El hincha de Boca se fue de La Bombonera con una certeza tras la caída ante Vasco da Gama por la ida de las semifinales de la Copa Sudamericana: el equipo mereció el empate pero jugó mal y fue superado hasta tener superioridad numérica. Sin embargo esa afirmación decantó en un interrogante: ¿Qué hubiese pasado si Leandro Paredes estaba en cancha? El enigma nunca será resuelto pero la sensación generalizada es que la diferencia habría sido sustancial. "Perdemos un líder y una referencia en nuestro juego" había advertido Rodolfo Arruabarrena en ESPN en la previa y la profecía se cumplió.Con el capitán presente en uno de los palcos el Vasco apostó por un nombre por nombre con el ingreso de Williams Alarcón. El chileno cargó con una mochila que nunca se pudo sacar de encima. Es cierto que resulta imposible en este Boca reemplazar a Paredes y que su ausencia no se note y no es justo medir al ex Huracán con la misma vara pero Alarcón pecó de estático lateralizó en exceso y nunca condujo para romper líneas. Su opaca actuación quedó graficada en los chiflidos que bajaron de las tribunas cuando fue reemplazado a los 13 minutos del complemento. Tampoco pesó en la pelota parada una faceta vital que le fue asignada y que Boca desaprovechó sistemáticamente en cada córner y tiro libre."Sabemos lo que significa Leandro para nosotros. Nos da la pausa que necesitamos pero no creo que tenga nada que ver en el partido de hoy. Tenemos jugadores y lo han demostrado que podemos jugar mejor. Hoy no fue nuestra mejor versión" respondió el Vasco en conferencia de prensa sin dar indicios sobre cómo avanza la posible recuperación del capitán.La ausencia del capitán desnudó falencias estructurales y dividió roles que nadie supo asumir. Milton Delgado el de rendimiento más regular dentro de lo opaco quedó condicionado a los 8 minutos por una temprana amarilla que lo privó de su habitual roce y contacto. Santiago Ascacibar se dedicó a olfatear el área rival pero no aportó en la creación y Carlos Palacios se recostó contra la raya sumido en la intrascendencia y sin aportar pases filtrados.Boca fue superado actitudinal y tácticamente en especial en el primer tiempo donde lució errático nervioso y sin un eje que se hiciera cargo de la pelota. Faltó la voz de mando el orden en el retroceso y el carácter para apurar a un permisivo árbitro Piero Maza.De todas formas evidenciando que el partido fue uno antes y otro después de la tarjeta roja la baja del ‘5’ se sintió aún más en el tramo donde el Xeneize gozó de todo a su favor. Tras la infantil expulsión de Gómez y la salida de Alarcón para el ingreso de Sebastián Villa (quien tampoco aportó claridad al heredar la pelota parada) Delgado quedó como único volante central y Boca empujó por inercia y su gente. Fue allí cuando tuvo por primera vez la tenencia y arrinconó a un Vasco que decidió refugiarse para aguantar. Pero durante esa media hora de dominio el equipo avanzó con pocas ideas y moviendo el balón de un lado al otro invitando por momentos al fastidio del público. Faltó esa cuota de ingenio el pase entre líneas y la visión periférica de Paredes.La conclusión ante aquel interrogante sin respuesta es una: la figura del capitán xeneize se realzó aún más en su ausencia. En lo que fue el décimo partido sin él sobre 46 disputados en 2026 (donde arrastraba un balance estadístico bastante positivo) Boca cedió su invicto de 17 encuentros. Por momentos sobre todo en el primer tiempo la sensación de ser un equipo "Paredes-dependiente" sobrevoló por Brandsen 805.De cara a la revancha de la semana que viene en Brasil con sede todavía desconocida ante las apelaciones el DT tendrá el desafío de que el equipo mantenga la versión mostrada sobre el final y no el flojo nivel exhibido en el primer tiempo para dar vuelta la serie. La solución para conseguirlo es tan simple de enunciar como difícil de ejecutar: reencontrar el volumen de juego colectivo sin Paredes para lograr que su ausencia esta vez se note mucho menos.






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