Hay una diosa escondida en pleno Retiro. Está ahí, en el interior del Palacio Estrugamou, pero para descubrirla hay que detenerse y mirar. La mayoría de quienes pasan frente al edificio de Juncal 783 probablemente nunca imaginó que detrás de esa fachada señorial se encuentra una réplica de una de las esculturas más famosas de la historia del arte como lo es la Victoria de Samotracia .
El hallazgo forma parte de “Ciudad Cambalache. Ensayo sobre la desmesura porteña” (Editorial Dunken) el nuevo libro de la periodista y escritora Mariela Blanco , dedicada desde hace años a investigar la historia urbana, la arquitectura y el patrimonio de Buenos Aires.
Por su trabajo de divulgación sobre la ciudad, la Asociación de Amigos de Avenida Corrientes impulsó el descubrimiento de una placa de bronce sobre la fachada del Teatro Ópera por su aporte a la difusión y puesta en valor de la cultura y el patrimonio porteños.
En el libro, Blanco vuelve a mirar aquello que los porteños tienen delante de los ojos y muchas veces no ven . En el caso del Estrugamou, la historia empieza mucho antes de llegar a Buenos Aires.
La Victoria de Samotracia apareció en 1863, enterrada en la isla griega de Samotracia. Estaba incompleta, sin cabeza y sin brazos, y durante años su significado permaneció parcialmente oculto. Recién en 1875 apareció la proa de un barco sobre la que había sido instalada y pudo comprenderse que la figura había sido concebida para anunciar un triunfo naval.
Creada probablemente en Rodas a comienzos del siglo II antes de Cristo, la escultura pertenece al período helenístico. Representa a Nike, la diosa griega de la victoria , una figura femenina alada que anunciaba los triunfos y acompañaba los rituales destinados a agradecer a los dioses.
La obra original, hoy en el Museo del Louvre, conserva incluso incompleta una extraordinaria sensación de movimiento. La ropa parece agitada por el viento y las alas transmiten la impresión de que la figura acaba de aterrizar sobre la proa de la embarcación.
Dos milenios después, aquella imagen volvería a transformarse en un símbolo de triunfo. En 1971, la diseñadora Carolyn Davidson creó el Swoosh de Nike buscando transmitir velocidad, movimiento y victoria. La forma curva terminó asociándose inevitablemente con las alas de la diosa griega. Millones de personas llevan hoy ese símbolo en zapatillas, camisetas y prendas deportivas sin imaginar que detrás de ese trazo hay una historia que comenzó hace unos 23 siglos.
Buenos Aires tiene su propia Victoria
La réplica está en el Palacio Estrugamou, una construcción de 1929 que ocupa una de las esquinas más distinguidas de Retiro . Su ubicación forma parte del denominado “codo aristocrático” de la calle Arroyo, expresión utilizada por el escritor y periodista Eduardo Mallea para describir la particular curva de esa arteria y el universo social que históricamente la rodeó.
El edificio fue proyectado por Alejandro Fernando Estrugamou Larrat, terrateniente y heredero de una familia vasco-francesa, que lo concibió como un edificio de renta.
“La expresión podía sonar sofisticada, pero se trataba, en definitiva, de departamentos destinados al alquiler. La arquitectura, sin embargo, fue pensada para que esa condición no tuviera nada de ordinaria”, cuenta Blanco a Telefe Noticias.
Revestido en símil piedra París, con ocho pisos y una mansarda de pizarra negra, el Estrugamou reproduce buena parte del repertorio academicista francés. Pilastras, molduras, chimeneas y proporciones monumentales hacen que desde la calle parezca más un palacio particular que un edificio de departamentos.
Esa voluntad de distinción también aparece en los espacios interiores. El edificio fue concebido para compartir determinadas áreas sin que esa convivencia disminuyera la sensación de exclusividad de sus habitantes.
“Por allí pasaron, además, algunos nombres centrales de la historia argentina. Carlos Gardel fue uno de sus vecinos. También vivieron allí el ex presidente Marcelo T. de Alvear y su esposa, la reconocida soprano Regina Pacini. En tiempos más recientes, el edificio tuvo entre sus residentes al ex ministro Domingo Cavallo y al periodista Jorge Lanata”, agrega la autora.
En medio de esa arquitectura, de sus mármoles, sus molduras y sus referencias francesas, aparece la diosa griega. “Está allí, silenciosa, como uno de esos detalles que Buenos Aires parece haber decidido esconder a plena vista”, resalta.
Para Blanco, justamente, ahí reside buena parte del atractivo de la ciudad. Su trabajo como periodista y escritora se concentró en recuperar esas historias que sobreviven en edificios, calles, monumentos y pequeños detalles urbanos que forman parte del paisaje cotidiano.
“La Victoria del Estrugamou está a la vista de todos y, al mismo tiempo, casi invisible. Otra de esas historias que Buenos Aires guarda bajo sus brazos de cemento”, concluye.



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