¿Para qué guardar algo que hace años no usamos? La pregunta parece sencilla pero desprenderse de ropa muebles libros electrodomésticos y otros objetos que fueron acumulándose en casa no siempre resulta tan fácil. A veces los guardamos “por las dudas” otras porque tienen un valor sentimental y en muchos casos simplemente porque no sabemos qué hacer con ellos.Sin embargo no todo lo que ya no usamos tiene que terminar en la basura: algunas cosas pueden venderse otras pueden donarse y muchas pueden reciclarse o reutilizarse. María Alejandra Pardal especialista en organización de espacios y creadora de "Ale Te Ordena" un servicio de asesoramiento y acompañamiento para ordenar y organizar el hogar lo resume así: “Hay que distinguir entre lo que conservamos por elección y lo que conservamos por culpa miedo o costumbre. Desprendernos no significa negar nuestra historia; significa reconocer que nuestra vida cambia y nuestros espacios también deberían acompañar esos procesos”.Vender: cuando algo que ya no usás todavía tiene valorNo todo lo que dejó de ser útil para una persona perdió su valor: puede encontrar un nuevo dueño y a la vez generar un ingreso para quien decide venderlo. Más allá de las plataformas de compraventa conocidas como Mercado Libre existen también opciones enfocadas en darle una segunda vida a los objetos que ya no usamos. Una de ellas es Salame una app novedosa que conecta a personas que quieren vender o comprar productos de segunda mano. Lanzada en agosto y ya con más de 30.000 usuarios registrados fue creada por la pareja de emprendedores formada por la argentina Florencia Montesissa y el español Evan Bruguera.“Promovemos que los usuarios publiquen objetos que estén en condiciones de ser usados por otra persona. El mercado de segunda mano funciona bien cuando hay confianza. Por eso insistimos mucho en publicar con transparencia. No se trata de vender cualquier cosa: se trata de circular mejor” explica Montesissa. Y agrega: “Comprar usado ya no se asocia solamente a necesidad. Cada vez más personas lo ven como una decisión inteligente práctica y sustentable. En Europa esto está muy instalado. La pregunta no es solo cuánto vale un objeto sino cuánto sentido tiene que siga quieto si puede ser útil para otra persona. Y ahí Salame empuja esa idea: si ya no lo usás no seas salame ponelo a circular”.Donar: una alternativa para lo que todavía puede servirOtra manera de darle una segunda vida a aquello que ya no se usa es donarlo a una organización que pueda hacerlo llegar a otras personas o destinarlo a la venta con fines solidarios. Una de las opciones es el Ejército de Salvación que cuenta con establecimientos de venta de artículos de segunda mano. En Buenos Aires por ejemplo tiene un local en Av. Sáenz 580 donde se comercializan muebles y otros objetos usados. Si los objetos son voluminosos o resulta difícil trasladarlos el Ejército de Salvación también ofrece la posibilidad de coordinar el retiro de las donaciones a domicilio. Para hacerlo se puede llamar al 0810-222-DONÁ (3662) donde el Centro de Atención al Donante coordina con la persona el día y horario del retiro. La disponibilidad del servicio puede depender de la zona y de las condiciones de los artículos por lo que conviene consultar previamente.Reciclar: cuando ya no hay una segunda vidaCuando un objeto ya no está en condiciones de ser vendido o donado reciclar es una buena alternativa. En CABA hay Puntos Verdes donde se reciben materiales como papel cartón plástico y metal. Funcionan de miércoles a viernes de 14 a 19 y sábados y domingos de 12 a 17. Fuera de ese horario los reciclables pueden depositarse en las bocas de recepción que funcionan las 24 horas.Para encontrar el Punto Verde más cercano se puede consultar el mapa oficial de la Ciudad de Buenos Aires que permite localizar los distintos puntos de recepción y conocer qué materiales recibe cada uno además de sus horarios de atención. De esta manera antes de descartar un objeto es posible averiguar si existe un lugar cercano donde sus materiales puedan ser recuperados y volver al circuito productivo.Desprenderse entonces no implica deshacerse de los recuerdos ni negar aquello que alguna vez fue importante sino revisar qué lugar ocupa cada cosa en el presente. “Podemos agradecer un regalo y decidir no conservarlo. Podemos amar a una persona sin guardar todo lo que nos dio. Podemos recordar una etapa de nuestra vida sin conservar absolutamente todo lo que pertenece a ella" plantea Pardal.Y agrega: "En lugar de preguntarnos solamente ‘¿cuánto me costó?’ o ‘¿quién me lo regaló?’ podemos preguntarnos: ‘¿Qué lugar ocupa hoy en mi vida y qué espacio estoy dispuesto a seguir destinándole?’”. A veces hacer lugar también significa reconocer que no todo lo que alguna vez tuvo un significado necesita seguir ocupando un espacio en nuestra casa.LN








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