“El punto número uno del éxito es conseguir un buen socio para las buenas y, fundamentalmente, para las malas”, contó a TN Gustavo Moya, uno de los emprendedores fundadores de Mistizal, una empresa que nació casi por casualidad en un departamento de Quilmes y que hoy factura $700 millones anuales. Junto a Fernando Peiretti, su amigo desde los 3 años, convirtió una curiosidad compartida en un negocio que produce 1000 kilos de café por mes y tiene como próximo objetivo multiplicar por diez esa cantidad en menos de un año.Gustavo y Fernando hicieron juntos la primaria y la secundaria y después comenzaron a estudiar Ingeniería Civil. Durante la universidad, Fernando viajó de intercambio a Colombia y descubrió un universo que hasta entonces desconocía. Gustavo tuvo una experiencia similar en Brasil. “Ahí fue cuando nos voló la cabeza a los dos”, recordó Moya. Les llamó la atención la diversidad de granos, regiones y sabores, y comenzaron a comparar ese mundo con el del vino.Cuando regresaron, las reuniones entre amigos se convirtieron en oportunidades para probar variedades que compraban en sus viajes o en distintas cafeterías. Hasta que, a fines de 2019, decidieron experimentar por su cuenta. Gustavo, que trabajaba como becario en un laboratorio universitario, destinó sus ahorros a comprar una pequeña tostadora y un molino. La inversión inicial fue de US$500.Los primeros intentos estuvieron lejos de ser exitosos. Cuando buscaron comprar granos verdes, un importador se negó a venderles porque consideró que la máquina era demasiado pequeña. Después de insistir, consiguieron su primera bolsa. “Convencido, le dije que en un mes le compraba otra. Mentira, nos duró como cuatro meses”, recordó entre risas Gustavo.Tampoco sabían dominar el proceso. “Quemábamos los granos; lo probábamos y no nos gustaba, seguíamos probando, investigábamos, hacíamos cursos”, relató. Mientras aprendían, decidieron crear una marca y encargaron 5000 bolsas para vender por internet. Apenas las recibieron, descubrieron que el nombre ya estaba registrado y tuvieron que abandonar todo ese packaging. Quedaron en la casa familia; tiempo después, su papá decidió venderlas como chatarra y con ese dinero hicieron un asado.La pandemia les abrió una oportunidad inesperada. Comenzaron a promocionar sus productos por Instagram, enviaron muestras a músicos y famosos y los pedidos crecieron rápidamente. Pero la producción todavía funcionaba en el pequeño departamento de dos ambientes de Fernando, en Quilmes, y la tostadora no resistió el ritmo.“En un momento estábamos tostando y empezamos a sentir olor a quemado. Entramos y estaba prendida fuego toda la tostadora”, contó Gustavo. El episodio los obligó a decidir si abandonaban el proyecto o invertían en una máquina más grande. Eligieron seguir adelante.Durante la pandemia también abrieron una cafetería con un amigo. Aunque el negocio funcionó bien, después de un año decidieron venderla porque prefirieron dedicarse a la producción y distribución. “No nos gustaba ser los frontman de un negocio”, explicó.En 2024, los socios amigos dieron el salto más importante de su historia emprendedora y montaron un tostadero industrial en una casa del centro de Quilmes, equipado con una máquina brasileña de 10 kilos por tanda. La nueva infraestructura les permitió ampliar la producción y desarrollar una cartera de clientes mayoristas.A principios de 2025 producían alrededor de 100 kilos mensuales y terminaron ese año con 350. Para 2026 se propusieron alcanzar los 1000 kilos, una meta que cumplieron en septiembre. Actualmente, abastecen a 45 clientes mayoristas y también venden directamente al consumidor a través de su tienda online, con entregas a todo el país.La empresa ofrece variedades de Brasil, Colombia, Etiopía, Perú y Costa Rica, tanto en grano como molidas. El canal mayorista, que hasta el año pasado tenía menor peso que las ventas particulares, pasó a representar la mayor parte de la facturación.Los fundadores mantienen una política de reinversión constante para financiar el crecimiento. “Nos propusimos reinvertir absolutamente todo en la mejora continua de procesos, de productos y en hacer que nuestros clientes vendan más”, explicó Gustavo. De hecho, recién comenzaron a cobrar un salario a mediados de 2025.Después de alcanzar su meta de producción, los socios proyectan superar los 10.000 kilos mensuales en 2027. Para mejorar los márgenes, tienen previsto viajar a Brasil el 5 de noviembre y visitar fincas, productores y cooperativas para avanzar en la compra directa de materia prima.El crecimiento también está condicionado por una decisión ambiental. Mistizal descartó fabricar cápsulas tradicionales por los residuos que generan y comenzó a ofrecer baldes retornables a las cafeterías para reemplazar los envases descartables.Además, desarrolló para un hotel de la zona sur un sistema individual de preparación, llamado Coffee Drip Bag, con filtros, envoltorios y etiquetas compostables que, por ahora, solo se comercializa entre hoteles y oficinas.A futuro, los socios también quieren exportar y habilitar un espacio de degustación y retiro de pedidos en el tostadero, sin abrir otra cafetería que compita con sus clientes.Después de casi siete años de pruebas, inversiones y cambios de rumbo, Gustavo concluye que el crecimiento no se explica solamente por la calidad del producto. “Un negocio no se hace de un día para el otro, lleva tiempo y la parte más importante es la confianza”, afirmó.
Noticia de TN. Consultá la publicación original para conocer sus actualizaciones.
Leer en TN ↗