A los 21 años, Dolores Oliverio atraviesa un presente que no imaginaba. Se formó en danza, empezó a buscar oportunidades laborales como bailarina y, casi sin proponérselo, terminó frente a las cámaras como protagonista de La virgen de la tosquera. La película fue elegida para representar a la Argentina en la carrera hacia los Oscar y marcó un punto de inflexión en su recorrido artístico.“Se me abrió una puerta gigante y hermosa”, resumió en diálogo con TN Show al recordar cómo llegó a la actuación, una disciplina en la que no tenía experiencia previa. Detrás de este salto hay una historia de búsqueda, una vocación que nació en la adolescencia y una decisión que generó incertidumbre en su familia.Aunque hoy explora un camino que la entusiasma, la danza sigue siendo parte de su vida. Entre el aprendizaje, las nuevas oportunidades y el desafío de salir de su zona de confort, Dolores empieza a descubrir hasta dónde puede llevarla esta puerta que se abrió casi por casualidad.Dolores contó que de chica no tenía un hobby, hasta que a los 11 años sintió ganas de hacer algo para tener “su otro espacio aparte del colegio”. En esa búsqueda vio un video de alguien bailando y quiso probar: “Fui a la primera clase y me regustó”. Con el tiempo, la danza empezó a ocupar cada vez más espacio en su vida. Hizo una formación de cuatro años en la escuela de Flavio Mendoza y continuó estudiando por fuera de la academia estilos como jazz, contemporáneo y clásico, además de explorar otras disciplinas.Al terminar el colegio, Dolores no tenía dudas: quería dedicarse de lleno a la danza. La decisión, sin embargo, generó incertidumbre en sus padres, ya que no había artistas en la familia. “No les gustó nada. Me decían que considerara ir a la facultad, porque no tenían ninguna referencia. Obviamente fue un shock”, recordó entre risas.Convencida de lo que quería, Dolores hacía sus primeros trabajos y participaba de castings de publicidad vinculados a la danza. En ese proceso, su material quedó en la base de datos de una agencia que dos años más tarde la contactó para una prueba para la película La virgen de la tosquera.Hasta entonces no tenía experiencia formal como actriz. Su formación en danza incluía interpretación, aunque orientada principalmente al cuerpo y al movimiento. Por eso, el rodaje representó un desafío y una oportunidad de aprendizaje.“Tanto la directora como el coach de actores estuvieron superpresentes, incluso desde el proceso de casting, que fue largo y tuvo muchas etapas. Yo tomaba todo eso como una manera de aprender”, aseguró.Respecto a cómo se sucedieron las cosas, reflexionó: “Fueron muchos años de búsqueda y de trabajo. Siento que lo de la película vino un poco de la nada, pero a la vez no”.La repercusión que alcanzó La virgen de la tosquera, seleccionada para representar al país en la carrera por los Oscar, todavía es algo que está procesando. “Estoy aprendiendo a habitarlo. Por momentos lo tomo natural y después me doy cuenta de que no lo es”, reconoció. Y agregó: “Lo tomo con tranquilidad, pero obviamente me emociona y entiendo toda la dimensión que implica”.Ahora se prepara para viajar a Los Ángeles al Argentine Film Festival, donde el viernes 23 de octubre presentarán la película. “Estoy muy emocionada porque se le haya dado ese lugar. Siempre lo hablamos con el equipo, quizás son cosas que no esperábamos al estar haciendo la película, y que la hayan recibido así y todas las cosas que surgieron alrededor son muy hermosas”, expresó. Con nuevas oportunidades laborales en la actuación, Dolores no dejó de bailar. “Mi trabajo se fue más por este otro lado, que la verdad me encanta. La danza me sigue quedando como entrenamiento, tomando clases y bailando con amigos. Me gusta que esté en un lugar más de disfrute, porque se puede volver un poco agotador seguir bailando, buscando trabajo y distintas cosas”, explicó.El cambio también le permitió mirar su recorrido con otra perspectiva. “La danza siento que, personalmente, me costó un poco más que en la actuación, que no fue algo que estaba buscando y se me abrió una puerta gigante y hermosa”, dijo.A punto de cumplir 22 años, Dolores prefiere no proyectar demasiado a largo plazo y concentrarse en los proyectos que le permitan crecer y explorar nuevas herramientas. “No soy una persona a la que le guste mucho imaginarse el futuro porque siempre que lo hice cambió en 180 grados”, aseguró.Por ahora, quiere seguir sumando experiencias y desafíos. “Me gustaría seguir con proyectos que me interesen a nivel profesional, que me permitan usar distintas herramientas y seguir aprendiendo. Me divierte ir subiendo un escaloncito más y no estar en mi zona de confort”, concluyó.
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