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GENERAL / CLARIN

¿Comunismo vs. consumismo?

La realidad nos demuestra que los extremos no funcionan: ni la carencia de los productos más esenciales que había en los países comunistas ni la sobreabundancia en los países capitalistas que transforma el deseo en un pozo sin fondo

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Serían los años 70. Mi amiga de la infancia Verónica llegaba con su marido y su pequeño hijo a Canadá. En su exilio Bucarest había quedado atrás. Un día se detuvo frente a la vidriera de una zapatería de mujer para comprarse botas ya que las temperaturas oscilaban entre los 12 y 15º bajo cero. La zapatería era uno de los mil negocios de esa iluminada y multicolor ciudad subterránea en que se convertía Montreal en invierno. Había de todo para no salir a la superficie.Vio botas cortas y botas medianas y botas de caña alta con hebilla y sin hebilla con cierre relámpago o sin y para su confusión la elección también suponía colores: había botas negras marrones azul marino o bordó; de gamuza napa o charol . Con puntas cuadradas redondas y …Sintió que se mareaba y que un sudor frío la recorría . Se despertó en el suelo con gente a su alrededor rescatándola del desmayo.Llegada hacía poco de Bucarest donde todo estaba en falta la sobreabundancia le había resultado insoportable.Cuando me contó esta historia de botas le conté la mía:En la misma época y en plena Dictadura militar argentina acompañada por mi marido -que quería conocer mi país natal- aterrizamos en Bucarest; yo después de 20 años de ausencia. Eran los tiempos de Ceausescu y enero es el más crudo invierno rumano .En las calles la nieve medio derretida te hacía patinar el viento te cortaba la cara. Y yo sin botas de goma. Un primo de mi madre nos hacía de guía. Le dije que las precisaba y con cara perpleja nos llevó a la tienda más grande y “surtida” del centro. Al entrar se acercó a un vendedor y le murmuró algo al oído. Mientras el hombre desaparecía me susurró tipo secreto: “Le vas a tener que dar una propina porque si no te dicen que no tienen mercadería”. ¿Qué? ¿Cómo? Al rato el vendedor reapareció con un par de botas de goma negras Nr. 40.Cuando me las extendió le dije que yo calzaba 35 y que me gustaría otro color. “Es lo único que tenemos” – me contestó de mal humor-. Era el único par y el único color. Deslicé subrepticiamente la propina en su bolsillo pagué la compra en la Caja y me fui calzando las botas de un gigante. Mis pies bailaban adentro pero al lo menos estaban protegidos de lapovita ( aguanieve).Consumismo vs. Comunismo. Capitalismo vs. Colectivismo.Faltan pocos días para que se cumplan 109 años de la justificada Revolución bolchevique que provocara la caída de los zares la creación del primer estado socialista (la Unión Soviética) cambiando la historia del mundo.Así surgieron las dos vertientes económicas (e ideológicas) que aún rigen y dividen a la humanidad. La izquierda y la derecha que en la práctica suelen desvirtuarse mancillando la democracia en nombre de la cual hicieron sus iniciales arengas. Muchas veces también esas supuestas democracias terminan siendo dictaduras de un signo o del otro con excesos de todo tipo.El capitalismo feroz que hoy conocemos ya era en el decir de O ‘Donhue “la adoración del dios de la cantidad donde la publicidad es su liturgia”. Según ese interesante filósofo poeta y sacerdote irlandés (1956-2008) el capitalismo “crea la más terrible de las inequidades y una pobreza cada vez mayor”. Bauman la bautizó Modernidad líquida y Byung Chul Han “la sociedad del cansancio” con ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres y un ritmo de vida vertiginoso.El comunismo estalinista (que yo viví hasta los 13 años) acabó siendo un trágico fracaso. Según palabras de Mario Bunge el comunismo “falló porque lejos de socializar la economía la política y la cultura las estatizó y a su vez sometió el Estado a la dictadura del Partido”. Yo lo vi. Los pobres se convirtieron en ricos y los ricos en pobres y las desigualdades siguieron con restricciones insoportables a las libertades individuales. Por algo fue llamada la Dictadura del Proletariado.Hannah Arendt en La condición humana ya criticaba un consumismo cuya “tendencia inmoderada a adquirir gastar o consumir bienes se convierte en una compra desaforada. Debemos consumir devorar casas muebles coches” escribió.Nunca olvidaré las largas filas que mis padres debían hacer durante horas para comprar un kilo de azúcar o de arroz (u otros alimentos básicos racionados) en aquellos invernales/infernales días. Tampoco olvidaré los negocios con góndolas vacías .Y ¿cómo aceptar por otra parte las injusticias socio-económicas del capitalismo consumista en sus expresiones más desalmadas con esa tiranía del Dios Dinero?Ya de joven pensé que ningún sistema político funcionaba .Que todos producían la infelicidad de sus pueblos. Mi ideología fue y es el escepticismo . Considero que mientras la ciencia y la tecnología avanzan el ser humano no progresó ni un centímetro en su transformación interior en intentar ser mejor como persona (la Metanoia).Me interesaron siempre el socialismo de los países nórdicos de Europa y ver en qué van a terminar los experimentos de economía de mercado mixta de China y Vietnam ( capitalistas en lo económico comunistas en lo político).La realidad nos demuestra que los extremos no funcionan. La carencia de los productos más esenciales que había en los países comunistas volvía desesperante la supervivencia de la gente. Y la sobreabundancia en los países capitalistas transforma el deseo en un pozo sin fondo donde la insatisfacción es permanente creando más deseos más desdicha.Los ideales marxistas siempre serán tentadores para una mente progresista . Pero esos ideales están en los libros. No en la práctica.Cuando mi padre crítico y coleccionista de arte entraba a las librerías de Buenos Aires quedaba fascinado ante los maravillosos libros a la venta editados por Skira . Un día llegó a casa y abatido nos dijo: “En Rumania no podía comprar un solo libro así porque no existían. Aquí están todos pero no tengo la plata para hacerlo”. Pobre papá. Lo definió todo en una frase…Sebreli no se daba por vencido. Creía que había que inventar nuevas utopías.

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