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"Bailando por un pancho": quedó desempleado, abrió un puesto de comidas rápidas y encontró una manera original de atraer clientes

Iván Ortiz tiene 23 años, abrió su local hace dos años en el antiguo taller de su abuelo y encontró la fórmula que nadie esperaba: en “Panchievo” no hace falta plata para comer, alcanza con animarse.

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En la calle Nicolás Avellaneda al 1996, en Dock Sud, partido de Avellaneda, hay una panchería que no se parece a ninguna otra. Se llama “Panchievo” y tiene una regla simple: si bailás, cantás, meditás o hacés lo que se te ocurra, te ganás un pancho gratis. El formato se llama “Bailando por un Pancho” y en los últimos meses convirtió al local en un fenómeno de las redes sociales.Detrás del emprendimiento está Iván Ortiz, un joven de 21 años que trabajó lavando platos en San Telmo, quedó desempleado, se endeudó y abrió su propio local en el viejo taller de electricidad automotriz de su abuelo —conocido como “Chispitas”— con ahorros propios y deudas encima. Leé también: Entre la falta de oportunidades y las adicciones: la crisis que amenaza a las nuevas generaciones de la comunidad wichí en SaltaHoy sube hasta 10 videos por día a sus redes sociales (@panchievo en TikTok e Instagram) y los chicos vienen, incluso, desde la Isla Maciel y la Villa Tranquila para participar.El sistema es sencillo: el que quiera un pancho tiene que ganárselo con algún talento o habilidad. Baile, canto, meditación, lo que sea. Iván filma todo y lo sube a las redes. En el móvil de Telenoche se vio de todo: un chico que bailó breakdance, otro que eligió meditar —“apagá las maquinitas que tenés acá adentro en tu cabeza”— y hasta un vecino que se ganó el pancho cantando una canción de alabanza cristiana a pleno pulmón frente a la cámara.“Los nenes que tienen ganas de un pancho saben que hoy no le tienen que pedir al padre mil pesos, dos, tres, lo que sea, que por ahí no los tienen. Vienen, bailan con su talento y se ganan un pancho”, explicó uno de los empleados de la panchería. Hay un “presupuesto acotado”, entre 20 y 30 panchos por día, pero la demanda supera siempre esa cantidad. “Hay mucha necesidad y quizás la mayor cantidad viene a comer un pancho”, reconoció el trabajador.Lo que empezó como una estrategia de marketing se convirtió en algo más profundo. “El pancho, en algunos casos, es la excusa para romper los miedos y salir de esa prisión mental en la que nos ponen desde chicos”, dijo Iván. Él mismo padeció tartamudez y pánico social de joven, y encontró en Panchievo una manera de superarlo.Leé también: Alquiler, comida y deudas: los gastos que dejan sin plata a las familias antes de fin de mesPara Iván, el formato funciona porque conecta con los chicos en su propio mundo. “Para poder acercarme a ellos tuve que sumergirme en sus mundos, porque ellos nunca se van a meter en el nuestro”.A medida que el local creció, Iván sumó una condición extra para participar: cada uno que venga a bailar tiene que traer un alimento no perecedero para donar a un comedor del barrio. “Por acá hay bastante necesidad. Intentamos generar un sistema para ayudar a la gente que más hambre tiene, a través de las redes sociales”.El nombre del local también tiene su historia. “Panchievo” une dos versiones de Iván: “Evo” representa sus iniciales y el pibe con miedos que era antes. “Panchi” es su mejor versión, la que se animó. La “i” del medio las une.“El éxito es personal. Capaz que si lo ves de afuera hay locales que les va mucho mejor. Pero para mí, ‘Panchievo’ ya ganó”, aseveró.

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