El caso lo tuvo todo. Al menos, todo lo que hace que algo se convierta en tema de conversación pública. Y este, con sus vaivenes, sus personajes desorbitados y sus intrigas, monopolizó el interés de la sociedad durante muchísimos meses. Drogas, sexo, chicas escandalosas, Maradona, escuchas teléfonicas, cámaras ocultas, intriga, policías corruptos, jueces desbocados, operaciones de prensa, maniobras de los servicios, abogados televisivos y la instalación de un nuevo género televisivo: el talk show salvaje. Se cumplen treinta años del Caso Coppola, del día que Guillermo Coppola, entonces representante de Diego Maradona, fue detenido bajo la acusación de traficar drogas. El elenco puede recitarse como si fuera la formación de un equipo de fútbol. Coppola; Samanta Farjat, Julieta Lavalle y el Conejo Tarantini (respetemos su histórico lugar como marcador de punta); Bernasconi, Yayo Cozza, Maradona (cómo sacarle la 10); Diamante, Gerace, Cúneo Libarona. Y para el banco de suplentes —aunque merecerían titularidad— quedan muchísimos más: el jarrón, Roberto Schägel, la falsa Momia, Chiche Gelblung, Mauro Viale, Fernanda Villar y su madre, Jacobo Winograd, Ricardo Darín, etc., etc., etc.El 9 de octubre de 1996 fue allanado el departamento de Guillermo Coppola. Dentro de un jarrón —que luego se convertiría en una celebridad por derecho propio o, en palabras de Coppola en el juicio oral, “una atracción turística”: cada visitante de su casa quería verlo, conocerlo— encontraron, oculto, un paquete que contenía 406 gramos de un polvo blanco, que muy pronto se aseguró que se trataba de cocaína.Coppola en ese momento no estaba en su hogar. Sabiendo que sería allanado se había refugiado en la casa de su madre y había dejado las llaves del departamento a su encargado para que los policías no rompieran la puerta al intentar entrar. Estuvo prófugo unas pocas horas. Al mediodía siguiente, se entregó. Pero no fue una entrega convencional. Lo hizo ante las cámaras de televisión. En ese momento, Maradona (en consecuencia también él) tenía contrato con el canal América. Eduardo Eurnekián, dueño de la emisora, era quien pagaba el contrato para que jugara en Boca entre otras cosas. Coppola se subió al auto junto al periodista Néstor Ibarra, que esa noche estrenaba el programa Investigación X, y una cámara. Fue entrevistado hasta que una camioneta se les puso a la par por Libertador y les ordenó detenerse. El comisario a cargo del operativo había llegado a buscarlo. Hizo un saludo final, repartió unos comunicados de prensa y subió al móvil policial con prestancia y cierta hidalguía: la tensión y el temor —la derrota— atravesaban sus gestos, pero no dejó que las emociones ganaran la partida.A partir de ese momento, el caso Coppola se convirtió en un pandemónium; en un campo de batalla kitsch, eufórico, en el reino de la desmesura y el desenfreno. A partir de ese momento el que ingresó en la cuestión, el que se metió en el caso pareció atravesar un portal que lo llevó a la locura, a actuar muy alejado del recato y el equilibrio. Jueces, policías, abogados, imputados, testigos, familiares y periodistas se sumieron en la enajenación, en un universo demencial. Todo había empezado bastante antes. En el Juzgado federal de Dolores, el juez Hernán Bernasconi buscaba notoriedad (y avanzar en su carrera política) a través de causas resonantes. Había detenido a Palmer, el dueño de Ku, el boliche de Pinamar, al campeón del mundo del 78 Alberto Tarantini y, según sus dichos, había realizado el mayor decomiso de pastillas de éxtasis del mundo (luego se supo que era falso). Bernasconi tenía un brazo armado, una supuesta fuerza de elite, integrada por tres policiás: Gustavo Diamante, Antonio Gerace y Carlos Gómez. Luego se supo que de elite no tenían nada. Sus movimientos eran torpes, evidentes, ilegales. Se mostraban como Swat pero eran una mezcla de la Armada Brancaleone con el Coyote. Bernasconi buscaba un pez gordo. Puso la mira en Maradona y/o en Coppola. Eran meses difíciles de Diego, de desborde. Estaba inmanejable en Boca, con algunos controles antidóping polémicos, una fallida rehabilitación en Suiza y varios escándalos. Su manager siempre a su lado. Una tapa de la revista Noticias llamó El Padrino a Guillermo Coppola. En la bajada, la portada afirmaba que era seguido por la DEA, que era acusado del crimen de Poli Armentano y que su Pathfinder había sido utilizada para traficar cocaína. A