Brasil votó en la primera vuelta y el país quedó envuelto en incógnitas. Las pocas certezas son complicadas. La principal de ellas refiere al escenario más improbable de una victoria del presidente Lula da Silva en el balotaje del próximo domingo 25. Aun si sucediera no tendría gobernabilidad. El líder del PT la perdió en la cita inicial cuando posiblemente acabó la carrera política de este legendario caudillo.La oposición que encabeza el retador Flávio Bolsonaro aun al margen de lo que ocurra en la rueda definitoria ha multiplicado su control de la estructura de poder a niveles por encima de los que gozó el padre del postulante el ex presidente Jair Bolsonaro. En ese universo de derecha dura se redujo además la fragmentación entre los distintos partidos lo que esmerila las capacidades de negociación.Por lo demás nunca en la historia de Brasil un candidato que cayó en primera vuelta ganó en la segunda cita. A este ex obrero metalúrgico dotado de un extraordinario instinto político es sabido le gustan los grandes desafíos de modo que dará la batalla. En el PT sostienen que todo puede suceder y especulan con la escasa diferencia de apenas dos puntos con Bolsonaro. Como no hay ejemplos locales traen uno del vecindario. En Chile en la primera vuelta de noviembre de 2021 el derechista José Antonio Kast logró una clara victoria con el 2791% de los votos contra el 2583% del socialdemócrata Gabriel Boric 21 puntos abajo. El balotaje se realizó un mes después y revirtió los resultados. Boric arrasó con 55.87% contra 44.13% de su oponente: una diferencia de 117%.La clave estuvo en la movilización de abstencionistas e indecisos. Entre la primera y segunda vuelta se registró un aumento de 12 millones de electores adicionales. La participación pasó del 47.3% al 55.6% convirtiéndose en la elección con mayor cantidad de votantes en la historia de Chile. Es la ensoñación de los dirigentes del PT. Confían que muchos de sus seguidores que no participaron o que incluso buscaron castigar a Lula da Silva frente al inesperado resultado iniciales que contradijo a todas las encuestas pondrían reversa. En Brasil los resultados entre ambos competidores fueron similares al escenario chileno y la abstención extraordinaria cerca del 21% superando el récord de 2022. Pero hasta ahí llegan las comparaciones.A diferencia de Chile y Boric que nunca había disputado el poder Lula y su partido están en el gobierno y perdieron votos propios con relación a 2022 cuando el líder del PT derrotó a Jair Bolsonaro. Una parte del singular ausentismo en estas urnas provino de sectores precarizados que suponen que una elección no cambiará su situación de largas horas de trabajo rentas insuficientes y deudas familiares asfixiantes. Ese dato objetivo entre otros explica un notorio desinterés popular hacia este comicio crucial comportamiento que fuentes oficiales admitían con amargura y sorpresa a este cronista antes de las elecciones. Esa decepción aleteó en los resultados del nordeste el espacio de mayor fidelidad al lulismo en sus 40 años de historia.En ese enorme paisaje Flávio obtuvo 309% de los votos casi cuatro puntos más que su padre en la primera vuelta de 2022. Lula reunió 638% muy bueno pero tres puntos menos que hace cuatro años. Esos datos confirman la noción de un voto castigo como parte clave de un puñado de otros factores. Según los analistas pesó la edad del presidente la extensión de su vida política va por su tercer mandato la inseguridad como problema permanente del país y rotundamente aquellos problemas de ingreso en la base de la pirámide. A la gente el sueldo no le alcanza a despecho de los formidables datos macro que exhibe el país continente.Esa frustración también involucra a sectores de la clase media y media baja un amplio océano de centro que en amplios segmentos no dudó antes en elegir a este presidente. Ahora el PT sufrió un desgaste significativo en los centros urbanos más poblados de la región del sudeste donde radican los principales colegios electorales del país. En San Pablo la joya de esa corona el estado más grande del país y el más poderoso Bolsonaro sacó una diferencia contundente sobre Lula estimada en más de 34 millones de votos. Minas Gerais la otra gran estación de ese recorrido apenas por detrás de San Pablo en tamaño quedó en manos del retador en la primera vuelta.El desafío de LulaDato parroquial: este estado en la política brasileña se lo conoce como el “termómetro electoral” el swing state del país: históricamente desde el regreso de la democracia en 1989 quien gana ahí termina en la presidencia. Es porque su electorado refleja muy de cerca la diversidad socioeconómica y cultural de todo Brasil. Finalmente Río de Janeiro el otro gran distrito de este espacio búnker del clan bolsonaro consolidó la ventaja del hijo del ex presidente: Lula había obtenido ahí hace cuatro años el 434% de los votos. Ahora descendió a 39%. En las dos elecciones anteriores tanto la del padre en 2022 como la del hijo el domingo la diferencia a favor de ambos fue la misma: 136%.Se puede argumentar que el sudeste no es tradicionalmente lulista. Es cierto pero el líder del PT esta vez obtuvo 17 millones de votos menos en todo ese territorio en comparación con la primera vuelta de 2022. En contraste su adversario logró 13 millones de sufragios más que los que obtuvo su padre. Son números claros y evidencias que el oficialismo perdió votos propios.La estrategia del PT para la campaña es apuntar a esos dos amplios universos para cosechar posibles arrepentidos como en el caso chileno y reducir la abstención. Una curiosidad de esos intentos es la ofensiva de seducción sobre los votantes de más de 70 años que no están obligados a sufragar como sucede en Argentina. Son unos 17 millones de electores cerca del 10% del padrón nacional un bastión conservador mayoritariamente pro Lula debido a los beneficios jubilatorios que les proporcionó el gobierno pero que no suele participar masivamente. El propio presidente se pone como ejemplo de este sector a sus 80 años de que es necesario no aletargarse involucrarse y animarse. “Piensen en sus hijos en sus nietos” les dice con dramática picardía.Todo puede suceder. Hay sin embargo un problema de sentido referido a aquellos cambios en el panorama político consagrados en la primera vuelta. Un alto funcionario del gobierno le dio ejemplos a este periodista sobre el nuevo escenario. El bloque del Partido Liberal en el Senado que agregó 19 nuevos legisladores reclamará la presidencia de la Cámara hoy en manos de un aliado de Lula el senador derechista Dino Alcolumbre. Cuando la logre forzará la amnistía de Jair Bolsonaro y el descabezamiento de la desprestigiada Corte Suprema.“Por eso aún si ganara que sería una hazaña Lula tendría las manos amarradas. Ese Congreso no lo dejaría avanzar ni siquiera si se alinea con ellos y además son muy duros van por la venganza y esa venganza la va a conducir Jair Bolsonaro” señala el funcionario que a la vez es embajador. Así como él sus colegas tanto en cancillería como en la presidencia asumen una autocrítica que el gobierno en público recién ahora comienza a plantear .“Esto se podría haber evitado es un golpe autoinfligido desde enero se sabía que venían con todo y no se hizo nada o lo que se hizo se lo hizo mal. Se dejaron pasar enormes oportunidades seguros de que tenían el camino pavimentado para ganar” dice. Lula agrega subestimó de modo tajante al rival bolsonarista que bien asesorado “hizo una muy buena campaña al punto de que se dejó de hablar de sus graves casos de corrupción”. No están ahí por supuesto la totalidad de las razones para la derrota y la pérdida de votos. Es probable se puede conceder que con un trabajo más cuidado el líder del PT hubiera ganado el primer turno pero nada le aseguraba la reelección igual que ahora.©Copyright Clarín 2026






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