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POLICIALES / TN

Acoso, llamadas y rastros biológicos: los indicios que apuntan contra una familia vecina de Paulina Lebbos

A casi 20 años del crimen, la Corte Suprema de Justicia de Tucumán avaló que se profundice la investigación sobre Jorge Hernán Jiménez, su padre y su hermano, vecinos de la víctima.

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El expediente por el asesinato de Paulina Lebbos en 2006 volvió a tomar impulso en la Justicia tucumana. Aunque la absolución de César Soto y la desvinculación de Sergio Kaleñuk parecían cerrar el caso, la Cámara Conclusional y la Corte Suprema de Justicia de Tucumán resolvieron que la investigación debía continuar, esta vez enfocada en la familia Jiménez, vecinos de la joven estudiante.El nuevo giro del caso, revelado por el diario La Gaceta, puso el foco en Jorge Hernán Jiménez, su padre, Juan Pedro, y su hermano, Juan Marcelo, después de que surgieran indicios biológicos, comunicaciones telefónicas y testimonios que podrían vincularlos con el caso.Uno de los aspectos centrales de esta nueva pista son los testimonios que expusieron llamados e invitaciones insistentes que Jorge Jiménez y su padre le habrían hecho a Paulina antes de que desapareciera.María Sofía Lebbos y Rosa del Carmen Racedo, madre de la joven, relataron durante el juicio oral que ambos hombres la acosaban con comunicaciones telefónicas e invitaciones para salir.Los registros analizados por la Policía de Seguridad Aeroportuaria aportaron otro elemento: hubo reiteradas llamadas no contestadas desde la línea de Juan Pedro Jiménez al celular de Paulina durante los días previos a su desaparición.El propio Juan Pedro Jiménez admitió durante el debate que había llamado a la joven. Además, cuando fue confrontado con sus declaraciones de 2006, reconoció que la había invitado a salir. “Puede ser que sí porque era una mujer y yo un varón”, respondió.El otro elemento que volvió a poner a los Jiménez en el centro de la investigación es de carácter biológico.Durante el juicio se analizaron cabellos encontrados en la mano derecha de Paulina y en su remera. Según las pericias N° 3127 y N° 3149, firmadas por la bioquímica Lilia Moyano, las muestras presentaban coincidencias macro y microscópicas con el cabello de Jorge Hernán Jiménez y descartaban a César Soto.Ese resultado fue uno de los argumentos que impulsaron la necesidad de revisar una línea que, de acuerdo con los cuestionamientos judiciales, no había sido investigada con la profundidad necesaria.Los vehículos que utilizaban los integrantes de la familia también quedaron bajo la lupa de la Justicia.Juan Marcelo Jiménez reconoció que en 2006 manejaba un Renault 9 rojo con el que realizaba viajes de pasajeros. El dato llamó la atención porque el auto era similar al que algunos testigos describieron como el remis que Paulina habría tomado al salir del boliche.Su padre, Juan Pedro, tenía un camión Scania que solía estacionar frente al monoblock de la calle Estados Unidos.Los jueces cuestionaron que la investigación se hubiera concentrado en César Soto como responsable del traslado del cuerpo hasta Tapia, pese a que no tenía auto ni carnet de conducir, mientras que los movimientos y los vehículos de los vecinos no habrían sido examinados de manera exhaustiva.El fiscal Carlos Sale se había opuesto a profundizar esta línea y calificó de “inoficioso (por no decir ridículo)” investigar a los Jiménez a casi 20 años del hecho.Sin embargo, la Corte tucumana rechazó su recurso. El fallo contó con el voto de Claudia Sbdar y la adhesión de Stella Maris Arce y Wendy Kassar, quienes avalaron que se avance sobre los indicios que surgieron durante el juicio.Leé también: “Este crimen creció conmigo”: así es la vida de la hija de Paulina Lebbos 20 años después del femicidioLa resolución también remarcó que el Estado tiene la obligación de investigar con debida diligencia reforzada los crímenes contra mujeres. En ese sentido, citó jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, incluidos los casos “Campo Algodonero” y “Fernández Ortega”, para sostener que deben agotarse las líneas de investigación disponibles.El crimen de Paulina Lebbos ocurrió en 2006 y, a casi dos décadas, sigue marcado por las dudas y los cuestionamientos sobre el rumbo de la investigación.

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