principios de octubre del 96, Bernasconi aceleró el paso. Detuvo de nuevo a Tarantini (lo había hecho en marzo), a Yayo Cozza, a su novia Samanta Farjat, a otra joven y a la Morsa Espósito, cuñado de Diego Maradona. Unos pocos días después fue por Coppola. Todos acusados de tener drogas en su poder con el fin de comercializarlas, señalados por integrar una red de narcotraficantes cuya cabeza, decían, era Guillermo Coppola. Hablando de cabeza: por las canas de Guillote en el juzgado la bautizaron como Operación Cielorraso.Coppola juraba que ese paquete no era de él. Mostraba que todos los bolsillos de sus sacos estaban cocidos para que nadie le pudiera meter nada dentro y aclaró que sabía desde hacía días que sería allanado dando entender que ya había limpiado todo lo que podía comprometerlo. Lo que en ese momento todavía no se sabía era que Bernasconi y su secretario Roberto Schägel, a través de su Diamante y Gerace, plantaban drogas a los sospechosos en medio del operativo. Había otra cuestión nada menor: la disputa política entre Eduardo Duhalde, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y con aspiraciones presidenciales, y Carlos Menem, presidente argentino. Esa guerra, todavía sorda, también ayudaba a envenenar el expediente.Maradona logró sacar rápido a su cuñado (había otra cuestión familiar que provocaba escozor internamente aunque fue dejada para después: el Morsa fue encontrado por la policía a las 12 de la noche en la casa de la esposa del Turco-hermano de Diego- que estaba jugando en Japón), dicen que pagando una suma de seis cifras en dólares. Pero Coppola en vez de quedar detenido en la comisaría de Mercedes fue enviado, el mismo día de la detención, a la Unidad 6 de Dolores. Al día siguiente, Diego fue con Claudia a visitarlo pero no pudo acceder. La multitud de fanáticos y de periodistas en las inmediaciones de la cárcel, lo obligaron a volver a la capital sin poder ver a su amigo. Mientras tanto, el juez lograba que el resto de los detenidos señalara a Coppola como responsable, como quien les proveía la droga. Lo hacía a fuerza de presiones y de promesas de pronta libertad que nunca terminaba de cumplir. Entre estos testimonios, el casi medio kilo encontrado en su casa y la pésima imagen que en ese momento tenía en la sociedad (muchos lo creían responsable del ocaso maradoniano), la situación procesal de Guillermo Coppola era muy complicada. Su familia y Diego decidieron hacer un cambio y contratar a un joven y resuelto abogado: Mariano Cúneo Libarona. Mientras el nuevo defensor se movía frenéticamente, el caso, que ya ocupaba las portadas de los diarios y revistas, saltó del expediente a la televisión. Mauro Viale tenía en los mediodías de ATC un programa que languidecía. Había empezado un par de meses antes y todavía no le encontraban la vuelta. Era un horario difícil y en el único canal que no era privado, estaban en franca desventaja. Pero Viale muy rápido vio el potencial del Caso Coppola y lo explotó. Como nunca antes nadie lo había hecho, corrió los límites televisivos. El estudio repleto de gente que discutía, peleaba, gritaba, se tiraban de los pelos, se lanzaban vasos de agua, se amenazaban. Nació una nueva fauna: los mediáticos. Había abogados, periodistas, opinólogos, familiares, supuestos amigos, espías, otros que sólo eran personajes risueños y exaltados que sumaban a la confusión. Pero el gran descubrimiento fueron las chicas del caso. Las chicas del caso eran muy jóvenes. Vivían demasiado rápido. Drogas, sexo, dinero. Samanta era pareja de Yayo Cozza (padre del actual presidente de River, quien prefiere llevar el apellido del abuelo materno), mayor que ella y presunto proxeneta de Samanta.En Canal 9, Chiche Gelblung acaso haya sido el primer impulsor del caso y de las chicas. A Chiche lo favorecía el horario nocturno —prime time—, pero lo perjudicaba que salía solo dos veces por semana. El vértigo (y el rating) era tal que Mauro Viale agregó una emisión nocturna. Entre los programas se robaban los invitados: los secuestraban en la puerta del canal rival y los retenían hasta que terminara el otro programa. Los participantes juraban —algunos lo siguen haciendo hasta hoy— que no había nada preparado, que todo surgía en el momento. Los productores les llenaban la cabeza a los participantes y también sus copas de champagne. El resto lo hacía el afán de notoriedad y el deseo de volver a ser invitados el día siguiente