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A los 9 cantó en el programa de Susana Giménez, 21 años después recuperó las imágenes de ese día: “Volver a verlo fue muy movilizador”

Michael Giménez llegó a la televisión en 2005, ganó Mini Music y cantó ante multitudes. Muchos años después fue nominado a los Premios Gardel y volvió a la pantalla. Aunque no fue fácil y estuvo años lejos de las cámaras, siempre tuvo una convicción: no dejar de cantar.

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El niño que aparece en esas imágenes todavía no sabe lo que está a punto de ocurrir. Tiene 9 años, está en un estudio de televisión, mira alrededor con una mezcla de asombro y nervios y tiene enfrente a la mujer que durante años imaginó conocer. Es Susana Giménez. Él había viajado desde Mendoza para cumplir un sueño que parecía enorme para un chico de una familia humilde: cantar una vez en su programa.Más de 20 años después (21, para ser exactos), Michael Giménez volvió a encontrarse con ese niño.Durante mucho tiempo, aquellas imágenes estuvieron guardadas en VHS. El material del concurso Mini Music había quedado atrapado en cintas que necesitaban ser digitalizadas para volver a verse. Michael consiguió recuperarlas y, cuando finalmente pudo mirar otra vez ese capítulo de su infancia, descubrió que no era solamente un recuerdo televisivo.Leé también: Benjamín tiene 25 años, la voz de una mujer y un sueño enorme: “Si Dios me dio este don, es por algo”Era mucho más emocionante: estaba viendo el comienzo de su propia historia.“Volver a verlo fue profundamente movilizador. Sentí paz, emoción y muchísimo orgullo”, cuenta hoy, a los 30 años. Pero hay algo que lo conmueve todavía más: comprobar que el chico que aparece en aquellas imágenes no desapareció.“Cuanto más pasan los años, más me parezco a él”, dice.Antes de las luces, los contratos y los grandes escenarios, Michael era un chico de San Martín, Mendoza, que cantaba en el patio de su casa. Se subía a un árbol, les cantaba a sus animales y se imaginaba frente a un público que coreaba su nombre. Su mamá había advertido desde muy temprano que había algo especial en él. Tanto, que cuando nació decidió llamarlo Michael porque soñaba con que algún día fuera cantante o deportista: el nombre estaba inspirado en Michael Jackson y Michael Jordan.La madre no sabía exactamente cómo iba a suceder, pero confiaba en que su hijo tenía un camino distinto por delante.Michael tampoco lo sabía. Solo sabía que cantar lo hacía feliz.“Desde pequeño sentí que mi voz era un regalo de Dios y soñaba con compartirla con el mundo”, recuerda. Así, en 2005, ese sueño lo llevó hasta el programa de Susana Giménez y al concurso Mini Music. Fue después de innumerables cartas y pedidos. Su mamá nunca se dio por vencida.Era su primera vez en Buenos Aires. La ciudad, los estudios y las luces le parecían gigantescos. Pero cuando apareció Susana ocurrió algo que todavía conserva intacto en la memoria.“Cuando la vi, sentí emoción, nervios y una calma muy especial. En ese momento solo podía contemplar a esa mujer tan imponente, luminosa y cercana con la que había soñado encontrarme durante años”, cuenta. Y recuerda como si fuera ayer el “puchero” que hizo al mirarla a los ojos. “Te quiero agradecer estar acá”, le dijo humildemente. Y la diva, con la espontaneidad de siempre, miró al público incrédula tocándose el pecho. “La agradecida soy yo”.Lo que debía ser una única presentación terminó convirtiéndose en una sucesión de oportunidades. Michael regresó al programa, siguió avanzando en la competencia y terminó entre los nueve ganadores. Después llegó la instancia que jamás había imaginado: se convirtió en el “ganador de ganadores”.A partir de ahí, el chico de Mendoza entró en un mundo que hasta entonces solamente había visto por televisión.Firmó contratos con Telefe y EMI Music, grabó un álbum con una compañía internacional, vio su disco en las disquerías y comenzó a viajar para cantar ante grandes públicos. Una de aquellas escenas que todavía conserva en la memoria ocurrió en Mendoza, durante un espectáculo por el Día del Niño en el Parque General San Martín, frente a más de 40.000 personas.Para cualquiera habría sido un escenario enorme. Para un chico que poco tiempo antes cantaba solo en el patio de su casa, parecía directamente una película.También comenzó a conocer y aprender de profesionales como Martín Alfiz, Pablo Ramírez, Marcelo Iripino y Sandra Mihanovich. El sueño estaba ocurriendo, aunque tenía una contracara que Michael recién pudo comprender muchos años después.Su infancia transcurrió, en parte, dentro de un mundo de adultos.Mientras otros chicos de su edad jugaban, él debía aprender a desenvolverse entre escenarios, cámaras, exposición y exigencias. Su familia, su fe y el afecto de la gente fueron fundamentales