Ale Guindo tomó una decisión que terminó cambiándole la vida después de ver un casting de Cuestión de peso (eltrece). En ese momento pesaba 134,9 kilos y atravesaba distintas dificultades vinculadas a su estado físico. Un año después, bajó más de 45 kilos, recibió el alta del reality con 94,7 kilos y asegura que el mayor cambio no estuvo solamente en la balanza: recuperó la confianza, modificó sus hábitos y volvió a disfrutar de actividades que antes le costaban.En diálogo con TN Show, recordó cómo fue aquel primer día en el programa y qué lo llevó a presentarse. “La decisión de entrar a Cuestión de peso la tomé un día que estaba en el auto con mi amigo Fernando y le dije: ‘Paremos el auto, grabame un video porque acabo de ver el casting de Cuestión de peso y me tengo que anotar’”, contó.Ale es periodista deportivo y explicó que su trabajo fue uno de los motivos que lo llevó a buscar un cambio. “Cuando subía las canchas de fútbol las escaleras me sentía mal, me costaba subir las escaleras, me costaba transmitir un partido, me costaba relatar, me costaba hablar, me costaba caminar muchas veces”, recordó.También atravesaba dificultades para caminar debido a la fricción en la zona de los muslos: “Yo siempre cuento que no usaba ni boxer ni slip porque me lastimaba mucho la entrepierna, entonces usaba shorts de fútbol. Ahora puedo usar boxer, puedo usar slip, bajé muchísimo de los muslos”.Para él, anotarse en el programa fue una decisión vinculada directamente con su salud. “Necesito anotarme porque es por mi salud”, recordó que pensó en aquel momento.El primer día en Cuestión de peso estuvo marcado por el temor. Ale reconoció que llegó al programa con dudas sobre si realmente iba a poder alcanzar sus objetivos. “Sentí mucho miedo e inseguridad porque decía que no iba a poder bajar ni un kilo”, contó.Sin embargo, aseguró que la confianza que le transmitieron los profesionales fue determinante para que decidiera continuar: “Cuando vi que los médicos me aconsejaban y me daban una palabra linda de aliento, que yo podía hacerlo, no lo dudé. Le di para adelante porque sentía que era la oportunidad de mi vida para poder mejorarla”.Ale contó que su peso máximo había sido de 140 kilos y que ingresó al programa con 134,9. Durante el tratamiento logró bajar más de 45 kilos y alcanzó los 94,7 kilos, el peso con el que recibió el alta.“Lo que más difícil me pareció a mí fueron los primeros momentos del programa”, reconoció.En ese período decidió concentrarse en su propio proceso y aprovechar cada momento libre para entrenar y caminar: “Yo me sentía en mi camino de que el tratamiento era individual. El tratamiento es individual, se comparte en grupo pero es individual”.Y agregó: “En los ratos libres yo iba a caminar, iba a entrenar, iba a estar mejor. Tenía un ratito libre y me iba a la plaza a entrenar o me iba a caminar”.También destacó todo lo que aprendió sobre alimentación y cuidado personal durante el tratamiento. “Mejoré mucho la comida, aprendí mucho de los médicos, preguntaba todo lo que yo tenía dudas, me lo anotaba todo”, contó.“Siento que el tratamiento fue una de las mejores cosas que me pasaron en la vida”, afirmó.Seis meses después de recibir el alta, Ale asegura que la transformación también se refleja en su manera de relacionarse consigo mismo.“En este año cambió en mí la confianza, el amor que me tengo y también todo lo que aprendí”, explicó.Uno de los momentos que recuerda con especial orgullo fue cuando decidió no buscar una nueva alta y dejarle su lugar a otra persona que necesitara el tratamiento.“Yo llegué a mi peso de alta, me sentía bien y sentía que había aprendido bastante y dije al aire que yo le dejaba mi lugar a una persona que de verdad lo necesite como yo en su momento lo necesité”, recordó.Además, incorporó nuevas rutinas a su vida cotidiana. Actualmente asegura que entrena alrededor de dos horas por día y que modificó la forma en la que se alimenta cuando está fuera de su casa.“Cambió también la forma de comer, la forma de poder ir a un lugar y no estar comiendo en la estación de servicio, estar comiendo en algún lugar de comidas rápidas, sino que por ahí llevarme una vianda, comer frutas, tomar mucha agua, entrenar”, enumeró.Después de recibir el alta, Ale no sintió miedo ante la posibilidad de volver a aumentar de peso, aunque reconoció que aprendió a tratar el tema con responsabilidad.“No me dio miedo volver a subir cuando terminé el programa. Sí lo tomé con mucho respeto porque sé que el peso hay que tomarlo con muchísimo respeto, pero hay que ocuparse, no que preocuparse”, explicó.Para sostener los cambios incorporó controles y mantiene el contacto con los profesionales: “Siempre está bueno poder aprender. El saber no ocupa lugar y creo que eso a mí me ayudó muchísimo”.También contó que se pesa diariamente y que intenta entender las fluctuaciones de su cuerpo sin convertirlas en un motivo de preocupación.“Sé que algunos días puede haber días mejores, días peores, días que uno suba o días que uno baje”, explicó. Para él, lo importante es que el conocimiento adquirido durante el tratamiento permanece.Hace poco, Ale volvió al programa para recibir un homenaje por su evolución. Para él, regresar al lugar donde comenzó el proceso fue especialmente emocionante.“El volver a Cuestión de peso fue un sueño, lo más lindo que me podía pasar. Yo deseaba y lo deseé y lo pedí durante muchos días”, contó.También destacó el acompañamiento que recibió del público durante su participación: “Yo siempre digo que soy una persona más de la gente y que me debo a ellos por el aguante. Cuando yo estaba en el programa, sin lugar a dudas, el público me empujó en los peores momentos”, afirmó.Después de su experiencia, Ale comenzó a mostrar en sus redes sociales parte de su nueva rutina: comparte recetas, entrenamientos y distintos momentos de su transformación.Pero tiene un deseo todavía mayor: volver al programa para acompañar a otros participantes.“Me encantaría poder estar junto con los profesionales día a día. Me encantaría poder estar aunque sea una o dos veces por programa en la semana, poder aconsejar a los compañeros”, aseguró.Y agregó: “Me encanta poder ayudar. Lo haría con honor. No tengo problema en poder ir uno o dos días en la semana y sentarme en el programa y poder dar consejos. Sería un sueño para mí”.Al mirar hacia atrás, Ale asegura que el cambio más profundo fue recuperar las ganas de vivir: “Si yo tuviera la posibilidad de encontrarme con el Alejandro de hace un año, yo le daría un abrazo”.“Ese Alejandro pasó bullying, pasó mucha tristeza, pasó muchos días llorando en la cama sin querer levantarse”, relató. También recordó que había momentos en los que no quería trabajar, levantarse de la cama ni entrenar.“Muy pocas veces Alejandro quería vivir”, afirmó. La frase que eligió para describir su presente resume, para él, todo el proceso: “Y hoy Alejandro quiere vivir”.“Yo lo abrazaría, le diría que tuvo mucha fuerza, muchísimas ganas de poder salir adelante y simplemente le diría gracias. Gracias por haber soportado un Alejandro con 140 kilos y sin ganas de vivir”, expresó.Hoy, después del tratamiento y con su alta, se define de otra manera: “Hoy soy un Alejandro con muchas ganas de vivir. Hoy cuido mi cuerpo día a día, que creo que eso es lo más importante”.
Noticia de TN. Consultá la publicación original para conocer sus actualizaciones.
Leer en TN ↗
