La filosofía de los últimos 60 años nos deja un territorio sembrado de ideas libros e intervenciones de uno de los mayores pensadores del mundo. Desde muy joven el italiano Giorgio Agamben fue armando su universo intelectual con elementos de gran riqueza. Eso redundó en una obra sobrepoblada de grandes libros de los que nueve de ellos (publicados entre 1995-2015) fueron conformando un solo cuerpo y que hoy llega en un solo tomo titulado simplemente Homo Sacer y publicado en nuestro país (y en España) por Adriana Hidalgo editora que ha divulgado la casi totalidad de su bibliografía. En 2018 se publicó en Italia.Pero ¿cómo se fue pensando y armando esta biblioteca Agamben? Su primera formación fue en la en la Universidad de Roma en 1965 con un trabajo sobre el pensamiento político de Simone Weil. En esos años frecuentó a Elsa Morante o a Pier Paolo Pasolini con quien trabajó como actor en El Evangelio según Mateo. Luego fue alumno de Martin Heidegger. Ya estaba viviendo en París donde frecuentaba a Pierre Klossowski e Italo Calvino y estudiaba entonces lingüística y cultura medieval.El núcleo conceptual de su obra radica en la investigación del poder soberano y su relación con la vida humana. A partir del concepto foucaultiano de biopolítica Agamben desarrolla su tesis más célebre: la política occidental se funda sobre la exclusión originaria de la vida biológica desnuda (zoé) del ámbito jurídico de la polis (bíos). El poder soberano se define siguiendo a Carl Schmitt por su capacidad de decretar el estado de excepción un espacio donde la ley se suspende para preservarse a sí misma. En este umbral emerge el homo sacer: el “hombre sagrado” una figura del derecho romano antiguo que designa a aquel individuo que puede ser asesinado por cualquiera sin que esto constituya un homicidio pero que no puede ser sacrificado ritualmente.Consultado desde Buenos Aires Agamben accedió a responder una serie de preguntas por escrito sobre este volumen excepcional que lo vuelve el libro de filosofía del año o mucho más que eso: de una época.–Ya transitando a pleno el siglo XXI podemos afirmar que el estado de excepción nunca finalizó. ¿No? Vemos guerras y conflictos en marcha. ¿Hay otras situaciones menos visibles que confirman la continuidad del estado de excepción?–El estado de excepción es hoy la forma normal de gobierno como ya se daba a entender de alguna manera en el hecho de que todas las constituciones de los estados que se declaran de derecho prevén el estado de necesidad como una suspensión legal de la ley. Los años de la pandemia del Covid han demostrado cómo la esfera de la excepción puede encontrar sus motivos en cualquier parte y cómo la salud médica puede sustituir a la salud pública. El Estado es una máquina que en última instancia se basa en la excepción y como tal debe producir continuamente situaciones excepcionales.–Usted escribió que Homo Sacer era y es una respuesta a la “sangrienta mistificación de un nuevo orden planetario” una idea un concepto suyo muy citado cada vez que se abordan crisis globales y contemporáneas. En ese sentido ¿Cómo se caracteriza hoy la situación mundial?–Creo que hoy no podemos dejar de enfrentarnos a problemas que sin duda ya son conocidos pero que han alcanzado su masa crítica en este tiempo. Uno de ellos es el de la técnica –y el de la ciencia que de ninguna manera puede separarse de ella como creen las personas ingenuas–. Quizás como sostenía Simone Weil lo que antes llamábamos ciencia ya no existe. Y es significativo que hoy la humanidad renuncie a pensar y ceda de buena gana el pensamiento a una máquina artificial como si la implicación vital del sujeto en el pensamiento no tuviera importancia.En esta situación se me ha ocurrido comparar la condición actual de la humanidad con la de un empresario insolvente obligado a declararse en quiebra. Pues es cierto que ya no es capaz de hacer frente a las deudas que ha ido asumiendo progresivamente con respecto a la tierra en la que vive (incluyendo en ella también la atmósfera no menos contaminada que el suelo aunque las deudas a las que me refiero no son solo de naturaleza ecológica sino también y ante todo política). Creer como a menudo hoy se finge creer que los distintos Estados y las organizaciones internacionales pueden conciliar sus intereses económicos y políticos con su propia supervivencia sin tomar conciencia de manera radical de su estado de quiebra e insolvencia respecto al mundo en el que viven y a su propia historia es una ilusión a menudo mantenida por la mala fe. Y sin embargo una declaración de quiebra como esa por más necesaria que sea es precisamente lo que los hombres no parecen estar dispuestos a hacer.–Usted sostenía que el estado de excepción no es un dictadura sino un espacio vacío de derecho una zona de anomia en la cual todas las determinaciones jurídicas son desactivadas. Hoy ese concepto se aplica de ese modo en territorios en los que intervienen países como Estados Unidos Rusia e Israel. Los tres tienen gobiernos salidos de las urnas elegidos pero la violenta negación de los derechos del otro parecen volverlos intolerantes que alimentan esta excepcionalidad y prolongan la suspensión del ordenamiento jurídico de la ley (usted cita a Kafka) hay anomia. ¿Cómo queda ese ordenamiento judicial la idea de legalidad de norma etc.?