La actividad económica intentó recuperarse en agosto, pero lo hizo con una debilidad que no permite despejar las preocupaciones. Después del fuerte retroceso que había sufrido la economía en julio, cuando el estimador mensual de actividad se desplomó un 2,9% en la medición sin estacionalidad, los datos sectoriales de agosto mostraron un rebote demasiado tenue como para compensar semejante caída. El repunte existió, pero su magnitud fue tan acotada que deja a la economía en una situación de fragilidad, con el riesgo concreto de encadenar un nuevo trimestre en terreno negativo.El comportamiento de los grandes sectores productivos ilustra con claridad esa recuperación insuficiente. La industria manufacturera creció un 1,9% mensual en agosto, un avance que luce modesto si se lo compara con la caída del 5,1% que había registrado en julio. De hecho, pese a ese repunte, la producción industrial permanece un 3,3% por debajo del nivel de junio, y en el acumulado de los primeros ocho meses del año arrastra un retroceso del 2,7% interanual. El rebote, en otras palabras, apenas alcanzó para recuperar una fracción de lo perdido en el mes anterior.La minería, un rubro que incluye la extracción de petróleo y gas junto con los minerales no metalíferos, mostró un patrón similar. El sector avanzó un 1,9% en agosto, pero quedó un 1,8% por debajo del registro de junio. A ello se sumó una revisión que agravó el panorama previo, ya que la caída de julio, que inicialmente se había estimado en un 0,9%, terminó corrigiéndose hasta un 3,6%, mucho más pronunciada de lo que se creía. Incluso uno de los motores más sólidos de la economía, el ligado a los recursos naturales, mostró así señales de desaceleración.La construcción fue el sector más rezagado de todos, y el que mejor refleja la debilidad del rebote. La actividad del sector creció apenas un 0,4% en agosto, luego de haberse derrumbado un 4,4% en julio, de modo que recuperó apenas una décima parte de lo que había perdido. En el acumulado del año todavía conserva una leve expansión del 0,8%, favorecida por una base de comparación baja, pero el magro desempeño mensual confirma que la recuperación del sector es extremadamente frágil y que está lejos de consolidarse.El verdadero problema que revelan estos datos es de naturaleza aritmética y conviene explicitarlo. Para que el promedio de actividad del tercer trimestre igualara al del segundo, haría falta que la economía creciera alrededor de un 5% en septiembre, un ritmo que luce francamente improbable a la luz de los indicadores disponibles. En consecuencia, lo más probable es que el producto vuelva a contraerse en el tercer trimestre en la medición desestacionalizada. Y como ya se había registrado una caída del 0,6% en el segundo trimestre, un nuevo retroceso configuraría el escenario de una recesión técnica, que es como se denomina al encadenamiento de dos trimestres consecutivos de contracción.Los indicadores adelantados de comienzos de septiembre no ofrecen un panorama mucho más alentador, sino que confirman la heterogeneidad y la fragilidad de la recuperación. Algunos datos resultaron positivos, como los despachos de cemento, que crecieron un 15,1% mensual tras la caída de agosto, los patentamientos de automóviles, que avanzaron un 10,7%, los de motos, que subieron un 8,3%, y la producción automotriz, que mejoró un 0,9%. Pero otros indicadores siguieron en rojo, como el índice que mide la actividad de la construcción privada, que cayó un 0,6%, y el crédito real al sector privado, que volvió a contraerse un 0,8%, prolongando la debilidad del financiamiento. El mosaico de resultados mixtos refuerza la idea de una economía que no termina de encontrar un rumbo claro.Con este cuadro interno complejo, la novedad más favorable llegó al inicio del mes desde el exterior, más precisamente desde Brasil. El resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en el principal socio comercial de la Argentina, celebrada el 4 de octubre, modificó las expectativas de los mercados. El candidato de la oposición de derecha se impuso con el 47% de los votos frente al 45,2% del actual presidente, una diferencia de casi dos puntos, con la definición postergada para el balotaje del 25 de octubre. Dado que los votos de otros candidatos de ese mismo espacio rondaron los 4,4 puntos adicionales, el mercado comenzó a descontar un eventual cambio de signo político en la mayor economía de la región.La reacción de los activos brasileños fue inmediata y de gran magnitud. El principal índice de la bolsa de San Pablo trepó un 7,7% en una sola jornada, su mayor suba diaria desde marzo de 2020, y acumuló un alza semanal del 8,6%. El real se apreció un 4,4% frente al dólar y el ingreso de capitales extranjeros alcanzó un récord desde que existen registros comparables, en 2008.Ese envión se contagió parcialmente a los activos argentinos, con subas del principal indicador de la bolsa local y el riesgo país perforando nuevamente la barrera de los 600 puntos básicos, aunque luego volvió a superarla. La mejora del humor regional funcionó, al menos transitoriamente, como un alivio para los papeles locales.Conviene, de todos modos, no perder de vista la perspectiva de más largo plazo, que relativiza ese entusiasmo. Si se compara el desempeño de los activos a lo largo del año, medido en dólares, el contraste entre ambos países es notorio, ya que mientras el mercado brasileño acumula una ganancia cercana al 37%, el argentino registra una caída del orden del 13%, una brecha de unos 50 puntos porcentuales. Ese diferencial refleja que, más allá de los vaivenes de corto plazo y de los impulsos externos, los activos argentinos siguen castigados por la incertidumbre propia, vinculada tanto a la debilidad de la actividad como al clima electoral que se avecina.El balance deja, en definitiva, una economía que combina una recuperación interna que no logra afianzarse con un respiro financiero de origen externo. El flojo rebote de agosto confirma que la actividad sigue siendo el principal talón de Aquiles del programa, con la amenaza cada vez más concreta de una recesión técnica en el tercer trimestre. El alivio que aportó el resultado electoral brasileño es bienvenido, pero no deja de ser un factor exógeno y volátil, que poco dice sobre la capacidad de la economía argentina para resolver sus propios problemas. La tarea de fondo, la de lograr que la actividad y el crédito se reactiven de manera sostenida, continúa pendiente.(*) Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA.
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