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INTERNACIONAL / INFOBAE

Un fósil adulto refuerza que el Homo erectus vivió en el sur de África hace dos millones de años

El fragmento craneal DNH 127, recuperado en la cantera principal de Drimolen, fue descrito por investigadores de la Universidad La Trobe tras comparar restos mandibulares y craneales del yacimiento sudafricano

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Un equipo de arqueólogos de la Universidad La Trobe describió 18 nuevos fósiles de homininos hallados en la cantera principal de Drimolen, en Sudáfrica, entre ellos un fragmento de cráneo adulto atribuido a Homo erectus. El análisis, publicado en 2026 en Annals of Human Biology, respalda que la especie estaba presente en el sur africano hace dos millones de años, mediante la comparación de restos craneales y mandibulares del yacimiento. Según el artículo divulgado en Phys.org, el trabajo fue realizado por especialistas de los Laboratorios de Paleociencia del Departamento de Arqueología e Historia de La Trobe, junto con equipos de la Universidad de Johannesburgo, la Universidad de Witwatersrand y la Universidad de Washington. El yacimiento amplía el registro fósil La cantera principal de Drimolen, situada en la región conocida como la Cuna de la Humanidad, concentra uno de los registros de restos de antepasados humanos más abundantes del mundo. Sin embargo, parte de los materiales recuperados desde el descubrimiento del lugar, en 1992, hasta 2019 no había sido publicada ni incorporada al conocimiento científico. Entre esos restos se encuentra DNH 127, el primer fósil adulto de Homo erectus identificado en ese sitio. Su antigüedad se calcula en dos millones de años, una fecha 200.000 años anterior a la de otros ejemplares adultos del grupo, como los hallados en Dmanisi, Georgia, con una datación de 1,8 millones de años. “Homo erectus es la primera especie de hominino que, según la opinión generalizada de los investigadores, pertenece a nuestro género Homo y es probablemente nuestro antepasado directo”, explicó el investigador principal, Jesse Martin. Un hominino es un integrante del grupo evolutivo que reúne a los humanos actuales y a sus antepasados ya extinguidos. “Drimolen conserva evidencia de la primera aparición de esta especie hace dos millones de años”, señaló el investigador. Además, recordó que el primer resto de Homo erectus recuperado allí, DNH 134, pertenecía a un niño de entre 2 y 4 años, por lo que persistían dudas sobre las características físicas de los individuos adultos. El nuevo cráneo respalda una presencia más temprana de la especie Según la investigación, mientras Homo erectus presentaba cerebros de mayor tamaño y molares más pequeños, posiblemente asociados al consumo de carne, P. robustus mantuvo un cerebro apenas mayor que el de los chimpancés. En cambio, esta segunda variedad desarrolló molares de gran tamaño y músculos masticatorios más potentes, adaptaciones que le habrían permitido procesar alimentos duros y resistentes. Martin comparó ese mecanismo con el funcionamiento de “un mortero y una mano de mortero”. El estudio compara los restos de dos cuevas. “Los fósiles de P. robustus de la cueva de Drimolen, de dos millones de años de antigüedad, son ligeramente pero de manera importante, diferentes de los fósiles de P. robustus de la cueva de Swartkrans, de 1,8 millones de años de antigüedad”, sostuvo el arqueólogo. Durante ese lapso, los dientes de P. robustus aumentaron de tamaño y también lo hicieron los músculos relacionados con la masticación. La investigación vincula esos cambios con la respuesta de la especie a las condiciones climáticas del período, aunque no detalla cuáles fueron esas variaciones ambientales. La población más numerosa “La gran cantidad de fósiles de Drimolen, algunos de los cuales se publican en este artículo, permite una visión sin precedentes de los cambios microevolutivos que moldearon a los antepasados ​​humanos”, expresó el especialista. En Drimolen, P. robustus era 10 veces más numeroso que Homo erectus. “Durante este período, las probabilidades de supervivencia de nuestros antepasados ​​eran prácticamente nulas”, dijo Martin. La población del sitio arqueológico había sido distinguida previamente como una nueva subespecie, P. robustus ukusa. Los restos óseos presentados en este trabajo respaldan ese reconocimiento formal y amplían el registro de los dos grupos que coexistieron en el yacimiento.

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