La economía argentina volvió a encontrarse con una escena conocida: los indicadores que parecían anunciar una recuperación vigorosa comenzaron a perder fuerza antes de que la mejora llegara a la mayoría de los hogares y las empresas. No hay una nueva crisis a la vista pero tampoco el despegue que se imaginaba a comienzos de año. El problema no es que la economía no crezca. Es que crece poco de manera desigual y con una base todavía demasiado frágil.El Banco Mundial redujo su previsión para 2026 al 21% después de haber calculado un 4% en enero y un 36% en junio. La revisión no es una cuestión menor: indica que el rebote posterior a la recesión perdió velocidad y que la estabilización por sí sola no generó todavía un ciclo amplio de inversión empleo y consumo.Entre enero y julio la actividad acumuló un crecimiento interanual de 17% impulsado principalmente por agricultura minería petróleo y gas mientras la industria manufacturera se mantuvo por debajo de niveles anteriores. Esa concentración explica por qué las cifras agregadas pueden ser positivas sin que la mejora resulte evidente en el empleo o en los ingresos de una parte importante de la población.El equilibrio fiscal la menor emisión y la acumulación de reservas alejaron los escenarios extremos que condicionaron a la Argentina durante años. Son avances necesarios y sobre todo difíciles de reemplazar. Pero el orden macroeconómico no se convierte automáticamente en ventas salarios o nuevos puestos de trabajo. Entre una cosa y la otra existe un puente llamado confianza y ese puente requiere tiempo crédito y reglas duraderas.Las familias continúan administrando sus gastos con cautela. Las empresas que dependen del mercado interno encuentran una demanda débil y márgenes estrechos. También creció la mora de forma preocupante. Y los inversores aun cuando reconocen la mejora de las cuentas públicas exigen una rentabilidad alta para compensar décadas de volatilidad. La estabilidad comenzó a reconstruirse; la memoria de las crisis en cambio todavía pesa sobre cada decisión.El dato de julio resumió ese freno: la actividad cayó 14% interanual y 29% frente al mes anterior aunque la tendencia-ciclo mostró una suba leve del 02%. Una medición mensual no define por sí sola el rumbo de la economía pero confirma que la recuperación perdió homogeneidad y que varios sectores siguen sin encontrar un impulso sostenido.El mapa productivo muestra dos realidades. Por un lado el agro la energía y la minería expanden su producción atraen capital y generan dólares. Por otro ramas industriales la construcción el comercio y muchas pequeñas y medianas empresas soportan costos elevados competencia importada y un consumo que no termina de afirmarse. La economía exportadora empuja; la economía doméstica avanza con dificultad.Esta misma situación se refleja en las fusiones y adquisiciones (M&A por sus siglas en inglés) de las empresas. Al igual que en años anteriores las industrias que resultaron motores fueron gas y petróleo minería energía y agroindustria. Algunas de las razones que lo explican: son sectores que cuentan con marcos claros y previsibles la Argentina presenta importantes ventajas competitivas en dichos sectores y además son fuertes generadores de divisas exportadoras. "Algunas fueron la adquisición de Prisma por parte e VISA la compra de Equinor Argentina por parte de YPF y Vista la adquisición de Mastellone Hnos por parte de Arcor y Danone y la compra de Raizen Argentina por parte de Mercuria" dice F&G Advisors.Durante décadas cada expansión argentina chocó con la falta de divisas. Cuando aumentaban el consumo y la producción subían también las importaciones de insumos y maquinaria. Sin dólares suficientes el crecimiento terminaba en devaluación controles y recesión. Hoy el frente externo ofrece una oportunidad distinta: la energía y la minería se sumaron al agro como fuentes crecientes de exportaciones. En otras palabras son los motores de la nueva economía.En agosto las exportaciones alcanzaron US$ 8.883 millones y la balanza comercial registró un superávit de US$ 2.187 millones el trigésimo tercer resultado positivo consecutivo. Para todo 2026 se proyecta un récord exportador de US$ 102.000 millones. La restricción externa se afloja pero los dólares todavía deben transformarse en infraestructura proveedores locales empleo y tecnología para arrastrar al resto de la economía.Así la Argentina puede exhibir mejores números fiscales y al mismo tiempo seguir siendo un país caro para financiar un proyecto de largo plazo. La inversión requiere estabilidad monetaria previsibilidad regulatoria un sistema tributario menos distorsivo infraestructura y crédito. Si las reglas parecen transitorias las decisiones empresarias también lo serán.En otras palabras la economía argentina no está detenida pero todavía no construyó un mecanismo de crecimiento capaz de sostenerse y distribuir sus beneficios. El dilema es si ésto es posible o si las distorsiones seguirán cada vez más marcadas.


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