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Débora Nishimoto: la señal en “Envidiosa” que anticipó su boda con Lamothe, sus proyectos teatrales y el recuerdo de su abuela japonesa

La actriz se prepara para dar el sí después de una propuesta en una isla de Chile. Protagoniza tres obras de teatro y prepara su primer libro de poesía. En diálogo con TN, recordó cómo nació la historia de amor y habló de su naturalidad para aceptar los cambios.

Imagen de la noticia: Débora Nishimoto: la señal en “Envidiosa” que anticipó su boda con Lamothe, sus proyectos teatrales y el recuerdo de su abuela japonesa

Hace casi dos años, Débora Nishimoto hablaba con TN de una fama que había llegado de golpe. El éxito de Envidiosa la había convertido en una cara reconocida y, casi al mismo tiempo, una foto borrosa junto a Esteban Lamothe había despertado los rumores de romance. En aquel momento, la actriz confirmó que se estaban conociendo. Hoy, la historia avanzó mucho más: comparten casa, proyectan su casamiento y construyen una vida en común.“Me pasa que quiero el amor para toda la vida”, reconoce Débora al mirar su presente sentimental. No siempre lo había imaginado así. Durante mucho tiempo, casarse no estuvo en sus planes, pero algo cambió cuando conoció al actor. Leé también: “A mí me dolía la vida”: Julián Weich recordó el momento de quiebre en pleno éxito y contó cómo logró cambiar sus prioridadesLa propuesta llegó el 31 de diciembre del año pasado, durante un viaje a Chiloé, una isla de Chile. Estaban solos, en una casa que habían alquilado, y Lamothe tenía todo pensado: quería esperar hasta la medianoche para entregarle el anillo. Sin embargo, la ansiedad pudo más que la planificación.“Nos fuimos a dormir una siesta y después íbamos a cocinar. Él quería esperar a las 12 para darme el anillo, pero le agarró ansiedad. Me dijo que no podía dormir la siesta y se levantó”, recuerda entre risas.Entonces llegó el momento. “Me dijo algo así como: ‘Te amo, ¿Querés ser mi mujer?’. Tuve que ir a buscar los anillos que estaban en una mochila”, cuenta. La espontaneidad terminó siendo parte de la belleza de la escena.Débora nunca se había imaginado vestida de novia ni había pensado que necesariamente iba a casarse. Con Lamothe, sin embargo, apareció otro deseo: el de celebrar. “Siempre hay algo que me gustó y que me une a él, que es la celebración. Hay algo de la fiesta, de la alegría de compartir con amigos y con familia, que fue un poco lo que nos llevó a decir: ‘Hagamos una fiesta de casamiento’”.Leé también: David tiene síndrome de Tourette, dijo “tengo una bomba” en el aeropuerto y no lo dejaron volarLa organización les permitió descubrir diferencias y puntos de encuentro. Uno de los temas que más les costó resolver fue la música: a ella le gusta la electrónica y él tiene otros gustos. Pero el intercambio terminó convirtiéndose en parte de la experiencia.“Él me mostró el reguetón y música que yo no conocía. Me mostró a Rauw Alejandro, que yo no sabía ni quién era. La convivencia también fue un paso importante. Débora dejó el departamento en el que vivía con su gata y se mudó con Lamothe, que tiene un perro. A la nueva casa se sumaron también el hijo del actor y la dinámica de una familia ensamblada.“Unimos perro, gato, el hijo de él y nosotros. Y la verdad que viene siendo espectacular”, asegura. Incluso los animales se adaptaron mejor de lo que esperaba: “Pensé que iba a llevar un tiempo de acomodamiento, pero los dos son viejitos, entonces está cada uno a la suya”.Mientras se prepara para el casamiento, Nishimoto vive una etapa de intensa actividad artística. Actualmente participa en tres obras teatrales, una agenda que, reconoce, tampoco se había imaginado tiempo atrás.Los viernes está con Los Miedos, en el Galpón de Guevara, una propuesta que lleva nueve temporadas y que combina actuaciones, música en vivo e improvisación. Los sábados forma parte de Delfina, en el espacio El Callejón, y los domingos presenta La distancia infinita, en el Cultural Morán.Entre esos proyectos, La distancia infinita ocupa un lugar especial: es su primera obra como autora, además de actriz. La escribió junto a Ernestina Gatti y Sonia Stigliano, a partir de encuentros, improvisaciones y lecturas compartidas. El proceso comenzó hace más de cuatro años, atravesó pausas y finalmente encontró su forma definitiva.Leé también: Adopción en la Argentina: cada vez se anotan menos familias, hay miles de chicos que esperan y a los más grandes no los eligen“Me emociona mucho haberla estrenado, porque fue un proceso muy largo. En un momento la habíamos dejado y después la retomamos”, cuenta.La obra tiene algo de autobiográfico. Nishimoto interpreta a una traductora de poesía, una profesión que conecta con su propia formación: estudió el traductorado de inglés y también Letras. Durante un tiempo soñó con dedicarse a traducir poesía, antes de que la actuación se convirtiera en una parte central de su vida.