porque, al menos para las chicas, era muy redituable. A ese elenco femenino se sumó casi como una presencia constante, Fernanda Villar, expareja de Poli Armentano, empresario de la noche asesinado de varios balazos, crimen por el que en algún momento se lo señaló a Coppola. La que no aparecía era Julieta Lavalle, que en la causa era una figura importante a la par de Samanta, pero prefirió preservarse de los medios, bajar el perfil. Una extraña excepción en este caso. Mediodías con Mauro llegaba a tener 30 puntos de rating diarios. Pero las críticas y las presiones eran enormes. Asociaciones de amas de casa presionaban a los anunciantes para que quitaran las publicidades. A Mauro no le importó: siguió alimentando su show y al poco tiempo fue contratado por América por una suma millonaria. Mauro y su programa eran anti-Coppola, alimentaban el fuego de la hoguera en la que debía quemarse el manager. Mariano Grondona y Hora Clave también seguían el caso, aunque el doctor intentaba que la situación no se desmadrada.Samanta era la persona con más tiempo de pantalla de la televisión y con más centimil en los medios gráficos. Almorzó con Mirtha Legrand, fue co-conductora de Memoria con Chiche, omnipresente en lo de Mauro Viale, salió en tapa de revistas, instaló su línea telefónica 0-600 (una hot line del Caso Coppola), le ofrecieron hacer temporada teatral en Villa Carlos Paz, filmar una película, hacer una telenovela y condujo un programa de cumbia. También fue protagonista de una de las célebres frases de Diego que se instalaron en el inconsciente colectivo: “Más dudas que Samanta”. Tuvo un tema en su honor compuesto por Machito Ponce: “Samanta toda la noche se la aguanta”. (Hay una chica de mi vecindario/ que hoy es el centro de los comentarios / De ella se habla por más de una cosa/ y de verdad que se hizo famosa./ Gusta de la noche y las compañías/ v llegar a la casa bien entrado el día). Volvamos a la causa judicial. Cúneo Libarona presionó funcionarios, presentó escritos y apelaciones, conversó con policías y jueces, apagó incendios, convenció testigos, tranquilizó a Maradona, apareció en todos los medios. Y una medianoche provocó un giro espectacular en la causa. Hizo abrir un juzgado a la una de la mañana y llevó a Samanta y a Julieta ante el juez Marquevich —que no había actuado en el caso— y las dos chicas cambiaron completamente sus testimonios y juraron que la droga había sido puesta por Gerace y Diamante a instancias del juez Bernasconi, tanto en lo de Tarantini como en lo de Coppola. Marquevich tomó los testimonios, los envió a la causa principal y se declaró incompetente. Con esto caían las acusaciones y se ponía la lupa sobre el actuar del juez y de su fuerza de choque. Bernasconi se resistía a liberar a los acusados. A Tarantini lo obligó a un tratamiento de rehabilitación, a una internación compulsiva y con diversas argucias siguió reteniendo al resto. En el medio se supo que en el paquete encontrado en el jarrón de los 406 gramos de polvo blanco sólo 40 eran de cocaína y de una de muy mala calidad. Las disputas en las altas esferas continuaban. Duhalde apoyaba a Bernasconi; Menem, dicen, buscaba la libertad de Coppola. Su secretario personal Ramón Hernández aparecía en algunas escuchas porque era amigo de Coppola, pero Bernasconi nunca avanzó sobre él. Bernasconi tiraba manotazos de ahogado por su supervivencia. Dijo que la DEA lo ayudaba: la agencia norteamericana lo desmintió horas después. También afirmó que dos fiscales italianos llegaban al país a investigar a Coppola por narcotráfico en Nápoles mientras Diego jugaba en Italia: también lo negaron el mismo día.En los programas, se las ingeniaban para seguir con el tema todos los días. Se filtraban ahora videos con cámaras ocultas y escuchas telefónicas escandalosas. Los conductores amenazaban a los protagonistas, con algún mensaje críptico, con pasar otras conversaciones más comprometedoras. Maradona y Darín eran dos de los que aparecían en esas grabaciones. La Cámara de Casación terminó quitándole la causa a Bernasconi y la pasó a un juzgado de Capital. Cuando el juez Liporaci aceptó la causa creyó que él sólo se encargaría de pequeñas formalidades, que la Cámara revocaría todo lo actuado, que declararía la evidente nulidad porque los policías plantaron las pruebas, porque la investigación no había seguido el menor protocolo y que a él sólo le restaría cumplir con lo dispuesto por el tribunal