Hasta hace poco tiempo atrás se contaba con orgullo, y hasta se lo mencionaba en las entrevistas laborales como una habilidad que le otorgaba un plus al candidato evaluado. Hoy esa concepción cambió, y lo que era una fortaleza ahora puede ser el responsable de la baja en la productividad y hasta del agotamiento. Se trata de multitasking, la supuesta capacidad para hacer varias cosas al mismo tiempo. Pero, ¿realmente podemos?“Muchas personas dicen que hacen varias cosas al mismo tiempo, pero desde la psicología cognitiva sabemos que, en la enorme mayoría de los casos, no dividimos la atención: la alternamos”, advierte Carla L. Monteverde, psicóloga (MN: 83.669). Lee también: Expertos en psicología coinciden: una persona que limpia compulsivamente no sólo es ordenada, sino que evita la fatiga mental¿Qué es lo que hacemos cuando creemos que estamos en modo multitasking? “Saltamos de una tarea a otra con enorme velocidad. Y cada uno de esos cambios tiene un costo invisible. El cerebro necesita algunos segundos para volver a concentrarse plenamente en la tarea anterior. Es un gasto diminuto si ocurre una vez; deja de serlo cuando repetimos ese mecanismo cientos de veces por día”, detalla Monteverde.El resultado es paradójico, explica esta experta: “Creemos que estamos ganando tiempo cuando, en realidad, estamos fragmentando el recurso que más determina cómo vivimos ese tiempo: nuestra atención”.Ahora, para Monteverde, esto no tiene por qué ser visto como un defecto. “Al contrario, es una adaptación extraordinaria del cerebro humano a un entorno cada vez más complejo. Hay profesiones y situaciones donde resulta indispensable: una guardia médica, un aula con cuarenta alumnos, una madre que coordina simultáneamente el cuidado de varios hijos. El problema aparece cuando dejamos de poder elegir. Cuando alternar deja de ser una estrategia y se convierte en el único modo disponible de estar en el mundo”.“Creo que hay un fenómeno todavía más profundo. Nunca en la historia habíamos tenido tanta evidencia visible de todas las vidas alternativas que podríamos estar viviendo. Cada vez que elegimos una actividad, una pantalla nos muestra decenas de opciones distintas que también podríamos haber elegido. Ya no competimos únicamente contra el reloj; competimos contra todas las posibilidades que vemos desfilar delante de nosotros. Por eso suelo decir que no hay escasez de tiempo; hay inflación de expectativas. Intentamos hacer entrar, en veinticuatro horas, la vida de tres personas distintas”, observa la psicóloga.La medicina asegura que nuestro cerebro no está diseñado para el multitasking, y hay investigaciones recientes que refuerzan esta conclusión. “Un estudio publicado este año en Psychoneuroendocrinology mostró que el multitasking digital genera respuestas de estrés más marcadas en adultos mayores, a través de la activación del sistema nervioso autónomo, lo que afecta el desempeño cognitivo”, cuenta Matías Alet, neurólogo especializado en neurología vascular de la Fundación Iberoamericana de Salud Pública. “A su vez, otro trabajo publicado por Nature Communications reveló, usando resonancias ultrarrápidas, que, aunque nuestro cerebro puede procesar información sensorial en paralelo, hay un cuello de botella en la toma de decisiones. Es decir, no podemos realizar dos tareas complejas al mismo tiempo sin que una salga perjudicada. El resultado es evidente: hacemos las cosas más lento, con más errores, y terminamos el día agotados. Y encima con la sensación de no haber hecho nada bien del todo”, suma Alet.Por su parte, Leonardo Biolatto, Medical Strategy Lead para IntraMed, señala que “la corteza prefrontal del cerebro, rápidamente, activa reglas diferentes para responder a tareas diferentes. Lo puede hacer a gran velocidad, pero no en simultáneo”. “El problema es que cada vez que alternamos, al pasar de un estímulo a otro, se produce un fenómeno conocido como residuo de atención (lo describió Sophie Leroy). Se trata de la tendencia de la mente a quedarse ‘atrapada’ en parte de la tarea anterior, impidiendo que el nuevo objetivo reciba el procesamiento atencional pleno”, explica Biolatto.Ahora, el líder de IntraMed detalla que existen “los supertaskers (representan el 2,5% de la población, aproximadamente) que muestra una resistencia inusual al deterioro por sobrecarga. Paradójicamente, los estudios también muestran que quienes afirman ser más eficientes alternando tareas suelen cometer más errores por exceso de confianza”.“Alternar entre tareas es tan agotador porque el cerebro consume mucha energía. Cuando saltamos sin parar de un tema a otro (un mensaje, un correo, una llamada, un informe), estamos forzando al cerebro a ‘frenar y arrancar’ una y otra vez. Ese esfuerzo constante gasta combustible químico. Además, para sentir satisfacción, el cerebro necesita ver metas cumplidas. Cuando dejamos asuntos a medio resolver, no se libera esa señal de recompensa natural”, observa Biolatto.Para Analía Tarasiewicz, psicóloga del trabajo y autora de Cuando el trabajo duele, el multitasking no debe analizarse únicamente como una dificultad individual para administrar el tiempo o concentrarse. “También debemos preguntarnos qué culturas laborales, estilos de liderazgo y tecnologías están promoviendo esta fragmentación permanente de la atención”, indica la profesional.En este sentido, también analiza la situación con la inteligencia artificial (IA) como parte de la ecuación actual. “Esta herramienta permite resolver tareas con enorme velocidad, pero cada respuesta genera nuevas decisiones: qué información sirve, qué debemos descartar, qué es necesario verificar, cómo la aplicamos y qué nueva acción tenemos que realizar. Por eso, aunque pueda reducir el tiempo operativo, también puede aumentar la carga de procesamiento, análisis y discernimiento. El problema no siempre es la falta de información, sino el exceso de ésta que nuestra mente debe evaluar sin pausas suficientes”, describe Tarasiewicz.“En las organizaciones trabajo este tema con líderes y equipos porque, en contextos atravesados por la hiperexigencia de resultados, los cambios constantes y la incorporación de la IA, las personas con rasgos más ansiosos, detallistas, autoexigentes o controladores pueden experimentar una intensificación de sus síntomas o de cuadros preexistentes”, ejemplifica la especialista en salud mental laboral.Con esta mirada coincide Graciela Vinocur, Manager de Strategy Latam en Grupo Ceta: “Estar ocupados todo el tiempo no significa ser efectivos. En una organización, el multitasking puede parecer una buena forma de aprovechar los recursos, pero si se sostiene de manera permanente y sin tener en cuenta qué tareas puede asumir cada persona, termina generando el efecto contrario”.Lee también: La psicología explica si es complejo el “efecto Ovsiankina”“La sobreexigencia sostenida puede llevar al agotamiento mental, estrés, ansiedad e incluso manifestarse en síntomas físicos. Y esto también tiene un impacto en las organizaciones porque aumentan los errores, las licencias y la rotación, además de afectar el desempeño de los equipos”, suma Vinocur.Y aconseja: “A veces el problema no es la cantidad de trabajo sino en qué estamos haciendo foco. Sobrecargar a una persona con tareas en las que no agrega demasiado valor puede quitarle tiempo y energía para concentrarse en donde realmente puede hacer un aporte diferencial”.En la vida diaria, en la oficina o hasta estudiando, poder concentrarse y tratar de evitar alternar constantemente es una forma de alcanzar el bienestar anhelado.
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