suena casi como “Voy a estudiar para astronauta”.Doctorarse te puede llevar una buena parte de la vida; por eso se festeja mucho cuando alguien termina un doctorado y a su nombre le pone adelante la palabra “doctor”. Anita se doctoró. Pasó años estudiando literatura cubana sobre todo a Virgilio Piñera ese genio que vivió en Buenos Aires y fue amigo de Silvina Ocampo de Gombrowicz y de Borges.Ahora todo es distinto. Yo esperaba que tuviera que asistir a la sede de la Facultad de Filosofía y Letras de Puán y allí en una de sus aulas sentarse ante el tribunal y realizar la defensa con graves y ceremoniosas palabras.Pero no. Todo fue por videollamada.A ella le pasó como a mí cuando me dieron la nacionalidad argentina. Luego de mucho bregar estudiar la historia la literatura y el himno de este país me recibí de argentino y juré mi fidelidad a la patria de Sarmiento por videollamada.También cuando me invitaron a presentar mi novela al festival de Brooklyn uno de los más importantes del mundo fue por videollamada. Muy curioso que ahora casi todo sea así.Pero volviendo al doctorado la ponente tenía una hora para resumir lo que había tardado más de diez años en escribir. Toda una proeza tan meritoria como hacer la tesis. En la ponenecia Ulises los gatos y yo la veíamos desde la sala saltar capítulo a capítulo con velocidad digna de corredor de fondo o de locutor de fútbol.Todo lo tenía en su mente y uno pensaba en la grandeza del cerebro humano eso que la máquina no puede sustituir porque había mucha emoción y humor en su modo de extenderse de explicar. Aunque no estaban las solemnes paredes de la UBA rodeándola el prestigio de los tres jurados -además de la presencia de la gran Celina Manzoni su directora- bastaba para que la atmósfera fuera seria a pesar de que en YouTube uno veía detrás de los participantes un sinnúmero de detalles caseros.Por suerte el argentino no tiende a los gritos no se escuchaba la algarabía de música de reguetón y de pregones callejeros “¡pan especial!” que suele caracterizar a Cuba mi isla querida donde lograr un ratito de silencio es casi imposible.En fin se doctoró Anita. La universidad argentina sigue demostrando su capacidad de asombrar al mundo y de unir ese mosaico que es Latinoamérica. Ahora al diploma por suerte no se lo darán por videollamada. Iremos tan felices a la ceremonia en la UBA haremos fotos y brindaremos con champán.




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