Palito Ortega recordó el año que convivió con Charly García en Luján para acompañarlo durante su recuperación, una etapa que incluyó madrugadas en el estudio de grabación, música clásica, una promesa frente a la Basílica y la responsabilidad legal sobre la vida del músico. El cantante tucumano repasó la historia de ese vínculo durante una entrevista con Alfredo Leuco en Radio Mitre. Antes de convertirse en una amistad sostenida por el afecto y la confianza, la relación entre ambos tuvo un comienzo conflictivo. Ortega contó que todo surgió a partir de unas declaraciones públicas de García que lo dejaron expuesto y derivaron en la intervención de un abogado suyo. “Con Charly empezamos peleando”, dijo entre risas el intérprete. que es la forma que hay que empezar con Charly”, agregó, antes de explicar que el músico había hecho comentarios sobre él en la prensa y que su representante legal decidió presentar una demanda. El propio Ortega aclaró que no había buscado esa salida. “Le digo: ‘No, ¿para qué? No puede ser’”, recordó. La causa avanzó hasta una audiencia de conciliación, donde ocurrió la escena que cambió el tono de la relación entre los dos artistas. Según el relato de Palito, al llegar a la audiencia judicial se encontró con Charly y el juez a cargo del expediente. El músico entró al lugar, se acercó y le hizo una propuesta directa: “Che, no nos peleemos más”. Ortega respondió con sorpresa. “Yo no me peleo nunca”, le contestó. García insistió con la idea de dejar atrás el conflicto y, según contó el cantante, terminó por darle un abrazo. “Eso me quedó”, señaló al recordar aquel primer gesto de cercanía. La disputa había concluido como suelen hacerlo este tipo de procesos, según describió: con una retractación de menor visibilidad que las críticas previas. “Le dedican cuatro páginas para criticarte y después ponen una cosa chiquita así que dice: ‘Pido disculpas’”, ironizó Ortega. Con el tiempo, aquella tensión quedó atrás. El vínculo se profundizó cuando García atravesó un período delicado y fue internado en un centro médico. Ortega decidió visitarlo y recibió un pedido que lo marcó: “Por favor, sacame de aquí, sacame de aquí, sacame de aquí”. Ortega interpretó que García necesitaba un ámbito distinto para continuar su recuperación. Le propuso que, cuando recibiera el alta, se instalara con él en Luján, donde tenía un espacio que podía ofrecerle tranquilidad y también un estudio de grabación. La decisión requirió una autorización judicial. El cantante contó que una jueza le preguntó si estaba dispuesto a asumir la responsabilidad. “¿Usted se va a hacer responsable?”, fue la consulta que recordó. Ortega respondió que sí y firmó un documento que, según explicó, lo comprometía formalmente por la vida del músico. “Me hicieron firmar un documento de responsabilidad, que yo me hacía responsable de la vida”, relató. Alfredo Leuco, quien participaba de la entrevista, definió el compromiso como “una mochila pesada”. Ortega coincidió en que se trataba de una situación compleja, aunque sostuvo que García tenía “semejante talento y todo por dar todavía”. El músico se instaló en la propiedad de Ortega y permaneció allí durante cerca de un año. La convivencia exigía atención constante, sobre todo en los primeros meses. “Yo estuve un año permanentemente ahí”, contó el cantante. Durante las noches, García podía despertarse cada dos o tres horas y pedir distintas cosas. Ortega explicó que, en algunos momentos, el artista perdía la noción del lugar donde se encontraba y gritaba. En ese contexto, su voz tenía un efecto inmediato. “Él reconocía mi voz dentro de todo. Yo decía: ‘Charly, Charly’, y ahí paraba”, recordó. Entonces se acercaba, intentaba tranquilizarlo y lo acompañaba hasta que volviera a descansar. Esa dinámica se prolongó durante tres o cuatro meses, hasta que comenzó a advertir una recuperación. El estudio de grabación que Ortega tenía en Luján se convirtió en una parte central de esa rutina. Cuando García se despertaba de madrugada, a las dos o las tres, quería ir a tocar. Ortega encendía los equipos y lo acompañaba. “Decía: ‘Vamos al estudio, vamos al estudio’. Bueno, vamos al estudio”, relató. Allí descubrió una faceta de García que lo sorprendió: su conexión con el repertorio clásico y su capacidad para interpretar obras de ese universo musical. “Nunca había escuchado tanta música clásica como en esa oportunidad”, afirmó Ortega. El cantante destacó la formación que tenía García desde niño y recordó que, a los 12 años, ya existía la posibilidad de que viajara a Europa para ofrecer conciertos de música clásica. En las largas sesiones nocturnas, García tocaba melodías clásicas e improvisaba letras. Ortega permanecía en la consola durante una hora o una hora y media. Cuando advertía que el músico empezaba a cansarse, lo acompañaba de regreso para que retomara el descanso. Lejos de definir aquella etapa únicamente desde la dificultad, Ortega la describió como una experiencia valiosa. “Fue un año de una experiencia casi maravillosa”, expresó, sin dejar de señalar las exigencias que implicó cuidar a García durante la recuperación. Uno de los recuerdos que conserva de aquel tiempo ocurrió durante una salida a la ciudad. Ortega y García pasaron frente a la Basílica de Luján y el cantante le planteó una idea para cuando estuviera completamente recuperado. “El primer concierto tuyo, yo te voy a armar un escenario en la puerta de la Basílica y vas a cantar”, le prometió. Su plan era que no hubiera convocatoria previa y que la ciudad despertara con la música de García a las siete y media de la mañana. La propuesta dejó al músico sorprendido. García lo miró y respondió con una pregunta que, según Ortega, sintetizaba su humor: “¿Y por qué no a las siete y media de la tarde?”.




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