De las casi 800 personas que intentaron terminar la Barkley Marathons desde 1995, solo 20 lo lograron. La prueba se disputa cada año en el parque estatal de Frozen Head, en Tennessee, Estados Unidos, y obliga a recorrer 160 kilómetros a través de bosques sin senderos, con un desnivel acumulado de 18.000 metros y un plazo máximo de 60 horas. Esas cifras la convirtieron en el ultratrail más extremo del planeta. La competencia nació en 1986, cuando Gary Cantrell —conocido como “Laz”— y su compañero Karl Henn trazaron un recorrido por las montañas del parque, un terreno agreste de crestas empinadas y vegetación cerrada. Según la revista Runner’s World, aquella primera edición reunió apenas a 13 corredores que debían cubrir 80,5 kilómetros en menos de 24 horas. Desde entonces, Cantrell fue endureciendo las condiciones hasta convertir la cita en un desafío que la inmensa mayoría de los participantes no consigue superar. En 1988 apareció el primer corredor capaz de cruzar la meta La versión inicial poco se parecía al formato actual. Los 13 atletas de 1986 debían cubrir tres bucles con un límite de un día. Dos años después, “Frozen” Ed Furtaw se convirtió en el primero en completar esa distancia, con un registro de 32 horas y 14 minutos. Con el tiempo, Cantrell amplió la exigencia. En 1989 extendió el recorrido y en 1995 implantó el esquema vigente: cinco vueltas de 32 kilómetros cada una, con un tope global de 60 horas. Las vueltas se alternan en sentido de giro —dos en dirección horaria, dos en dirección contraria y la última según la elección del líder—, lo que impide memorizar el terreno en un solo sentido. El desnivel positivo acumulado asciende a 18.000 metros, casi el doble que el del Ultra-Trail du Mont-Blanc (UTMB), la otra gran referencia de este deporte. Además, el trazado cambia cada edición: los competidores reciben el mapa recién la víspera de la largada. Dispositivos electrónicos prohibidos y libros escondidos como único control Las normas de la Barkley eliminan prácticamente toda ayuda externa. Los aparatos GPS, los altímetros y cualquier dispositivo electrónico están vetados. La orientación depende exclusivamente de un mapa de papel y una brújula, en un terreno sin marcas ni señales. Los corredores atraviesan barrancos, crestas y vegetación densa bajo condiciones climáticas que pueden oscilar entre heladas y lluvias torrenciales en cuestión de horas. No existen puntos de avituallamiento durante el trayecto. El único lugar donde los participantes pueden abastecerse es la zona de salida, al inicio de cada vuelta. La asistencia externa también queda vedada hasta que el corredor termine el circuito en curso. Para verificar que cada atleta siguió el itinerario correcto, la organización esconde entre 9 y 15 libros en puntos estratégicos del bosque. Cada competidor debe encontrarlos y arrancar la página que coincide con su número de dorsal. Si falta una sola página, la vuelta puede quedar invalidada. El proceso de inscripción resulta igual de atípico. Los interesados deben conseguir por cuenta propia el contacto de Cantrell —dato que permanece en reserva— y enviar una carta de motivación en una fecha exacta que no se anuncia de antemano. La cuota asciende a USD 1,60, un centavo por cada kilómetro del recorrido. Los debutantes entregan, además, una matrícula de automóvil de su país. La largada se comunica con apenas una hora de antelación mediante una caracola. En 2024 terminaron cinco corredores, un récord absoluto, pero en 2025 ninguno cruzó la meta El historial refleja la dureza de la competencia. Desde 1995, cerca del 63 % de las ediciones terminaron sin ningún finisher. Quienes logran completar tres vueltas en menos de 40 horas reciben el irónico reconocimiento de la “Fun Run”. La edición de 2023 rompió una sequía de seis años sin finishers. Tres atletas llegaron a la meta: el francés Aurélien Sanchez, con un tiempo de 58 horas, 23 minutos y 12 segundos; el estadounidense John Kelly; y el belga Karel Sabbe. Un año después, la carrera registró una marca inédita: cinco corredores terminaron en 2024, entre ellos Jasmin Paris, que se convirtió en la primera mujer en completar la Barkley con apenas 99 segundos de margen antes del cierre. Sin embargo, la edición de 2025 devolvió la prueba a su norma. Tras aquel récord, Cantrell y su sucesor en la dirección técnica, Carl Laniak, añadieron un nuevo tramo que sumó al menos 45 minutos a cada vuelta, según informó Runner’s World. De los 40 inscritos que tomaron la salida, solo 10 superaron la primera vuelta y apenas cuatro completaron la segunda. Kelly, en su novena participación, fue el único que obtuvo la “Fun Run” con un registro de 39 horas y 50 minutos. En febrero de 2026, con una largada adelantada al invierno y temperaturas cercanas a los -5 ℃, la prueba volvió a quedar sin finishers: solo el francés Sébastien Raichon completó la “Fun Run” en 38 horas y 5 minutos.





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