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La nueva izquierda argentina: violenta, woke, llena de “infiltrados” y cada vez más parecida a la que destruyó París

El kirchnerismo encontró su excusa para los problemas ajenos. Pero los datos cuentan otra historia: 17 manifestaciones violentas, un partido que marchó con quienes pedían fusilar a Macri y un gobernador que hizo golpismo en televisión.

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El significado de la palabra Infiltrado es el siguiente: “Persona que se introduce de manera encubierta en un grupo, organización o partido político, ocultando su verdadera identidad, sus intenciones o sus lealtades.”Esta es la nueva palabra preferida del kirchnerismo. Cualquier hecho de violencia tiene una explicación lista: fueron infiltrados. Fue la SIDE. Fue Caputo. Fue la cana. Fue el Gobierno.¿Qué ocultan con esto? Que la izquierda y el kirchnerismo se están transformando, lamentablemente, en movimientos políticos cada vez más violentos y antidemocráticos.Pensemos juntos. No quisieron entregarle la banda a Mauricio Macri. Llamaron a tomar la Corte Suprema. Hicieron el primer paro general a Javier Milei a los 45 días de gobierno. Rompieron las instalaciones de radios y canales cuando condenaron a Cristina Kirchner. Y a eso se suman las 17 manifestaciones violentas frente al Congreso en tres años de gobierno de Milei.La pregunta es válida: ¿En serio quieren parecerse a la izquierda europea? ¿A la izquierda que acaba de destrozar París, Marsella, Lyon, Milán, Turín, Bolonia y Bruselas?La barbarie se apoderó de Europa: 1.500 comercios saqueados, vidrieras destrozadas, autos incendiados, contenedores vandalizados, adoquines arrancados, policías heridos, ayuntamientos tomados, viviendas intrusadas y millones de euros en pérdidas. Los responsables fueron militantes de ultraizquierda, militantes del movimiento “Palestina Libre”, grupos anarquistas radicales y grupos “Black Bloc”.No permitamos que la barbarie se apodere de América.¿Qué está pasando en Europa? Cayó abruptamente la natalidad. Hubo un 44% de crecimiento de musulmanes en el Reino Unido en diez años. El crecimiento de la inmigración africana fue explosivo. Y se perdió el control de las fronteras. Y les aseguro que no son infiltrados de la SIDE.Por eso sería importante que acá, en Argentina, podamos entender que la izquierda y el kirchnerismo también se van pareciendo cada vez más a esas izquierdas: violentas, radicalizadas, pro-palestinas, woke, antiliberales y antioccidente.Ya no se trata de Milei o de Macri. Vienen por nuestros valores: la libertad, la democracia, la república, el estado de derecho, la libertad de expresión, la libertad de prensa, la propiedad privada, la igualdad ante la ley, la tolerancia por el otro, la libertad religiosa, la educación laica, la cultura del trabajo, la convivencia pacífica y la libertad sexual.Hay que tener en cuenta, además, que la izquierda en el mundo se está aliando con los regímenes más oscuros de la humanidad.La semana pasada, en el Congreso, reaparecieron con una violencia inusitada. Es impresionante que el peronismo termine marchando con gente que pide fusilar a Macri o que luce la insignia del Partido Comunista.Leer más: La Casa Rosada le restó importancia al pedido de EE.UU. de disolver el comité de la ONU que trata el reclamo por MalvinasHay que ver cómo, lentamente, un partido que supo ser hegemónico, popular, mayoritario, dominante, masivo, transversal y policlasista se fue transformando en algo sectario, violento, elitista, endogámico, arrogante, soberbio y lleno de supuestos iluminados.Axel Kicillof es exactamente un subproducto de esto: sobreideologizado, con lenguaje técnico, marxismo económico, feminismo, progresismo de elite, izquierda de salón, intelectualismo burgués e izquierda posmaterialista. Más preocupados por la agenda de las minorías: el lenguaje inclusivo, sacar el monumento de Colón, decir “todes” en lugar de “todos”, decir “aborigen” en lugar de indios, poner baños sin género. Debates que son más para el Soho de Nueva York que para González Catán.Por eso a Kicillof lo terminan defendiendo los progres en su interna con el otro peronismo. Julia Mengolini, entre otros, lo defiende públicamente.Lo veníamos diciendo y sucedió: Kicillof se transformó en una mezcla de Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta. “Albertizado”, porque no quiere quedar como el nuevo monigote de Cristina y sobreactúa una diferenciación que no es tal. Pero al mismo tiempo está “larretizado”, porque se le nota mucho su obsesión presidencial, lo que genera el efecto “chequera”: todos adentro. Duhalde, Cuneo, Daer, Barrionuevo, D’Elía, Lousteau, Espinoza.Y ahí aparece Fernando Espinoza, intendente de La Matanza, que se plantea como la gran renovación del peronismo. Espinoza lleva 31 años desde su primer cargo partidario y 17 años al frente de La Matanza. Esta es la renovación del peronismo.Para que se entienda mejor: cuando Espinoza llegó a la intendencia de La Matanza, no existía WhatsApp, no existía Uber, no existía Netflix y Messi todavía no había jugado su primer Mundial. Y sin embargo, se presenta como la renovación del justicialismo.Y después está el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, que hizo otra vez “golpismo TV” en vivo y en directo. Seguramente van a decir que no fue Quintela, que fue un infiltrado que se puso la careta de Quintela y fue al programa de Débora Plager.Pero no son infiltrados. O mejor dicho: el peronismo está repleto de infiltrados. Violentos, golpistas, intolerantes, sediciosos, facciosos. Cada vez más parecidos a la izquierda europea que acaba de destrozar París y Milán. Se están pareciendo demasiado a lo peorcito del mundo.Ya cayó Europa. No permitamos que caiga América.

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