Priscila Noriega tiene 10 años y encontró una forma especial de demostrarle su amor a su familia: sorprenderla con pequeños gestos. Hace unos días, en Carmen de Patagones, al sur de la provincia de Buenos Aires, decidió esperar a su mamá, Yanina, con la comida hecha. Lo que no imaginaba era que ese momento íntimo terminaría recorriendo las redes sociales y emocionando a miles de personas.La escena quedó registrada en un video que se volvió viral. Después de una jornada complicada en la feria, Yanina llegó a su casa y se sentó en el sillón. Frente a ella estaba su hija, que la esperaba con una gran olla de guiso. La reacción de la mujer fue inmediata: la sorpresa la desbordó y sus ojos se llenaron de lágrimas.Leé también: Su papá murió cuando tenía ocho años y él le sacaba los piojos: ahora convirtió ese recuerdo en un emprendimiento“Me sentí tan frágil, tan vulnerable, sentí que tenía la misma edad que ella en ese momento. Me recordó a mi infancia, a cuando era niña”, contó Yanina en una entrevista con TN. Y resumió lo que significó aquella escena con una frase que explica por qué hay recuerdos que quedan para siempre: “Fue el momento más hermoso de mi vida y seguramente uno de los recuerdos más lindos para ella”.Detrás de ese abrazo y de esas lágrimas había mucho más que un plato de comida. Priscilla había notado que sus papás estaban atravesando un día difícil y quiso hacer algo para acompañarlos. “Quería hacerlos sentir que valoraba lo que estaban haciendo por mí y se me ocurrió sorprenderlos”, explicó la nena.La cocina, además, no era un territorio desconocido para ella. Desde chica, su mamá la dejaba meter las manos en la masa y probar distintas preparaciones. “Me encanta cocinar cosas, dulces, saladas”, contó Priscilla. Con el tiempo, ese gusto se convirtió en una forma más de expresar su cariño, de devolver un poquito de todo lo que recibe y de hacer sentir bien a quienes la rodean.Yanina y su esposo tienen dos hijos: Priscilla, de 10 años, y Lisandro, de 8. La familia vive en Carmen de Patagones y trabaja para salir adelante. Ella se dedica a la venta de juguetes y participa en ferias comunitarias y de emprendedores, donde encuentra oportunidades para sostener su actividad.“Donde hay una feria, me anoto y me voy”, contó sobre una rutina que exige esfuerzo y constancia. En ese contexto, la sorpresa de su hija adquirió un significado todavía más profundo: fue una manera de reconocer el trabajo cotidiano de sus papás y de demostrarles que todo ese esfuerzo no pasa inadvertido.Pero cuando Yanina habla de Priscilla, no se queda solamente con aquel video que conmovió a las redes. Hay algo de su personalidad que la llena de orgullo: la manera en que su hija mira el mundo y se relaciona con los demás.“Admiro lo compañera que es, lo inteligente, lo simpática, lo extrovertida. Le cambia el humor a cualquier persona. Es súper dulce”, dijo sobre la nena.Priscilla, por su parte, también tiene muy claro qué es lo que más admira de su mamá. “Aunque no venda nada o se le rompa la moto, ella siempre va a estar con una hermosa sonrisa”, expresó. Una descripción sencilla, pero cargada de significado: la de una hija que observa de cerca las dificultades de su mamá y, aun así, encuentra en ella un ejemplo de fortaleza.La cocina no es la única actividad que entusiasma a Priscilla. Hace aproximadamente dos años empezó a grabar videos con su celular y, de a poco, fue encontrando su lugar en las redes sociales.Al principio, Yanina tenía miedo. Como cualquier mamá, se preocupaba por los riesgos de exponer a su hija en internet. Sin embargo, con el tiempo decidió acompañarla y darle confianza para que pudiera desarrollar esa faceta creativa, siempre bajo su supervisión y desde su propio teléfono. “Empezó con un video por día y después no pude pararlo”, recordó entre risas.Leé también: Su papá murió, se hizo camionera y encontró en las rutas una forma de salir adelante: “Le perdí el miedo a todo”La familia tuvo que acostumbrarse al entusiasmo de la nena y a sus ganas de seguir creando contenido. Tanto, que en algún momento sus papás pensaron en borrarle la cuenta. “Hasta tenían miedo de que me llevaran los marcianos”, bromeó Priscilla, al recordar aquellos temores.Hoy, hacer videos es una de las cosas que más disfruta, junto con ir a patín y compartir tiempo con su familia. También valora algo que para ella tiene un significado especial: la casa que sus papás terminaron de construir hace apenas un mes, después de mucho esfuerzo.En esa vivienda, donde cada avance representa horas de trabajo y sacrificio, ocurrió la escena que tantas personas vieron en sus teléfonos. Una nena preparando la comida, una mamá que llega cansada y una emoción que no necesita demasiadas explicaciones.En la previa del Día de la Madre, las preguntas suelen girar alrededor de los regalos, los festejos y las sorpresas. Para Yanina, sin embargo, el deseo más importante no tiene que ver con nada material.“Ver crecer a mis hijos sanos y felices. Poder disfrutar hasta que Dios me lo permita de ellos”, dijo. Quizás por eso el video con Priscilla llegó tan hondo. Porque no muestra una celebración preparada ni un regalo costoso, sino algo mucho más cercano: una hija que ve el esfuerzo de sus padres y encuentra una manera de agradecerlo; una mamá que, por un instante, vuelve a sentirse niña frente a un gesto de amor inesperado.Priscila quería hacerlos sentir que valoraba todo lo que hacían por ella. Yanina terminó llevándose un recuerdo que, como ella misma dijo, seguramente conservará para siempre.
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