EL ESPECTÁCULO SE VIVE DE CERCA@desenchufadas.ok ↗
← Volver a las noticias
GENERAL / CLARIN

Lectores: “Querida mamá, este día no voy a poder abrazarte, sólo tengo palabras”

El lector Roberto Peláez cuenta cómo fue su primer Día de la Madre sin Antonia. Las enseñanzas que quedaron, las discusiones y la reconciliación.EL COMENTARIO DEL LECTOR. Las flores se marchitan, las palabras permanecen.

Imagen de la noticia: Lectores: “Querida mamá, este día no voy a poder abrazarte, sólo tengo palabras”

Este va a ser el primer Día de la Madre sin vos. Y todavía me cuesta escribir esa frase. Por primera vez no voy a llegar con tus flores. No voy a buscar un regalo ni voy a poder abrazarte y decirte “Feliz Día mamá”. Durante toda la vida creí que esos pequeños rituales iban a estar siempre. Hasta que un día dejan de estar.Y entonces uno descubre algo extraño: que se sigue siendo hijo aunque ya no tenga a su mamá. Pienso mucho en vos. A veces quisiera contarte algo que pasó alguna noticia alguna de esas cosas que seguramente hubiéramos discutido. Por un instante aparece el impulso de decírtelo. Y enseguida recuerdo que ya no puedo. Creo que esa es una de las formas más profundas de la ausencia: seguir teniendo cosas para contarle a alguien que ya no puede escucharlas.Hay un recuerdo que vuelve una y otra vez: me enseñaste a leer. Tal vez entonces no sabías lo que estabas haciendo. Me abriste la puerta de los libros de la historia del conocimiento. Mucho de la persona y del docente que llegué a ser empezó ahí a tu lado aprendiendo las primeras letras. Pasaron tantos años desde entonces. Yo crecí me hice docente enseñé a leer el mundo a tantos otros. Pero antes de todos mis alumnos estuviste vos enseñándome a mí.Nuestra historia no fue perfecta. Nos quisimos nos lastimamos y estuvimos siete años alejados. Hubo palabras que no dijimos y demasiado tiempo que dejamos pasar. Pero no quiero que nuestra historia sea recordada por esos siete años. Porque volvimos. En 2011 nos dimos otra oportunidad. Y tuvimos 15 años para reparar lo que alguna vez habíamos roto.Hoy después de perderte comprendo todavía más lo que significaron esos años. La vida no nos devolvió el tiempo perdido. Nos dio algo quizá más importante: tiempo para encontrarnos de nuevo. Y lo hicimos. Pude conocerte de otra manera. Ya no solamente como mamá sino como Antonia: inteligente curiosa luchadora feminista fanática de Boca y siempre con ganas de aprender algo nuevo. Refrescamos juntos el italiano. Leímos Clarín. Discutimos las noticias. Hasta exploramos la Inteligencia Artificial. Y ahí estabas vos a los 89 años todavía preguntando opinando aprendiendo. Y siempre con tu chispa. Tus mensajes en Instagram. Tus ocurrencias. Tus cremas el colágeno los labiales. Esa coquetería tuya y esas ganas de seguir formando parte del mundo. A los 89 todavía tenías proyectos pequeños para el día siguiente. Y quizás de eso se trate estar vivo: de creer que mañana todavía queda algo por descubrir. El tiempo pudo llevarse muchas cosas pero nunca consiguió quitarte las ganas. Este Día de la Madre no voy a poder llevarte flores. Y me cuesta aceptarlo. Porque durante años las flores fueron una manera sencilla de decir algo que muchas veces no sabía poner en palabras: que eras mi mamá que eras parte de mi vida y que a pesar de todo lo que habíamos atravesado te quería. Por eso hoy te dejo estas palabras.Gracias por enseñarme a leer. Gracias por lo que hiciste bien. Gracias también por haber tenido conmigo el coraje de reparar lo que hicimos mal. Porque hoy puedo mirar hacia atrás sin quedarme atrapado en nuestros siete años de distancia. Puedo mirar nuestros últimos quince. Y eso me da paz. El final de nuestra historia no