para que pudiera atravesar esa etapa sin perder su esencia.La televisión, sin embargo, no sería el único lugar donde intentaría demostrar que podía cantar.En 2009, con 13 años, avanzó hasta las semifinales de Talento Argentino. Después continuó construyendo una carrera profesional, recorriendo escenarios y trabajando como artista independiente. En 2014 fue declarado artista ilustre de su ciudad y en 2020 recibió una nominación a los Premios Gardel como nuevo artista, reconocimiento que también tuvo impacto en su faceta como compositor.Pero la parte más difícil de la historia ocurrió cuando las cámaras dejaron de apuntarle.Michael tuvo que trabajar para sostenerse mientras seguía intentando vivir de la música. Fue docente, repartidor de pan y también trabajó junto a su mamá en la panadería. Estudió audio y sonido y aprendió a ocuparse de muchas de las tareas que implica sostener una carrera independiente. Cada peso que podía ahorrar volvía a la música.Y también aparecieron los problemas que pueden ser especialmente duros para alguien cuya herramienta principal es la voz.Tuvo nódulos, atravesó tratamientos fonoaudiológicos y padeció problemas de reflujo que afectaron su capacidad para cantar. Durante un tiempo tuvo que aprender a convivir con una voz distinta.Hoy la llama “arenosa” y la reconoce como parte de su identidad.En ese recorrido hubo momentos en los que sintió que no podía más. Lo que nunca apareció fue la idea de dejar de cantar.“Hubo momentos en los que pensé que no podía más, pero nunca pensé que no quería cantar más”, explica.La diferencia parece pequeña, pero para Michael lo cambió todo. Porque su relación con la música dejó de ser la de un chico que quería llegar a un escenario para convertirse en la de un adulto que decidió construir su vida alrededor de ese sueño, incluso cuando las oportunidades tardaban en aparecer.También encontró en el running una forma de sostener esa disciplina. Se convirtió en un experimentado corredor, participó en decenas de carreras y acumuló medallas. El deporte terminó siendo otra expresión de una misma característica que reconoce en su trayectoria: la constancia.Y después de 20 años llegó otra vez la televisión.La Voz Argentina apareció como una nueva oportunidad para un cantante que ya tenía una historia. Para Michael, aquella experiencia tuvo un significado particular porque llegó después de dos décadas de insistir, de trabajar en otros oficios, de atravesar problemas con su voz y de sostener una carrera cuando no había un programa de televisión esperando por él.Por eso, al mirar ahora el material de 2005, no ve solamente a un niño que ganó un concurso. Ve al hombre que tuvo que convertirse en ese niño una y otra vez.Michael reconoce que Susana Giménez ocupa un lugar único en su vida. La llama su madrina artística porque fue la persona que confió en él cuando apenas tenía 9 años y le permitió mostrar lo que llevaba dentro. Aquella oportunidad no solo abrió una carrera: también le dio una certeza a la que volvió muchas veces durante los años difíciles.“Si aquello que parecía imposible sucedió, también pueden suceder otras cosas grandes”, pensaba cuando necesitaba recuperar fuerzas.En ese sentido, el VHS tiene hoy un valor mucho mayor que el de un simple documento televisivo. Es una conversación entre dos “Michaels” separados por 21 años.El de nueve años todavía no sabe cuántas cosas van a suceder. No sabe que firmará con una discográfica internacional, que cantará frente a 40.000 personas, que llegará a una semifinal de Talento Argentino, que será reconocido como artista ilustre, que será nominado a los Premios Gardel, que tendrá que trabajar en una panadería para seguir haciendo música o que un día volverá a aparecer en un programa de televisión nacional.Tampoco sabe que habrá momentos difíciles. Pero el Michael de hoy, sí lo sabe. Y no cambiaría el recorrido.“Si pudiera sentarme frente a aquel chico, no le daría una lista de advertencias. Lo abrazaría. Festejaría con él. Le pediría que disfrutara aquel momento junto a su mamá y que lo guardara para siempre”, señala hoy el artista.Y agrega: “Después le diría que va a caerse, pero también que va a encontrar la fuerza para levantarse. Que no pierda la fe. Que no deje de cantar. Que nunca permita que el mundo apague su luz”.Michael tiene 30 años y lleva casi 25 cantando.Leé también: Nació con un pulmón sin desarrollar, vivía internado y a los 8 años emociona con su canto: “La música cura”La carrera que empezó frente a Susana Giménez todavía no terminó. De hecho, él siente que recién ahora comienza a ver florecer una parte del trabajo de todos esos años.Aquel niño quería que la gente coreara su nombre.El hombre que volvió a mirar esas imágenes tiene otra convicción: todavía queda mucho por cantar.

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