Los supermercados Ralphs comenzaron a incorporar en algunos locales de Los Ángeles al robot Tally, un dispositivo autónomo que recorre los pasillos para detectar faltantes, productos mal ubicados y posibles errores de precio. La tecnología, desarrollada por Simbe Robotics, busca acelerar el control de inventario, aunque abrió interrogantes entre trabajadores y clientes sobre sus efectos en las tareas del personal y la vigilancia dentro de las tiendas. El debate se concentra en una función que hasta ahora realizan empleados: revisar las góndolas, identificar mercadería agotada y comprobar que los artículos estén en el lugar y con el precio correspondientes. Simbe sostiene que Tally entrega esa información a los equipos para que puedan reponer productos y atender a los compradores con mayor rapidez; los sindicatos temen que el ahorro de horas de trabajo derive en menos turnos o puestos. La llegada de los dispositivos a Ralphs forma parte de una expansión más amplia de la automatización en el comercio minorista. El mercado global del sector, que incluye gestión de inventario, marketing y cajas de pago, pasaría de USD 27.650 millones en 2025 a USD 77.360 millones en 2034, según Fortune Business Insights. Tally escanea las góndolas y avisa al personal sobre faltantes En un Ralphs de Pico Boulevard, el robot circula entre los clientes como una estructura móvil de sensores de unos 1,8 metros de altura. Emite sonidos suaves, alterna luces violetas y verdes, y muestra en su pantalla un saludo: “Hola, soy Tally”. La presencia de la máquina generó curiosidad y desconcierto entre algunos compradores. Ricardo Valadez, agente inmobiliario de 62 años y cliente habitual del local, dijo que creyó que el aparato lo seguía hasta que un empleado le explicó su tarea. “Pensé: ‘¿Qué demonios es eso?’. No sé por qué, pero sentí que me estaba siguiendo”, contó al Los Angeles Times. Tally 4.0 usa cámaras, sensores y programas informáticos para relevar las condiciones de las estanterías. El sistema identifica artículos que se agotaron, que fueron colocados en el sitio equivocado o que presentan discrepancias de precio, y comunica esos datos a los empleados de la tienda. Simbe afirma que el robot no fue diseñado para reconocer ni seguir personas, sino para analizar las góndolas. La compañía presentó en enero la versión más reciente, equipada con chips y software de Nvidia que, según la empresa, aceleran el escaneo y el procesamiento de información sobre los productos. Kroger extendió el uso de los robots a California Kroger, la compañía matriz de Ralphs, utiliza cientos de estas unidades tras pruebas iniciales en Indianápolis y Cincinnati. La empresa extendió después la implementación a California, aunque Ralphs no informó cuántos robots operan en sus tiendas de Los Ángeles. Simbe indicó que más de 3.000 de sus robots fueron contratados para supervisar estanterías en distintos mercados. Además de Ralphs, Tally fue visto en Bristol Farms de Santa Mónica y en cadenas como Lowe’s, BJ’s y Tesco. Un portavoz de Ralphs señaló que Kroger comenzó el año pasado a emplear tecnología robótica para obtener información en tiempo real sobre el inventario. Según la empresa, los datos permiten al personal localizar con mayor facilidad las góndolas con productos escasos o agotados y actuar sobre ellas. La firma fabricante sostiene que el sistema puede aportar datos sobre disponibilidad, ubicación, precios, promociones y estado de las exhibiciones. También plantea que esa información ayuda a decidir dónde ubicar determinados productos y qué precios aplicar, un uso que amplía el alcance del robot más allá del recuento de existencias. Los sindicatos temen que el ahorro de tareas reduzca horas laborales El punto que preocupa a los trabajadores es la cantidad de tiempo que podría sustituir la automatización. Simbe Robotics asegura que Tally puede ahorrar hasta 50 horas de trabajo por semana a cada tienda, una cifra que los sindicatos leen como un posible riesgo para las horas disponibles y los empleos. Rachel Fournier, empleada de un Ralphs ubicado en Vermont Avenue y Adams Boulevard, relató que los robots aparecieron en su local sin aviso previo. “Un día estaban ahí, deambulando por la tienda”, dijo. Para ella, las cajas de autopago y las etiquetas electrónicas ya redujeron la necesidad de personal, y el control de inventario suma otra función que pasa a una computadora. En julio, una filial del Sindicato Internacional de Trabajadores del Comercio y la Alimentación Unidos (UFCW), que representa a empleados de Washington, el noreste de Oregón y el norte de Idaho, rechazó la incorporación de Tally en establecimientos Fred Meyer, también propiedad de Kroger. La organización afirmó que sus afiliados ya hacen ese trabajo y advirtió que trasladarlo a robots puede reducir horas, afectar beneficios y debilitar la organización gremial. Kathy Finn, presidenta de UFCW Local 770, pidió que las empresas consulten a los trabajadores antes de instalar nuevas máquinas. “Nuestros afiliados no deberían enterarse de cambios importantes en su lugar de trabajo solo después de que la nueva tecnología aparece en sus tiendas”, declaró al diario. La inquietud se produce mientras Kroger amplía sus inversiones en inteligencia artificial. David Kennerley, director financiero de la compañía, afirmó en la presentación de resultados de marzo que esa estrategia había generado ahorros. La empresa también anunció el despido de 3.000 empleados corporativos en tres años como parte de una simplificación de sus operaciones. Clientes cuestionan la automatización dentro de las tiendas La discusión no se limita a los empleados. Jennifer Boulanger, residente de Mid-City de 63 años, publicó un video en Nextdoor para criticar la presencia de Tally en un Ralphs y escribió: “Más empleos perdidos por esa basura de inteligencia artificial”. Dijo que prefiere comprar en comercios con menor automatización, aunque tenga que viajar más lejos. En Long Beach, los reparos frente a las cajas de autopago ya derivaron el año pasado en una ordenanza impulsada por trabajadores organizados. La norma obliga a las grandes cadenas de supermercados a mantener una relación mínima entre empleados y terminales de cobro automático. También hubo cuestionamientos de consumidores a las etiquetas digitales, ante la posibilidad de que faciliten precios diferentes para distintos clientes. Las compañías que desarrollan e incorporan robots responden que estas máquinas no reemplazan al personal: sostienen que asumen tareas repetitivas para que los trabajadores dediquen más tiempo a la reposición y a la atención de los compradores.



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