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INTERNACIONAL / INFOBAE

Cómo las bellotas pueden ser una señal de alerta ante la propagación de la enfermedad de Lyme

Un seguimiento de 35 años en un bosque de Nueva York, en Estados Unidos, vincula las cosechas de robles con la población de ratones de patas blancas, cuyo crecimiento podría anticipar cambios en el riesgo de contagio

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Un seguimiento de 35 años en un bosque de Millbrook, Nueva York, determinó que una cosecha abundante de bellotas puede anticipar hasta dos años un aumento de garrapatas que transmiten la enfermedad de Lyme. La razón: el crecimiento de la población de ratones de patas blancas que las alimenta. Esta enfermedad es una infección causada por bacterias que se transmite a las personas a través de la picadura de garrapatas infectadas. Puede causar fiebre, dolor de cabeza, cansancio y una erupción en la piel, de acuerdo con el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. El estudio se desarrolló desde 1991 en 6 parcelas del Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas y fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. El trabajo, recogido por Earth.com, se concentró en un entorno dominado por robles. Los autores advirtieron que sus hallazgos podrían no reproducirse de la misma forma en todos los bosques o regiones. Los ratones condicionan la cantidad de ninfas al año siguiente Las garrapatas adultas suelen alimentarse y aparearse sobre los venados. Después de alimentarse, cada hembra puede poner más de 1.000 huevos. Por eso, se creía que reducir la cantidad de venados disminuiría la cantidad de estos organismos y, con el tiempo, el riesgo de la enfermedad. Richard Ostfeld, investigador que participó en el seguimiento, señaló que en algunos períodos breves parecía haber una conexión. “Habíamos detectado una débil relación positiva entre los ciervos y la posterior abundancia de ninfas en pequeños subconjuntos de datos, pero el conjunto completo de datos no muestra tal cosa”, afirmó. Los investigadores concluyeron que la cantidad de venados de cola blanca no explicó las variaciones de las garrapatas en fase de ninfa. La abundancia de ciervos cambió más de 6 veces durante el período analizado, sin una relación consistente con esas poblaciones. La fase de ninfa corresponde al estadio intermedio de la garrapata, antes de convertirse en adulta. El CDC compara su tamaño con el de una semilla de amapola. La mayoría de los contagios norteamericanos de Lyme se vincula con picaduras en esa etapa. En cambio, la cantidad de ratones de patas blancas en un verano anticipó el número de ninfas del siguiente. Un año con muchos roedores fue seguido por cerca de un 40% más de garrapatas en fase de ninfa, según los datos reunidos en las 6 parcelas, cada una de un tamaño aproximado al de 4 campos de fútbol. Los roedores favorecen esa cadena porque los arácnidos jóvenes se alimentan de ellos con una frecuencia mucho mayor que de otros mamíferos y aves. Además, estos roedores pueden transmitir la bacteria de Lyme hasta al 93% de las garrapatas jóvenes que los pican, de acuerdo con el relevamiento. Los robles ofrecen una señal con dos años de anticipación Los robles no producen la misma cantidad de bellotas cada temporada: cada 3 a 5 años pueden registrar una cosecha masiva y sincronizada, conocida como “mast”, que deja una gran disponibilidad de alimento para los ratones durante el invierno. Esa fuente de comida impulsa su reproducción en la primavera siguiente. Por esa razón, Ostfeld sostuvo que observar el suelo debajo de los robles puede servir como una referencia anticipada. “Si saben que han tenido una cosecha abundante, con el suelo del bosque y los céspedes bajo los robles cubiertos de bellotas, pueden esperar un año peor que el promedio dos primaveras/veranos después”, explicó. El razonamiento también funciona a la inversa: si en septiembre u octubre hay pocas bellotas bajo los árboles, la primavera y el verano de 2 años después deberían presentar una actividad de garrapatas menor al promedio. El investigador indicó que el mismo patrón asociado a las bellotas fue identificado en Europa. No obstante, la abundancia de roedores no alteró de manera marcada la proporción de ninfas infectadas: entre 15% y 30% de ellas portó la bacteria de Lyme cada año, mientras que entre 30% y 50% llevaba al menos uno de los microorganismos que el equipo monitorea como causantes de enfermedades. La explicación está en que las garrapatas jóvenes también se alimentan de ardillas, musarañas, mofetas, zarigüeyas y ardillas listadas. La mayoría de esos animales transmite mal la bacteria, por lo que importa cómo se distribuyen entre todos los huéspedes disponibles. El calor anual también se asoció con menos garrapatas Los modelos elaborados en el bosque neoyorquino no señalaron al frío intenso del invierno ni al calor fuerte de la primavera como factores determinantes. Las garrapatas parecen refugiarse en el suelo y resistir condiciones extremas. Lo que sí mostró una asociación fue la temperatura acumulada a lo largo del año. Con igual número de ratones, los años más cálidos tuvieron cerca de 45% menos ninfas que los más fríos. El mecanismo de esa diferencia todavía no fue establecido por los investigadores. La última gran cosecha de bellotas se registró en 2019. Durante los 6 años siguientes, la producción fue muy baja y, además, una plaga de polilla esponjosa dejó sin hojas a los robles en 2023 y 2024. En ese período, la cantidad de roedores varió entre niveles moderados y muy bajos. 2 años después de cada cambio en los roedores, la población de garrapatas mostró una variación similar. El especialista planteó que la ausencia de esas cosechas ofrece una oportunidad para estudiar el ecosistema sin el impulso de recursos que sostiene a los roedores. También indicó que las mediciones de 2026 aún no permiten anticipar el resultado de la temporada, porque los datos están en proceso de revisión.

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