Gustavo Yankelevich habló con Mediodía Noticias (eltrece) luego de que su nieto Valentín contara que fue víctima de violencia por parte de su papá, Darío Giordano, y que su abuelo fue el primero que los escuchó, los contuvo y los ayudó.“La primera que se dio cuenta fue Cris, que me dijo que algo estaba pasando con los chicos y que prestara atención”, dijo. Fue cuestión de tiempo hasta que, en una salida de nieto y abuelo, Franco le pidiera vivir con él. “Le hablé a Darío y le dije ‘me gustaría si a Franco lo dejás venir una semana a vivir a casa’. Y él me contestó ‘no, de ninguna manera, los chicos son míos, yo soy el dueño. Hasta los 18 años van a hacer lo que yo digo. Y ahí me di cuenta de que la cosa andaba muy mal”, recordó.Tras ese episodio algo cambió: “Él era un chico que, a pesar de todo lo que había vivido, era feliz y se la pasaba cantando... Pero después de que hablé con Darío, él estuvo callado”. “A la tercera semana, le pregunté qué pasaba y me dijo ‘abuelo, lo que pasa es que cuando vos le pediste a papá que yo fuera a vivir con vos, me mató a golpes hasta desmayarme. Y no quiero que hables con él porque me va a matar’”, contó sobre las palabras de su nieto mayor. Yankelevich señaló que Franco fue quien empezó a contar lo que ocurría en su casa y que un año después Valentín hizo lo mismo. “Cuando los dos me contaron ya era insostenible. Un día me dijeron ‘si vos no nos sacás de acá, nosotros nos vamos a escapar a la calle. No nos van a ver nunca más. Eran muy chicos, tenían 11 y 13 años”, dijo con la voz quebrada. En este contexto, señaló que la estrategia que encontró fue “no hablar” y asesorarse con un equipo de abogados para sacar a los chicos legalmente de su casa. “No hablamos porque si no no íbamos a lograr el objetivo de que la Justicia me diera la tenencia”, explicó.La batalla no fue fácil: “Fue un operativo de rescate que duró dos años y pico mientras ellos seguían siendo lastimados en su casa física y psíquicamente”.El productor señaló que incluso después de conseguir la tenencia las cosas no fueron fáciles. “Iba al colegio a hablar con la directora que me miraba de reojo y no me creía porque el padre iba y contaba otra cosa”, remarcó. Consultado acerca de cómo se sucedieron las cosas, destacó que lo primero fue hacer la denuncia. “Los fui a buscar al colegio con permiso del padre para llevarlos al teatro. Los chicos vinieron con una mochilita y de ahí nos fuimos directo a tribunales”, dijo y recordó que declararon muchísimas horas. “Eran las 11.30 de la noche y seguíamos ahí, yo estaba esperando que me dijeran que podían venir conmigo a mi casa, no que me dijeran que tenían que volver a la casa”, expresó. Fue entonces que reveló un detalle escalofriante. “A Franco en los últimos meses antes de eso, le apareció un tic que se le ponían en blanco los ojos y yo le decía que lo controlara que me impresionaba”, recordó. Y señaló: “Eran como ocho esa noche, pero la doctora me dijo ‘es muy creíble tu declaración y la de los chicos, pero hay algo que es incontrastable: tu nieto no tiene un tic, que se le pongan los ojos en blanco es que le pegan en la cabeza’”.Ahí lo dejaron llevarse a los chicos el fin de semana, hasta que se judicializara el caso. “Se sorteó el juzgado y el juez me otorgó la tenencia por tres meses. Y cada tres meses me monitoreaban a mí y a los chicos a ver cómo estaban”, precisó.A modo de cierre, destacó que Azul no sufrió violencia. “No hablamos hasta ahora porque cuando me dieron la tenencia definitiva, Azul estaba en el colegio y no queríamos que sintiera que por los papas y las amigas tenía que cambiarse. Hoy está estudiando en Estados Unidos y sabía que sus hermanos iban a hablar porque lo necesitaban, era sacarse una mochila de encima”, concluyó.
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