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“El deseo está desligado del amor”: se enamoraron en una fiesta, se pusieron de novias y pueden estar con otras mujeres, pero hay un pacto que deben respetar

Luego de conocerse y compartir varias conversaciones, descubrieron que tenían una mirada similar sobre los vínculos. Hoy viven juntas en Salta y aseguran que los celos, los límites y la confianza se resuelven con una regla que para ellas es fundamental.

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Nazarena tiene 25 años, es salteña y biotecnóloga. Lourdes tiene 23, es tucumana, estudia Licenciatura en Filosofía y trabaja en marketing. Hace dos meses viven juntas en Salta, después de un tiempo de relación a distancia. Son novias, se aman y tienen una relación abierta.No llegaron a ese acuerdo después de una crisis ni porque una de las dos quisiera convencer a la otra. Lo hablaron cuando todavía se estaban conociendo y descubrieron que compartían una misma mirada sobre el amor y el deseo. “Pienso que el deseo está totalmente separado del amor”, explica Nazarena a TN.Se conocieron en marzo de 2024, en una fiesta. Lourdes había ido a una previa con amigos y una de las chicas invitadas llevó a sus amigas. Entre ellas estaba Nazarena. Lourdes la vio y no tardó demasiado en saber que quería conocerla.“En realidad, la primera vez que la vi, directamente me llamó la atención”, cuenta. Nazarena, en cambio, estaba completamente ajena a lo que pasaba. “Yo en ese momento, cero. A esa fiesta salí por salir”. Incluso pensó que Lourdes era heterosexual y descartó cualquier posibilidad.Al día siguiente se enteró de que había sido buscada durante toda la noche. Empezaron a hablar, pero cuando finalmente Lourdes aceptó verse, tuvo dengue y pasó dos semanas encerrada. El vínculo, sin embargo, siguió creciendo por mensajes.Apenas pudo volver a salir, recibió una invitación inesperada: pasar el fin de semana en un dique con los amigos de Nazarena. No conocía a ninguno. “Eran como diez”, recuerda. También estaba la hermana de su futura novia y Lourdes admite que se moría de vergüenza.La prueba salió bien. “Yo pegué onda con todos al toque”, cuenta. Después de ese fin de semana empezaron a verse cada vez más y, según lo resumen ellas mismas, “de ahí no nos separamos más”.Mientras se conocían también hablaron de qué clase de relación querían. Nazarena ya tenía una idea clara: desde hacía tiempo pensaba que quería estar en una abierta. Lourdes había tenido una experiencia similar en un vínculo anterior, que no había funcionado.Después de aquella ruptura había empezado a trabajar esas cuestiones con una sexóloga. Entre otras cosas, buscaba entender sus deseos sin sentir culpa. Cuando se lo contó a Nazarena, apareció la coincidencia: las dos querían algo parecido.Al principio, de todos modos, no abrieron la relación. Estaban demasiado concentradas en conocerse. Meses después empezaron a probar de a poco: podían estar en un boliche, una podía irse con otra persona y la otra saberlo. Nunca fue a escondidas.“Todo siempre fue sabido. Era charlado previamente”, explican. Tampoco necesitan conocer cada detalle: para ellas alcanza con saber qué está pasando y poder hablarlo antes.Una de las particularidades de su vínculo es que, en determinadas situaciones, pueden compartir el mismo espacio mientras están con otras personas. No fue una regla impuesta desde el comienzo: también quisieron probar qué les generaba.Lourdes cuenta que quería “tantear” la situación porque nunca había tenido una relación abierta. Cuando ocurrió, descubrió que no le molestaba. “A mí, cero, no me molesta”, dice. Incluso reconoce que le producía excitación.Después, Nazarena también descubrió que le gustaba ver ese escenario. “Capaz que lo decís y morbo, pero bueno, se fue dando así”, cuenta Lourdes. Para ellas no es simplemente algo que cada una hace por su lado: lo viven como una experiencia que pertenece a la pareja.“Lo tomamos como algo que es parte de la pareja, tipo algo que es para nosotras, como un equipo”, explica. Eso no significa que nunca aparezcan inseguridades. Nazarena asegura que no suele ser celosa y que para ella hay algo más importante: “Siempre pienso en que me ama y punto”.Lourdes reconoce que algunas situaciones sí pueden incomodarla. La diferencia está en que no prefiere guardárselo. “Quizás esto no sea lo más racional del mundo, pero ahora esto me está incomodando”, cuenta que puede decirle.Para ellas, la relación abierta no significa que desaparezcan los límites ni las inseguridades. Al contrario: sostienen que necesitan hablarlas para que el vínculo funcione. “Nosotros también tenemos inseguridades o incomodidades”, explica Nazarena.En Salta ya tuvieron que enfrentarse al otro lado de la historia: el chisme. Después de que estuvieron con una persona en un boliche, una amiga creyó que Nazarena había sido infiel. El comentario empezó a circular, aunque Lourdes había estado allí y sabía perfectamente qué había pasado.En redes también reciben curiosidad y mensajes de personas que intentan acercarse. Pero aclaran que tener una relación abierta no significa que cualquiera pueda formar parte de ella. “No somos ‘cualquiera que venga, entra’”, dicen.Nazarena siente que volver a una relación completamente cerrada sería difícil. En sus vínculos anteriores le había pasado que tenía deseos por otras personas y no encontraba un lugar para hablarlos. “En las relaciones monogámicas que tuve siempre tenía ese momento en el que me empezaba a pesar demasiado tener deseo y no poder satisfacerlo”, explica.Lourdes, en cambio, cuenta que muchas de sus experiencias las descubrió dentro de esta relación. “Cuando empecé a estar con Nazarena, empecé a probar muchas cosas, a conocerme en muchas cosas, pero porque yo me sentía cómoda haciéndolo con ella”.Por eso no creen que exista una fórmula para todas las parejas. “No todas las personas tienen que tener una relación abierta porque todos somos distintos”, aclara Nazarena. Para ellas, lo fundamental no es elegir entre monogamia o apertura, sino poder hablar con honestidad.Lourdes lo resume con una frase que considera fundamental: “Con el amor no alcanza”. Se puede estar profundamente enamorado y, al mismo tiempo, sentir que una parte de uno mismo está quedando tapada.Hoy, recién mudadas juntas a Salta, no saben exactamente qué forma tendrá su relación dentro de unos años. Tampoco quieren presentarse como un modelo de pareja. Saben que los límites pueden cambiar y que habrá etapas diferentes.Lo que sí tienen claro es que no quieren construir su vínculo para satisfacer lo que esperan los demás. “Yo no podría proyectar con una persona que no comparte conmigo el sentido de la libertad”, completa Nazarena.

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