Su nombre parece toda una ironía. En Villa Tranquila , Avellaneda , los robos, los tiros y la muerte están a la orden del día. Y en una nueva entrega de Barrios Picantes , Paulo Kablan fue a recorrerla.
Durante años, “Tingui” se dedicó a robar . Estuvo preso y se enfrentó a tiros infinidad de veces. En una de ellas terminó muy mal. Le dieron un escopetazo en la cara y quedó ciego .
Ahora es todo un referente del barrio. Maneja un comedor comunitario y siempre está atento a las necesidades de los vecinos . “Ya hice mucho mal en mi vida. Ahora quiero hacer el bien”, dice.
Yésica perdió a su hijo de 16 años hace un mes. Intentó robarle a un chofer de aplicación, que resultó ser un policía y lo mató de un tiro por la espalda.
“No voy a negar que mi hijo delinquía, pero estaba desarmado y este policía le disparó por la espalda. ¡Quiero justicia!” , grita Yésica.
William recibió varios balazos en distintos enfrentamientos, pero sobrevivió. El que no tuvo la misma suerte fue un vecino que le robó a su madre. “Ella vendía droga y él le robó, así que lo fui a buscar, lo maté de un tiro y lo tiré al Riachuelo” , cuenta.
La venta de drogas es otro de los fantasmas que recorren la villa. Hasta que la descubrió la policía, Belén comercializaba cocaína frente a su casa.
Por eso le dieron una condena de cuatro años de cárcel. Como tiene hijos chicos, le permitieron cumplirla en su casa con una tobillera electrónica .
Claro que no todas son historias así. Raquel es una quiosquera que siempre se ganó la vida a puro trabajo .
Pero nadie se salva en el barrio. A ella la atacaron a tiros y machetazos para quedarse con su casa. Todo para montar un punto de venta de drogas.
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