“Hay algo mágico de la vida. Cuando dejé el traductorado, pensé que tal vez me iba a dedicar más a la actuación. Seguía leyendo y me seguía encantando escribir. Y ahora me encuentro representando a una traductora de poesía”, explica.Para ella, el teatro también es una forma de recuperar el deseo propio. En lugar de interpretar solamente un texto escrito por otra persona, pudo preguntarse qué quería contar y qué quería hacer como actriz.“Uno cuando es actor o actriz representa lo que otro te dice, lo que alguien escribió para vos. Y acá estoy actuando lo que yo me escribí para mí”, reflexiona.La obra presenta a dos mujeres que, a partir de un poema, plantean preguntas sobre el amor, la libertad y la vida. Aunque la poesía pueda parecer un universo difícil de abordar, Nishimoto busca acercarla al público con humor y ritmo.“No es una obra solemne. Es graciosa, tiene ritmo. También es ver a dos actrices que son amigas pasándola bien en escena”, describe.La escritura también se convirtió en un espacio cada vez más importante para la actriz. Después de años de escribir y de animarse a compartir sus textos en lecturas públicas, terminó de editar su primer libro de poesía junto con Daniel Durand, un poeta al que admira.La publicación está prevista, en principio, para el año que viene. Aunque todavía evalúa el título, uno de los poemas que más la representa está dedicado a su abuela japonesa y podría inspirar el nombre del libro.“El primer poema mío que me animé a leer es sobre mi abuela japonesa. Ella me inspiró mucho a escribir porque fue una manera de bajar un poco algo de los sueños que tenía con ella, una manera de reconectar”, explica.Su abuela falleció joven y como hablaba solamente japonés, la comunicación entre ambas fue limitada. La poesía le permitió recuperar recuerdos y construir un vínculo desde otro lugar.En ese sentido, Débora recuerda cuando su abuela iba a buscarla al colegio. Ella tenía ocho años y, en ese momento, le daba vergüenza llamar la atención por sus rasgos y por la manera extravagante en que se vestía su abuela: los colores, las uñas rojas, los párpados turquesas y el maquillaje.“Como después pude reconectar y amigarme con ese lado y llevarlo en alto y estar muy orgullosa de mis orígenes, fue todo un camino”, dice.Ese recorrido también atraviesa su mirada sobre el lugar de las personas de origen asiático en la ficción argentina. Para Nishimoto, todavía es importante que haya más actores y actrices asiáticos en papeles que no estén asociados a su imagen.“Hoy en día, alguien de mi edad, de origen japonés, es tercera generación, o sea, megaargentino, y todavía falta ver en una novela argentina a un abogado japonés, que no sea siempre el dueño del restaurante de sushi”, plantea.Cuando Nishimoto habló con TN en noviembre de 2024, todavía estaba asimilando el impacto de Envidiosa. Recordaba que, apenas una semana después del estreno, había viajado a España y se encontró con chicas que la reconocieron en el aeropuerto y querían sacarse fotos con ella.Dos años después, la exposición ya no la toma por sorpresa. “Lo viví muy tranquila y con mucho amor. Todo el acercamiento de la gente y la masividad siempre fue desde el amor, así que es muy lindo recibir el cariño de la gente y que te conozcan por tu trabajo”, sostiene.La serie también fue el escenario en el que comenzó su relación con Lamothe. En la entrevista anterior, entre risas, había reconocido que eran ellos los que aparecían en aquella foto borrosa que disparó los rumores. Ahora, al mirar hacia atrás, encuentra señales que la conmueven.Una de ellas es una escena que filmaron para la ficción, en la que su personaje le preguntaba a su pareja si era un buen hombre para ella. La respuesta hacía referencia al casamiento. Tiempo después, Débora recuperó ese fragmento en un posteo sobre su historia de amor y lo interpretó como una señal.“No me olvidé de esa frase. Me acordé del ‘en el sentido de casamiento’, que es rarísima. Cuando nos comprometimos, compartí el corte de ese diálogo. Estaba todo dicho”, recuerda.También piensa en los pequeños encuentros que fueron construyendo la relación. El primer libro que Lamothe le prestó fue de Daniel Durán, el mismo poeta que años después la ayudó a editar su propio libro.“Me prestó un libro que me encantó. ‘Dije: ‘¡Wow, qué poeta increíble!’. Y después termino editando mi libro de poesía con él, a quien conocí a través de Esteban. Me emociona todo lo que fue pasando y cómo nos acompañamos”, cuenta.Hoy, entre el teatro, la poesía, la convivencia y los preparativos de la boda, Nishimoto parece encontrar un punto en común entre las distintas versiones de sí misma: la actriz que se hizo conocida de golpe, la estudiante de Letras, la nieta que volvió a conectar con sus raíces y la mujer que se anima a imaginar un futuro que antes no tenía planeado.“Está bien cambiar”, dice. Y en su presente, esa frase parece funcionar como una declaración de principios.

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