de alzada. Pero la Cámara realizó una ingeniosa pirueta jurídica para no dejar libre a Coppola y no tener que cargar con el costo de esa decisión impopular en ese momento. Ordenó investigar si Coppola era responsable de facilitar el lugar y las condiciones para que otros se drogaran debido a una fiesta que tuvo lugar en su departamento el 30 de septiembre del 96. La imputación era extremadamente débil y no había pruebas porque la mayoría de los asistentes a esa reunión (dentro de los que se encontraban celebridades del calibre de Diego Maradona y Ricardo Darín) negaban haber visto drogas. Los testimonios no eran demasiado verosímiles, pero eran concordantes y no había pruebas en contrario. Después de 97 días detenido, Guillermo Coppola fue puesto en libertad. El juez Liporaci enfrentó a los medios y se excusó: “Es posible que haya defraudado a la opinión pública, pero era lo que correspondía hacer jurídicamente”. Coppola salió triunfante, fue a una peluquería con Diego a teñirse un mechón de violeta cada uno como renovación de su pacto de amistad y terminó, como todos en el caso, sentado frente a Mauro Viale. Pero la tensión era evidente. Viale lo había tratado de narcotraficante durante meses y pedía a la justicia extrema dureza con el acusado; Coppola le aclaró que estaba ahí porque tenía un compromiso con el canal y con Eurnekián y no por afecto a Viale. Cúneo Libarona consideró que había conseguido un gran éxito. Había soportado las presiones, había logrado dar vuelta una causa en la que su defendido parecía condenado de antemano y se había convertido en alguien muy conocido. Pero él también entró en la dinámica enfermiza del caso. Se ventiló su relación extramatrimonial y que tuvo una hija con Lourdes Di Natale, secretaria de Emir Yoma, luego suicidada en circunstancias muy extrañas. A las pocas semanas, Cúneo salió en la tapa de la revista Gente volviendo de Brasil después de un fin de semana romántico con Samanta Farjat (se supo que ella le entregó las fotos a la revista). Otro escándalo. Cúneo estaba casado tenía dos hijos y la esposa estaba embarazada de ocho meses (hay una entrevista extraordinaria realizada por Gabriel Cociffi en Gente al abogado y su esposa en esos días; también una a Darín y Florencia Bas cuando se decía que el actor había participado en una orgía en lo de Coppola junto a Diego). Meses después, Cúneo fue detenido y pasó dos meses en prisión por difundir un video del juez de la causa Amia con Telledín. El caso Coppola se había metido en sus entrañas.A Coppola lo absolvieron por esa fiesta en su casa y luego asistió como testigo al juicio que le hicieron a los policías Diamante, Gerace y Gómez y al secretario del Juzgado Schägel por plantar pruebas y fabricar causas. Coppola mostró su habitual histrionismo y ante la presencia de Diego Maradona, los jueces les dieron altas penas de prisión a los cuatro. El juez Bernasconi todavía conservaba sus fueros. Pero los perdió poco después tras un juicio político. Él también fue condenado por la justicia penal y puesto en prisión. Mucho después, Samanta estuvo en pareja con Gabriel Anello, se casó con el jefe de la barra brava de River, William Schlenker que se encuentra en prisión por el asesinato de Gonzalo Acro y en la actualidad viaja por el mundo según muestra en sus redes sociales. Se la ve espléndida a sus cincuenta años.Natalia Denegri vive en Estados Unidos. Se presenta como filántropa, periodista y productora televisiva. Ganó más de 20 premios Emmys regionales y está casada con un importante empresario gastronómico dueño de la cadena Buenos Aires Grill. Hace unos años entabló una demanda con Google para solicitar que borraran todas las búsquedas que dieran cuenta de su pasado. Pidió que se estableciera el Derecho al Olvido. La justicia que en un principio había dado lugar al reclamo, luego lo desestimó. Acaso sin sustento jurídico, la petición en un punto se vuelve comprensible cuando se mira la edad que tenían y cuando, repasando artículos y videos de la época, se percibe el estado de confusión, euforia y desamparo en el que esas chicas de veinte años se encontraban.Más allá de un dictamen judicial, fue tanto el ruido ocasionado, tan disruptiva toda la situación y se quebraron tantos límites en esos meses tan intensos, que nadie que los vivió o que los siguió a través de las entregas televisivas, podrá olvidar lo sucedido.
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