Durante años, Soledad Bossa imaginó cómo sería volver a tener un bebé en brazos. Ya era mamá de un varón, pero soñaba con agrandar la familia. Lo intentó una y otra vez, hasta que tres embarazos que no llegaron a término fueron apagando esa ilusión. Con cada pérdida, la posibilidad de volver a ser madre parecía alejarse un poco más.Hasta que un día, cuando las espinforeranzas estaban a punto de agotarse, decidió aferrarse a la fe. Fue durante una procesión religiosa en Salta, donde hizo una promesa: pidió un hijo y juró que, si su deseo se hacía realidad, regresaría a esa misma iglesia para agradecer, esta vez con su bebé en brazos.Leé también: León XIV creyó que Bergoglio nunca lo nombraría obispo: una relación que pasó del conflicto a la amistad entre los dos papasHoy, más de un año después, Soledad tiene a su pequeña Betsabé Franchesca Antonia y se anima a soñar otra vez. Ahora, su mayor deseo es que el papa León XIV bautice a su hija durante la eventual visita del pontífice a la Argentina.“Una vez pedí un milagro y hoy lo tengo en mis brazos”, contó la mujer emocionada en un video que compartió con TN.Sin embargo, antes de llegar a eso, Soledad superó distintas adversidades. Ella es de Bell Ville, Córdoba, aunque por cuestiones familiares vivió durante un tiempo en El Tunal, una localidad salteña. Ahí, en julio de 2025, decidió acompañar a su marido en una procesión hacia El Galpón, donde se celebra la festividad de San Francisco Solano.Para entonces, habían pasado 15 años desde el nacimiento de su primer hijo. En ese tiempo había atravesado tres pérdidas gestacionales y, con ellas, el dolor de despedirse de los hijos que tanto había esperado.Leé también: Por qué hay que esperar definiciones fuertes del papa León XIV sobre la realidad de la Argentina“Con cada pérdida iba disminuyendo un poquito mi esperanza”, recordó la mujer en diálogo con TN.Aquel día, entre los fieles que avanzaban hacia la iglesia, Soledad llevaba un pedido que no había conseguido abandonar. Durante todo el recorrido se acarició el vientre y rezó para volver a quedar embarazada. No sabía si alguien escucharía sus ruegos, pero necesitaba intentarlo una vez más.“Me iba tocando la panza y pidiendo con unas fuerzas infinitas, que nadie se imagina, volver a ser madre”, relató.Cuando finalmente llegó a la iglesia de El Galpón, se acercó a la imagen de San Francisco Solano. Ahí, a sus pies, puso en palabras aquello que llevaba tanto tiempo deseando y le hizo una promesa: si conseguía tener otro hijo, llevaría su nombre y regresaría al santuario de Salta para agradecerle.“Deseo ser madre de nuevo. Te lo pido por lo que más quieras. Deseo enteramente tener otro bebé”, recordó Soledad sobre aquella oración. También prometió que, si nacía una nena, la llamaría Franchesca; si era un varón, Franchesco.Soledad, que también es devota del Gauchito Gil, emprendió el camino de regreso a su casa sin ninguna certeza. No había respuestas ni garantías. Solo una promesa hecha y la esperanza, todavía frágil, de que su pedido fuera escuchado.Pasó un mes y medio hasta que Soledad decidió hacerse un test de embarazo. Después de tantas pérdidas, había aprendido a protegerse de las ilusiones. Quería saber el resultado, pero también tenía miedo de volver a entusiasmarse y sufrir otra decepción.Esta vez, sin embargo, aparecieron las dos rayitas que tanto había esperado. “No podía creerlo. Con tantas pérdidas, volver a ser mamá era todo un milagro para mí”, expresó.La felicidad llegó acompañada de nuevos temores. Soledad sabía que un resultado positivo era apenas el comienzo y que todavía quedaban muchos meses por delante. Por eso, durante todo el embarazo siguió rezando y, cada vez que visitaba El Galpón, volvía a la iglesia para pedir que su bebé creciera sana y pudiera nacer sin complicaciones.Hasta que llegó el día que tanto había imaginado. El 21 de mayo de 2026 nació Betsabé Franchesca Antonia. Su segundo nombre no fue elegido al azar: llevaba consigo el recuerdo de aquella procesión y la promesa que su mamá había hecho cuando todavía no sabía si volvería a tener un hijo.Dos meses después, el 24 de julio, Soledad regresó a la iglesia de El Galpón. Había recorrido ese mismo camino un año antes, con las manos sobre el vientre y un deseo que parecía imposible. Esta vez lo hizo con su hija en brazos. “Volví para agradecer”, resumió.Desde entonces, se propuso visitar cada día 24 a San Francisco Solano junto a su beba. Y si alguna vez, por cualquier motivo, no puede viajar a Salta, organizará una misa en su ciudad, en Córdoba.“Nadie sabe por todo lo que pasé para tener a mi bebé”, explicó Soledad. Para ella, cumplir lo prometido es una manera de agradecer aquello que durante tanto tiempo creyó que no volvería a vivir.Ahora, mientras disfruta de los primeros meses de vida de su hija, Soledad se permite imaginar algo que hasta hace poco ni siquiera se le hubiera ocurrido: que el papa León XIV sea quien bautice a Betsabé si finalmente visita la Argentina.Sabe que conseguirlo será difícil. Que entre tantos fieles que esperan conocer al pontífice, su deseo puede parecer demasiado grande. Pero cada vez que piensa en esa posibilidad vuelve, inevitablemente, a aquella caminata hacia El Galpón, cuando también parecía muy lejano el sueño de volver a ser mamá.Porque en su historia también hay lugar para otras personas y figuras a las que agradece: su papá que murió, la Virgen de la Asunción y el papa León XIV, a quienes tuvo presentes durante todo ese tiempo.Para Soledad, el nacimiento de Betsabé fue la respuesta a años de ruegos. Y aunque no sabe si algún día podrá acercarse al pontífice con su hija, no quiere renunciar a la posibilidad de verla recibir el bautismo de sus manos.“Ahora sueño con que el Papa pueda darle su bendición a través del bautismo”, dijo la mujer a TN con la sonrisa de quien sabe que puede lograr mucho.Después de tres pérdidas, una promesa y una larga espera, Soledad encontró una forma de resumir todo lo que vivió. Es también el mensaje que quiere dejarles a quienes, como ella, alguna vez sintieron que sus sueños se volvían inalcanzables: “Nunca hay que perder la fe ni la esperanza”.La primera vez que llegó a aquella iglesia, llevaba las manos sobre el vientre y pedía volver algún día con un bebé en brazos. Un año después regresó con Betsabé. Ahora, mientras la ve crecer, espera que la vida vuelva a sorprenderla.
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