–Creo que los tres casos que usted menciona son distintos y no deben confundirse. En lo que respecta a Estados Unidos me parece que nos enfrentan al hecho aparentemente inexplicable de una nación que hasta ayer dominaba el mundo y que desde hace una década está gobernada por un presidente técnicamente demente. EE. UU. se encuentra hoy en una situación histórica a la que solo la demencia parece dar sentido. Cuando un país alcanza la etapa final de la ruina espiritual ya no es posible tomar ninguna decisión racional que intente hacerle frente. Solo se puede acelerar por todos los medios el colapso ya inevitable y la demencia –real o simulada– es sin duda el instrumento de gobierno más adecuado para ese fin. El fin tantas veces anunciado del imperio estadounidense se produce en la forma más extrema de inconsciencia e irresponsabilidad en la que un jefe de Estado se entrega sin reservas al delirio presentándose como Cristo y cambiando a su antojo los nombres geográficos que sustituye cada vez por el término “América” como si eso bastara para convertirlos en estadounidenses. Y mientras que el sentido común aconsejaría distanciarse de un individuo así la Unión Europea evidentemente contagiada por su demencia se declara plenamente solidaria con él.–¿Ya estamos habitando “el fin de los derechos del hombre” tal como lo ha señalado Hannah Arendt en relación al fin de los estados nación?–Hannah Arendt demostró que los derechos humanos eran en realidad los derechos del ciudadano y que son inseparables del Estado-nación moderno. Estos perdieron todo sentido tan pronto como nos enfrentamos por primera vez a personas que realmente habían perdido cualquier otra cualidad salvo el hecho de ser humanos. Si se reduce la esencia de la política al derecho la política ya no puede existir y esta anulación de la política a través del derecho ha ido de la mano –y tal vez haya precedido– a la reducción igualmente letal de la política a la economía.–Pasan los años y la pregunta sobre el poder se mantiene muy viva sin embargo sus interpretaciones siempre respondieron a un momento en particular. Luego el poder se destruye se reconstruye y genera nuevas preguntas. En El poder soberano y la vida desnuda usted analiza y señala diferencias con Toni Negri en relación a la idea de poder constituyente. ¿Qué vigencia tiene esa diferenciación entre poder soberano y poder constituyente? ¿Cómo se relacionan hoy?–Creo que para nosotros los europeos de hoy es ante todo necesario cuestionarnos el poder constituyente en relación con el organismo que se define como la Unión Europea. Desde el punto de vista del derecho constitucional Europa no existe: lo que llamamos Unión Europea es técnicamente un pacto entre Estados que se refiere exclusivamente al derecho internacional. El Tratado de Maastricht que entró en vigor en 1993 y le dio su forma actual a la Unión Europea es la máxima consagración de la identidad europea como mero acuerdo intergubernamental entre Estados. Conscientes de que hablar de una democracia en relación con Europa no tenía por lo tanto sentido los funcionarios de la Unión Europea intentaron subsanar este déficit democrático elaborando el proyecto de una supuesta constitución europea. Ante esta situación un jurista alemán Dieter Grimm no tuvo dificultad en sostener que dado que no existe un pueblo europeo la idea de un poder constituyente carece de todo fundamento.El hecho es que como recordaba Walter Benjamin en su ensayo de 1921 sobre la violencia (“Para una crítica de la violencia”) la noción de poder constituyente es ambigua y de hecho no puede separarse de la de poder constituido con la que forma un sistema. Y lo decisivo es que en la relación entre el poder constituyente y el poder constituido lo que se elude es el problema de la violencia que por eso vemos hoy surgir por todas partes sin ningún límite.–En este corrimiento de valores conceptos y normas ¿Qué lugar ocupa la verdad?–Cada vez más me parece necesario volver a la clara distinción entre verdad y opinión que para los griegos era evidente y a la definición de la verdad en Martin Heidegger como a-letheia el no ocultamiento. En la medida en que es la apertura que anticipa siempre al hombre que habla la verdad no es algo que se pueda expresar en una proposición. Como recordaba Ludwig Wittgenstein en filosofía no se pueden tener opiniones. Debemos cuestionar el estatus exclusivamente epistemológico de la verdad: como sugería Wilhelm Dilthey la concepción de la filosofía como ciencia ha coincidido con la eutanasia de la filosofía. La filosofía no se ocupa del conocimiento sino de lo cognoscible. En esta perspectiva la verdad lo abierto es algo de lo que solo se puede dar testimonio es decir una dimensión en la que la lógica debe ceder el paso a la ética.–¿Cuál otro de sus libros hubiera podido ser incluido en Homo Sacer? ¿Agregaría uno nuevo si eso fuera posible?-Creo que Lo abierto. El hombre y el animal en el que se cuestiona la máquina antropológica de Occidente que fundamenta la relación interna entre el hombre y el animal podría haber sido incluido. Hay también otros textos como uno sobre Benito Cereno (título de una novela corta de Herman Melville) incluido en Alla foce (En la desembocadura) que fueron concebidos como notas para Homo Sacer.












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