fue el enojo. No fue la distancia. No fue el silencio. El final de nuestra historia fue habernos recuperado. ¡Y no sabés cuánto agradezco eso ahora! No sé adónde va el amor cuando la persona que amamos ya no está para recibirlo. Quizás se transforma en memoria. En una frase. En una costumbre. En un libro. En una camiseta de Boca. En un poco de italiano. En un labial. En una conversación que uno todavía imagina. En esas cosas pequeñas que de repente contienen una vida entera. Quizás perder a una madre sea también empezar a encontrarla en todas partes.Y hay algo que espero que hayas sabido: estaba orgulloso de vos. De tu inteligencia. De tu fortaleza. De tu curiosidad. De esa mujer de 89 años que todavía quería saber qué estaba pasando en el mundo. Orgulloso de tu chispa. Y profundamente agradecido de que la vida nos haya permitido encontrarnos otra vez antes de despedirnos.Hubiera querido tener un poco más de tiempo. Supongo que un hijo siempre quiere un poco más. Una conversación más. Un café más. Una discusión sobre las noticias. Una palabra en italiano. Un mensaje inesperado en Instagram. Un Día de la Madre más. Pero no pudo ser. Así que este año no voy a llevarte flores.¡Feliz Día de la Madre mamá!. Te quiero. Este año no tengo flores para llevarte. Sólo palabras. Pero fuiste vos quien me enseñó a leerlas.Roberto Peláez / robertopelaez3@yahoo.com.arEL COMENTARIO DEL EDITORPor César DossiLas flores se marchitan las palabras permanecenHay días que llegan a nuestras vidas con una carga especial. Para muchos es un día de encuentros abrazos llamados y flores. Pero para quienes ya no tienen a su mamá la fecha suele transformarse en un espacio donde la memoria ocupa la silla vacía y donde el amor busca nuevos caminos para expresarse. La carta del lector Roberto Peláez conmueve porque habla de una ausencia que seguramente miles de hijos comprenderán. No se trata solamente del primer Día de la Madre sin su mamá se trata de descubrir que el amor no termina con la muerte y que hay vínculos que siguen viviendo aun cuando ya no podemos escuchar la voz de quien amamos. En la semblanza sobre su madre el lector refleja una de las mayores emociones del texto: entender que las madres son mucho más que el rol que ocuparon en nuestras vidas son personas con sueños pasiones inquietudes y una historia propia. Pero hay otro aspecto que vuelve especialmente valiosa esta carta.Roberto no oculta las heridas. Reconoce los años de distancia los silencios y los errores compartidos. Y elige quedarse con algo más grande: la reconciliación. Tal vez por eso este texto quizá pega fuerte en el pecho y anuda la garganta. Porque nos recuerda que nunca es tarde para reparar un vínculo para volver a decir “te quiero” para recuperar conversaciones postergadas. Este Día de la Madre habrá flores sobre muchas mesas. Pero habrá también hijos que sólo tendrán recuerdos fotografías y palabras. Y quizás sean justamente las palabras el homenaje más duradero y ese amor silencioso que se niega a desaparecer. Las flores se marchitan pero las palabras permanecen.

Imagen complementaria de Lectores: “Querida mamá, este día no voy a poder abrazarte, sólo tengo palabras”Imagen complementaria de Lectores: “Querida mamá, este día no voy a poder abrazarte, sólo tengo palabras”Imagen complementaria de Lectores: “Querida mamá, este día no voy a poder abrazarte, sólo tengo palabras”Imagen complementaria de Lectores: “Querida mamá, este día no voy a poder abrazarte, sólo tengo palabras”Imagen complementaria de Lectores: “Querida mamá, este día no voy a poder abrazarte, sólo tengo palabras”
FUENTE ORIGINAL

Noticia de CLARIN. Consultá la publicación original para conocer sus actualizaciones.

Leer en CLARIN ↗